Zona arqueológica de Ichkabal Investigadores del INAH revisan la monumentalidad del sitio con rasgos de estilo Petén, que albergó hasta cien mil habitantes. Foto: Cortesía INAH

La parte central de la zona arqueológica de Ichkabal (traducida como lugar entre bajos), en Quintana Roo, será abierta al público en mayo de 2024, luego de que los arqueólogos del INAH exploren y estudien los seis edificios principales del sitio “para exponer lo monumental de este espacio arqueológico”, informó a Excélsior Margarito Molina, titular del Centro INAH Quintana Roo.

El sitio se ubica a 30 kilómetros de la laguna de Bacalar y hasta el momento sólo ha sido explorado en tres ocasiones por investigadores como Enrique Nalda y Sandra Balanzario, quien ha sugerido que este sitio sería el origen de la dinastía Kaanu’l (el lugar de serpientes).

En Quintana Roo hay 454 sitios arqueológicos registrados, destacó Molina (como Tulum, Chakanbakán, Dzibanché y Cobá, entre otros), “pero sólo tenemos abiertos al público 13, aunque Ichkabal fue ubicado por los arqueólogos Javier López y Luz Campaña, en 1995, pero aún es un sitio cerrado al público”.

De momento, su único acceso es un camino selvático y de terracería que carece de infraestructura (sanitarios, taquilla, senderos, campamento para arqueólogos y certeza jurídica de los terrenos), por lo cual el INAH alista un plan de adquisición de tierras ejidales, dado que la poligonal alcanza 108 hectáreas.

“El sitio tiene mucha importancia por su monumentalidad, ya que su polígono de protección es amplio e incluye pequeños asentamientos conocidos como Las Moras, El Puerco y Las Higueras”, detalló Molina.

Sin embargo, “la zona central (antes conocida como Lagunita), tiene edificios monumentales de hasta 46 metros de altura y, según los arqueólogos, datan del preclásico terminal y otros son del clásico temprano, es decir, del 50 al 58 a.C. y del 250 al 600 d.C.”, señaló.

Además, estos edificios prehispánicos tienen un estilo arquitectónico particular llamado petenero, abundó Molina, es decir, del estilo Petén de la parte norte de Guatemala y del sur de Campeche y Quintana Roo.

Así que los trabajos se concentrarán en este grupo principal, que se compone de una plaza con ocho estructuras, una de ellas muy alargada, que en la parte superior tiene cinco pequeños templos, y el resto son edificios de grandes dimensiones que pudieron ser espacios ceremoniales o administrativos.

¿En qué fase del proyecto se encuentran?, se le preguntó a Molina. “No es la primera intervención que se hace, pero estamos por iniciar fuertemente la investigación arqueológica con el Programa de Mejoramiento de Zonas Arqueológicas (Promeza) para trabajar intensamente durante 17 meses y mostrar al público los monumentos en abril o mayo de 2024”.

¿Cómo ubicar la dimensión del sitio? “Los asentamientos mayas que conoces como Uxmal, Chichén Itzá, Tikal, Calakmul y Palenque fueron pequeñas ciudades estado que tenían sus propios gobernantes. Evidentemente, entre éstas se compartió una misma cultura, lenguaje, creencia y ritualidad, que era común para todos los mayas peninsulares, aunque eran estados independientes.

“Seguramente así lo fue Ichkabal, que tenía su jerarquía, su clase sacerdotal, sus guerreros, sus artesanos y agricultores que vivían en edificios periféricos, en construcciones de estructura perenne, de techo de paja, de guano, de palma, que casi desaparecieron”, describió.

Aunque la dimensión exacta del asentamiento se conocerá al concluir la investigación.

“Y a partir de eso, se hará un estimado de cuánta población habitaba allí, aunque seguramente alcanzó los 100 mil habitantes, ya que fue un sitio muy importante”, añadió.

¿Qué materiales han ubicado en sus exploraciones? “Se ha rescatado cerámica (tepalcates) y se han localizado seis mascarones monumentales en el sitio, cuatro en un edificio y dos en otro, pero algunos estaban completamente deteriorados, con el estuco desprendido. “Por ahora están cubiertos y no se ha ubicado tampoco algún entierro, pero de lo que sí hay evidencia es que los edificios estuvieron cubiertos de estuco y seguramente en su mejor momento estuvieron coloreados”.

Finalmente, comentó que hasta el momento tampoco han hallado evidencia de escritura en el sitio, “pero eso lo sabremos con el trabajo de campo, al hallar alguna estela, porque generalmente algunos sitios tenían estelas con información”.

ALISTAN SU APERTURA

El sitio se ubica a 30 kilómetros de la laguna de Bacalar.
Ha sido investigado en tres ocasiones por investigadores como Sandra Balanzario.
En 2017 se realizó un sondeo con escáner LIDAR para revisar sus dimensiones.
Durante 17 meses, el INAH explorará el sitio y realizará trabajos de infraestructura para la visita pública.
Los mayas y su conexión

Ichkabal tenía conexión con la ciudad maya de Dzibanché, a través de un sacbé (camino blanco), y aunque la temporalidad de ambos sitios es distinta, eso no significa que los habitantes no hubieran convivido, comentó Margarito Molina.

“Seguramente, este sitio tuvo relaciones económicas y políticas con otros del norte de Belice, del Petén guatemalteco, o con Calakmul, en Campeche, o Chakanbakán, en Quintana Roo”, dijo, y se sabe que Chakanbakán e Ichkabal se desarrollaron en la misma época.

“Sí hay una temporalidad y una cronología, pero ahorita sería especular al hablar sobre cómo se llamaban sus gobernantes, tal como ya se tienen en otros sitios. Aquí aún no tenemos esa información epigráfica que nos permitan hablar de la historia”.

Por ejemplo, Sandra Balanzario encontró que en Dzibanché y Kinichná gobernó la dinastía de los Kaanu’l, que hoy es un apellido muy vigente entre los habitantes de Yucatán.

“También se habla de una dinastía Kaanu’l en Dzibanché y seguramente en Ichkabal también hubo gobernantes con un linaje, pero aún no hay información completa en este sitio”, concluyó.