Los osos polares de la nueva población descubierta en el sureste de Groenlandia son los más diferenciados genéticamente del resto de poblaciones del Ártico. KRISTIN LAIDRE/UNIVERSIDAD DE WASHINGTON

La imagen de un oso encaramado a un solitario trozo de hielo en mitad de un mar en deshielo ha sido, durante décadas, el símbolo de los impactos del cambio climático en la vida animal. Ahora, acaban de descubrir una población de osos polares que lleva siglos viviendo en las condiciones que tendrá el Ártico a finales de siglo, cuando algunos modelos vaticinan que estos úrsidos se asomarán al precipicio de la extinción. Son genéticamente distintos, tienen otros patrones de caza y apenas se alejan de su fiordo base. ¿Les garantiza esto la supervivencia? Quizá no, pero sí vivirán cuando sus congéneres se hayan extinguido.

En la región ártica quedan unos 25.000 osos polares. Se agrupan en 19 subpoblaciones que ocupan espacios tan distantes como Alaska, Groenlandia o la isla de Svalbard. Pero todos dependen del hielo marino. Es aquí donde sus dos principales fuente de proteínas, las focas anilladas o las barbudas, hacen sus agujeros para respirar, descansan y tienen a sus crías. Son los momentos que aprovechan los osos para cazarlas. Pero desde hace cuatro décadas, hay menos hielo en el Ártico: su extensión es cada vez menor en los meses fríos y se retira cada vez más en los de verano. Eso obliga a los osos polares a arriesgadas travesías a nado siguiendo la línea del hielo o buscar fortuna en tierra. La situación es tan extrema que ha llevado a muchos ejemplares a cambiar focas por huevos. Ahora han descubierto la vigésima subpoblación y es la primera que no depende del hielo marino para sobrevivir.

En 2014, investigadores de varios países iniciaron una investigación en el sureste de Groenlandia. Sabían, por avistamientos y testimonios de cazadores locales, que había osos polares, pero desconocían cuántos eran, sus desplazamientos o sus patrones de caza. Desde entonces han avistado a unos trescientos y han puesto dispositivos de seguimiento a una treintena de ellos. En paralelo, con la ayuda de los lugareños, que pueden cazarlos por subsistencia, recogieron tejidos de casi 400 ejemplares obtenidos desde 1983 para su análisis. Los resultados del seguimiento y el estudio genético han sido toda una sorpresa.

Las conclusiones del trabajo, publicado en Science, muestran que estos osos son genéticamente diferentes al resto de poblaciones, por lo que sus autores defienden que la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza los catalogue como la subpoblación número 20. La principal autora del estudio, Kristin Laidre, científica polar de la Universidad de Washington, dice que la diferenciación genética se debe al aislamiento: “Son los osos más al sur del área de distribución del oso polar y están geográficamente aislados de los otros, por lo que no interactúan muy a menudo ni se cruzan con los de otras subpoblaciones”.

La geografía de la zona es clave en el aislamiento. Ocupando una extensión de unos 700.000 kilómetros cuadrados y una línea de costa de 3.200 kilómetros, se trata de un área de fiordos que se adentran hasta 1.000 metros en la tierra donde acaban centenares de glaciares rodeados por montañas. Con una altura media del hielo que cubre la isla de 2.135 metros, los osos no pueden ir tierra adentro. Hacia el oeste está el mar, uno en el que coinciden tres fuertes corrientes marinas que participan en el trasiego de agua del Ártico al Atlántico y al revés y que hacen muy peligrosa su travesía. Al norte, una imponente cordillera les corta el paso. Podrían llegar al lado oeste de la isla yendo por el sur, pero allí se concentran los pocos humanos que viven en Groenlandia. Y los osos han aprendido que no es buena idea acercarse a estos seres y sus armas.

La telemetría de los dispositivos de seguimiento confirma este aislamiento y la escasez de relaciones con los osos del norte. También muestra que son prácticamente sedentarios. Mientras sus congéneres del norte de Groenlandia se mueven una media de 40 kilómetros cada cuatro días y recorren hasta 1.500 kilómetros al año, esta nueva población no se desplaza más de 10 Km en cuatro días. De hecho, muchos animales no abandonan su fiordo durante años. Los investigadores detectaron que la mitad de las osas anilladas habían sido arrastradas por la corriente hasta 120 millas náuticas de su base y todas acababan volviendo su territorio.

