Un mensaje del FBI recibe a quien intenta acceder a la página de PressTV, la cadena de televisión iraní en inglés. “El Gobierno de Estados Unidos se ha incautado del dominio presstv.com, de acuerdo con una orden emitida al respecto”, informa el texto. En total, el Departamento de Justicia estadounidense ha confiscado 36 sitios webs vinculadas a grupos iraníes por “distribuir desinformación” y operar sin licencia. Varias de ellas vuelven a estar activas desde direcciones electrónicas alternativas.

Entre los afectados se encuentran, además de la citada PressTV, el canal iraní en árabe Al Alam y la televisión del movimiento Huthi de Yemen Al Masirah. Las páginas fueron quedando sin acceso a lo largo del martes. Al final del día, el Departamento de Justicia informó de que se había incautado de 33 sitios gestionados por la iraní Unión Islámica de Radio y Televisión Islámica (IRVTU) y otros tres operados por Kataeb Hezbolá (KH), una milicia proiraní de Irak que EE UU ha designado organización terrorista.

De acuerdo con la nota de Justicia, todas las páginas decomisadas son propiedad de empresas estadounidenses, pero IRVTU y KH tenían que haber sacado las correspondientes licencias para operar en EE UU, cosa que no habían hecho. El Gobierno iraní no hizo comentarios, pero desde los medios se acusó a Washington de censura. “¿Es este otro ejemplo de libertad de prensa en que si a DC no le gusta lo que dices, se incauta de tu dominio?”, tuiteó la presentadora de PressTV Marzieh Hashemí.

No es la primera vez que EE UU cierra páginas web iraníes. El pasado octubre, el Departamento del Tesoro impuso sanciones contra IRTVU por ser propiedad o estar controlados por la Guardia Revolucionaria (también designada organización terrorista) y por intentar influir en las elecciones presidenciales estadounidenses de 2020. Entonces, 92 sitios corrieron la misma suerte y fueron acusados de difundir desinformación política.

Pero en esta ocasión la medida se produce cuando ambos países parecen estar en la recta final para reactivar el acuerdo nuclear de 2015 (paralizado desde que la Administración de Donald Trump lo abandonó tres años después). Aunque seguramente se trata de la conclusión de un proceso iniciado tiempo atrás, el hecho de que se haya producido apenas cuatro días después de la elección del ultraconservador Ebrahim Raisí como nuevo presidente envía un mensaje de firmeza.

Batería antimisiles
Sin embargo, la partida de ajedrez que iraníes y estadounidenses están jugando resulta algo más complicada. Al mismo tiempo, y de una forma menos publicitada, EE UU está retirando algunas de sus baterías antimisiles (Patriot y Thaad) de varios países árabes del golfo Pérsico y reduciendo el tamaño de sus escuadrones de combate desplegados en la región, según adelantó el diario económico The Wall Street Journal el pasado fin de semana.

La medida, que afecta a sistemas desplegados en Arabia Saudí, Irak, Kuwait y Jordania, responde tanto a un realineamiento de fuerzas frente a China como a la convicción de que el riesgo de guerra con Irán se ha reducido desde que la Administración de Biden ha optado por negociar frente a las amenazas y la política de máxima presión de su predecesor. Se trata de un asunto delicado cuando Washington aspira también a limitar el programa de misiles balísticos iraní.

“Ahora la Casa Blanca cree que Irán solo disparó misiles contra objetivos de Estados Unidos y Arabia Saudí debido a las amenazas estadounidenses de reducir a cero las exportaciones de petróleo iraní y el asesinato por EE UU del general iraní Qasem Soleimani”, interpreta Mike Knights, analista de seguridad del centro de estudios The Washington Institute. “El equipo de Biden considera que han rebajado la tensión”, añade en un intercambio de mensajes con EL PAÍS.

La decisión ha causado preocupación entre los aliados árabes de EE UU, en especial en Arabia Saudí, que este año ya ha sido objeto de un centenar de ataques con misiles y drones por parte de los rebeldes Huthi de Yemen. No obstante, el Reino del Desierto ha mejorado sus capacidades defensivas y algunos observadores consideran que, más allá de su valor simbólico, la retirada no impacta en la protección de los países afectados, ya que los antimisiles no se disparan contra los pequeños cohetes o drones que utilizan tanto los Huthi como las milicias proiraníes de Irak en la mayoría de los casos.

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