Feligreses católicos oran en el Conjunto Conventual Franciscano el Monasterio y Catedral Nuestra Señora de la Asunción, en el Estado de Tlaxcala.HILDA RÍOS / EFE
De Tlaxcala para el mundo. El Estado más pequeño de México acaba de inscribir en la lista de patrimonio de la Unesco el conjunto franciscano del monasterio y la catedral de Nuestra Señora de la Asunción de Tlaxcala. Un convento muy especial considerado un vestigio en perfecto estado de conservación de las construcciones que se levantaron después de la Conquista de Tenochtitlan.

Construido a partir de 1527, el convento de la Asunción forma parte de un conjunto de 15 monasterios en las laderas del volcán Popocatépetl que fueron levantados por monjes franciscanos, dominicos y agustinos en la primera etapa de la llegada de los españoles. Aliados de los tlaxcaltecas, los colonizadores encontraron facilidades para levantar este tipo de edificaciones con la venia de los pueblos originarios. El convento de la Asunción es la primera edificación de la región de estilo renacentista construida con mano de obra indígena, por lo que los expertos consultados lo consideran la semilla del arte novohispano o virreinal que en años posteriores dejó exponentes como la majestuosa iglesia de Huejotzingo, en Puebla. “Se fueron creando conventos a partir de donde existían poblaciones o señoríos para llevar a cabo el proceso de evangelización y que sirvieran también para abastecer de alimentos en una ruta estratégica hacia el norte”, explica Luz de Lourdes Herbert, directora de Patrimonio Mundial del Instituto Nacional de Arqueología e Historia (INAH).

“De la primera relación de los evangelizadores con los pueblos originarios surge un arte muy particular y una empresa de fábrica constructiva fundamental para el resto de construcciones de la región de Puebla- Tlaxcala”, señala el subdirector de Patrimonio Mundial del INAH, Francisco Vidargas.

La red de monasterios fue reconocida en 1994 por la UNESCO y faltaba que el convento de la Asunción, actual catedral de Tlaxcala, se sumara a la lista. Estas construcciones sirvieron de modelo para el diseño de otros monasterios e iglesias de la Nueva España que consolidaron no solo la conquista militar de lo que hoy es México, sino la conquista espiritual de los pueblos originarios.

La evangelización y construcción de estos conventos detonó el desarrollo de nuevas profesiones que formaron nuevos artesanos. “Los pueblos indígenas fueron instruidos en carpintería, escultura, dorado, orfebrería, bordado y herrería que se llevó a otros conventos”, señala Vidargas. “Eso convirtió a los monasterios del siglo XVI en uno de los grandes aportes artísticos y arquitectónicos más originales del arte iberoamericano”, agrega Luz de Lourdes Herbert.

El conjunto arquitectónico de la Asunción destaca por ser un convento raro en muchos sentidos. Mientras que el resto se construyeron en terreno llano, este edificio fue edificado sobre una colina y es por ello que las huertas de los monjes quedaban en un plano más elevado que el atrio principal. Un atrio abierto, sin muros, que conforma un espacio donde se mezclaba la vida pública y la religiosa que acercaban los nuevos ritos religiosos a las tradiciones originarias. “Los indígenas no tenían la costumbre de estar dentro de los espacios techados y las labores de evangelización se realizaron en este espacio de los atrios y la capilla abierta”, explica Herbert.

La iglesia se encuentra situada sobre una plataforma con dos escalinatas por las que se accede al templo y que recuerdan al basamento de los antiguos templos mexicas. Aunque el convento no fue construido sobre ningún centro ceremonial o sagrado, sí está situado cerca de un manantial sagrado para los antiguos tlaxcaltecas “hay elementos prehispánicos en los muros y el basamento que nos dan cuenta no de que hubiera templos, sino de la mano de obra indígena”, señala Vidargas. La doctora González coincide en que en la fachada y los muros pueden verse piedras esculpidas por artesanos indígenas que fueron recicladas después de varios derrumbes de algunas partes del convento.

Otro elemento extraordinario que tiene el conjunto es una torre exenta, es decir, construida en el siglo XVI de manera independiente al resto del edificio y de la que solo existen en México 31 campanarios similares. La del templo de la Asunción es la primera que se construyó en México. Luz de Lourdes Herbert destaca el alfarje único que resguarda la techumbre del templo. Un artesonado mudéjar con motivos de lacerías en madera de cedro blanco, considerado de los más importante de Latinoamérica y que data del siglo XVII, aproximadamente.

Tlaxcala, la primera ciudad reticular de la Nueva España, trazada sobre un plano de cuadrícula, es un ejemplo de modelo arquitectónico que dio solución al nuevo contexto social y cultural de la época. El convento de la Asunción extendió su infliencia en el desarrollo urbanístico de los monasterios hasta el siglo XVIII, centros de la vida religiosa, social y cultural

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