Claudia Pavlovich, exgobernadora de Sonora, y Andrés Manuel López Obrador, presidente de México, en octubre de 2020. PRESIDENCIA

Claudia Pavlovich ha sido echada de las filas del Partido Revolucionario Institucional (PRI). Así lo ha anunciado la Comisión de Justicia Partidaria de la formación tricolor después de que la exgobernadora de Sonora aceptara un nombramiento como cónsul de México en Barcelona. La expulsión manda una advertencia a otros militantes de alto perfil que han sonado para ocupar cargos diplomáticos en el Gobierno de Andrés Manuel López Obrador, sobre todo a la luz de los catastróficos resultados en la elección de junio pasado y la lucha abierta que libra la dirigencia de Alejandro Moreno contra Morena, el partido del presidente. En medio de la peor crisis en la historia del PRI, Alito ha optado por una política de mano dura para sus principales cuadros: cualquier sospecha de deslealtad y de indisciplina puede ser castigada con la salida del partido.

El comunicado sobre la expulsión de Pavlovich no menciona explícitamente los motivos, pero el mensaje entre líneas es claro. Pavlovich dejó el Gobierno de Sonora en septiembre de 2021 y brincó al consulado de Barcelona apenas tres meses más tarde, a principios de este año, tras hacer buenas migas con López Obrador. “Conté con el apoyo de la gobernadora y fue respetuosa con el Gobierno federal, no tuvimos ninguna diferencia”, dijo el presidente en febrero para justificar su nombramiento. Fue un caso similar al de Quirino Ordaz, exgobernador priista de Sinaloa, que fue designado como embajador en España y que en marzo fue expulsado del PRI por “indisciplina grave”.

Tanto en Sonora como en Sinaloa, el PRI perdió las últimas elecciones y tuvo que entregar el poder a Morena, que se ha afianzado por mucho como la principal fuerza política del país, en parte por el arrastre electoral del presidente y por el declive de los partidos de oposición. Para la cúpula priista no se trató solo de una derrota en las urnas y se extendió la sospecha de que la estructura estatal y los liderazgos regionales operaron y ayudaron abiertamente para que ganaran los candidatos morenistas. La película se repitió en las votaciones del 5 de junio, en las que el PRI cedió al partido del presidente bastiones históricos como Oaxaca e Hidalgo. Casi en automático después de que se conocieron los resultados, los pasillos políticos se llenaron con el rumor de que los gobernadores salientes del PRI estaban en la baraja para ocupar cargos en el extranjero como premio por dar vía libre a Morena.

Alejandro Murat, que dejará de ser gobernador de Oaxaca este año, tuvo que salir hace dos semanas a decir que no aspiraba a ser embajador. “Yo voy a ser precandidato [a la presidencia]”, dijo el político priista. “¿De qué color? Pues tricolor”, agregó. Murat había sido criticado por participar en mayo pasado en un viaje a la refinería de Dos Bocas, uno de los proyectos prioritarios de la Administración de López Obrador. A la gira también acudieron Claudia Sheinbaum, jefa de Gobierno de Ciudad de México y una de las principales a la candidatura presidencial de Morena en 2024; Layda Sansores, gobernadora de Campeche y némesis política de Alito Moreno, y la secretaria de Energía, Rocío Nahle. Todos posaron sonrientes para una fotografía. “¿Qué sigue Alejandro? ¿Entregar el Gobierno, después la Embajada o simplemente que vivas en total impunidad?”, espetó Mariana Gómez del Campo, diputada del Partido Acción Nacional (PAN). El PRI y el PAN, rivales históricos, han formado un bloque opositor para competir contra el tsunami electoral de Morena, pero la desconfianza ha hecho mella en la alianza.

“Hasta este momento no he recibido ninguna invitación y yo tengo lealtad a mi partido”, dijo el aún gobernador de Hidalgo, Omar Fayad, unos días después de las elecciones. El PRI perdió por primera vez en ese Estado luego de más de 90 años ininterrumpidos en el poder. Quien sí aceptó fue Miguel Aysa, ex gobernador priista de Campeche, y ahora embajador en República Dominicana. Además, dos de los cuatro candidatos morenistas que fueron electos como gobernadores a principios de mes tienen un pasado priista que se remonta a varias décadas: Julio Menchaca, de Hidalgo, y Américo Villarreal, de Tamaulipas.

Moreno ha visto cómo su liderazgo dentro del PRI se ha tambaleado, cuestionado por los pobres resultados electorales y una serie de filtraciones de audios sobre presuntos actos de corrupción. Nueve expresidentes del partido pidieron su salida para resucitar a la formación, que gobernó México durante más de siete décadas. Alito dijo que no iba a dar un paso al costado. Este jueves la vieja guardia priista ha vuelto a la carga y ha solicitado una nueva reunión tras expresar su “genuina preocupación” por el rumbo que ha tomado el PRI y pedir una renovación urgente en los mandos de la agrupación. En medio de las fisuras y las grietas que se han evidenciado, el otrora partido dominante enfrenta momentos decisivos y una batalla interna por su propia supervivencia.

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