Lo que extrañó a los científicos es que esta zona de Groenlandia parece la menos adecuada para que vivan los osos polares. No hay hielo marino durante la mayor parte del año, unos 250 días. Eso supone hasta doblar los 100 a 180 días que los osos sobreviven al ayuno estacional. ¿Cómo viven entonces? La observación directa confirmó a los científicos que hay focas anilladas en la zona. Lo que también vieron es que las cazan cuando descansan sobre las finas placas de hielo de agua dulce que se desprenden de los glaciares. Son inestables, muy cuarteadas, pero es lo que hay la mayor parte del año y los úrsidos han adaptado su forma de cazar a este frágil escenario.

“Las condiciones del hielo en el sureste de Groenlandia de hoy se parecen a las que han predicho para el nordeste para finales de siglo”, dice Laidre. Para entonces, en esta enorme isla y en casi toda la región ártica, se prevé una retirada muy acusada del hielo, que solo se mantendría en torno al polo norte en los meses de verano. “En cierto sentido, estos osos dan una idea de cómo les puede ir a los osos de Groenlandia en los escenarios climáticos futuros”, concluye la investigadora en una nota de su universidad.

Para los autores del estudio, esta zona podría funcionar como un refugio climático. Pero, ¿bastará para salvar a la especie? Expertos ajenos a esta investigación, lo dudan. Es el caso de Anthony Pagano, biólogo del Servicio Geológico de Estados Unidos, una agencia científica del gobierno estadounidense. Pagano trabaja sobre el terreno en Alaska, estudiando las poblaciones locales de osos polares. En 2018, publicaba una investigación que mostraba que, con el deshielo en curso, estos animales están viviendo de prestado, por encima de las posibilidades que les ofrecen las cada vez menos habituales presas. No, no es que las focas se estén extinguiendo, es que no hay hielo.

“Las focas asociadas al hielo, como las anilladas y barbudas, pueden permanecer en aguas abiertas cuando no hay hielo marino presente”, explica Pagano en un correo. “Los osos polares son capaces de nadar, pero no están adaptados para permanecer exclusivamente en aguas abiertas. Su morfología es similar a la de otros mamíferos terrestres. Además, ha habido pocas observaciones de osos polares atrapando focas en aguas abiertas. Por lo tanto, sin el hielo marino, no pueden cazar ni comerse a su principal presa”, añade.

En cuanto a si la población descubierta ahora podría servir de modelo adaptativo para otras poblaciones, Pagano lo pone muy en duda. “Como menciona la investigación, este tipo de hábitat de glaciares son escasos en el Ártico, a excepción de algunas zonas de Groenlandia y Svalbard. Así que, dichas áreas pueden servir como posible refugio, pero tales hábitats no estarían disponibles para la mayoría de los osos polares distribuidos por todo el Ártico”, sostiene Pagano.

La misma opinión mantiene Steven C. Amstrup, responsable científico de la organización conservacionista Polar Bears International. “Este nuevo artículo que aparece en Science documenta un pequeño grupo de osos polares que han podido sobrevivir en un área donde la disminución del hielo marino ya ha sido lo suficientemente grande como para evitar que pudieran persistir en la región. Esta aparente excepción es posible debido a la extensa red de fiordos y glaciares que albergan una melange glacial (agua dulce que se derrite de los glaciares de marea y forma una capa de hielo en la superficie marina)”, comenta Amstrup. El agua dulce se congela a mayor temperatura que la salada, por lo que, “incluso cuando las condiciones allí no permiten que persista el hielo marino, pueden mantener una capa de hielo que sirve a los osos polares para continuar cazando las focas que viven bajo ese hielo”, añade el científico estadounidense.

Pero Amstrup enseguida destaca: “Esto no es, por lo tanto, un nuevo comportamiento o adaptación de los osos, continúan cazando focas marinas desde una superficie de hielo. Sucede que el único hielo que queda en esta área es en gran parte agua dulce. Puede haber algunas otras áreas como esta en otras partes del Ártico, pero en el esquema general de las cosas, tales hábitats son escasos y solo podrían albergar a unos pocos osos”.

Hay un último detalle que destacan tanto Laidre, por parte de los autores del descubrimiento, como los dos expertos ajenos: el hielo de los glaciares también se está retirando tierra adentro. Como sentencia Amstrup, “en última instancia, este hábitat se derretirá y desaparecerá al igual que el hielo marino”. Y con el deshielo, también los osos recién descubiertos estarán condenados si no se reducen las emisiones que calientan el Ártico. Amstrup recuerda haberlo dicho en una entrevista hace años: “A medida que se va el hielo marino, también se va el oso polar”. Ese hecho, añade ahora, “no ha cambiado, y si permitimos que el hielo desaparezca, los osos polares desaparecerán con él”.

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