La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, y el presidente del Consejo de la UE, Charles Michel, flanquean al presidente de EE UU, Joe Biden, en la sede del Consejo en Bruselas el 15 de junio de 2021.OLIVIER HOSLET / EFE

Estados Unidos y la Unión Europea han anunciado este martes un acuerdo para poner fin a su larga disputa en torno a los subsidios de los fabricantes de aeronaves Airbus y Boeing, el primer pacto de calado que marca negro sobre blanco la apertura de una nueva etapa más allá de las buenas palabras. Las partes han consensuado dejar en suspenso durante cinco años los aranceles que se habían cruzado como consecuencia de este conflicto, por un valor de 10.300 millones. Entre estos, están los que penalizaban las ventas a EE UU de productos españoles como el vino o el aceite de oliva.

El acuerdo, fraguado en el marco de la primera cumbre bilateral entre el presidente Joe Biden, con el presidente del Consejo Europeo, Charles Michel, y la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, muestra el cambio de rumbo de Washington, que apuesta por suavizar su frente comercial con los socios al otro lado del Atlántico con el fin de hacer un frente común ante la competencia desleal del régimen autoritario chino.

“América está de vuelta, quizá nunca nos fuimos del todo”, señalaba Biden ante la prensa momentos antes de empezar la cumbre. El estadounidense ha destacado la buena sintonía con la OTAN y la UE, marcando distancia con el anterior presidente de Estados Unidos, Donald Trump, de forma explícita. “Tengo una visión muy diferente de mi predecesor”, ha asegurado Biden. “Los últimos cuatro años no han sido fáciles”, le ha respondido la jefa del Ejecutivo comunitario.

La embajadora Katherine Tai, alta representante de Estados Unidos para el comercio, explicó en una llamada a la prensa que este tipo de pacto representa “el modelo” que Estados Unidos usará “en otros retos que plantea China y otras competencias que no siguen el [modelo] de [libre] mercado”. Los gravámenes ya se habían quedado congelados durante cuatro meses el pasado marzo, una primera indicación de cambio de ciclo con el demócrata en la Casa Blanca, mientras las partes negociaban.

La disputa de la industria aeronáutica comenzó en 2004 con una serie de denuncias cruzadas por los subsidios otorgados por ambos bloques a sus principales fabricantes de aviones. Washington se apeó de un pacto de ayudas para el sector y demandó a la UE ante la Organización Mundial del Comercio (OMC) alegando que Airbus había recibido subsidios de los Gobiernos europeos. La UE respondió con una denuncia a los incentivos fiscales para Boeing por parte de EE UU. La Organización Mundial del Comercio (OMC) las declaró ilegales en ambos casos, de modo que en 2019 dio luz verde a la Administración estadounidense para aplicar represalias sobre productos de la UE por valor de 6.900 millones de euros y en 2020 permitió que los Veintisiete aprobasen su propia ronda por valor de 3.400 millones sobre las ventas estadounidenses.

La cumbre bilateral de la UE y EE UU de este martes es el primer intento para enterrar el hacha de guerra comercial que Donald Trump blandió durante cuatro años. La cita llega apenas seis meses después de que Joe Biden tomara el relevo de la presidencia estadounidense y marca el inicio de un mejor entendimiento entre Bruselas y Washington, aunque lejos del sueño de un gran acuerdo transatlántico de libre comercio como el que se negoció con la administración Obama y que nunca llegó a buen puerto. Ambas partes se conforman ahora con pactos sectoriales, sobre todo en el área de estándares tecnológicos para marcar el terreno a China.

La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, se había mostrado poco antes de la reunión “muy convencida” de que la disputa comercial sobre los subsidios a las compañías aeronáuticas Airbus y Boeing sería resuelta durante la cumbre con Biden.

En esa reunión también se ha intentado, aunque sin éxito inmediato, poner fin a la guerra arancelaria desatada por Trump para proteger al sector del acero y del aluminio estadounidense, presuntamente golpeado por la competencia desleal de otros países, entre ellos los europeos. En ese terreno, la disputa parece más alejada de la resolución, por la resistencia de la delegación de Biden a aceptar un compromiso firme con la retirada de los gravámenes adoptados durante la pasada presidencia. Por lo tanto, ambos sectores se han quedado fuera del acuerdo entre la UE y EE UU.

Industrias “neurálgicas”
El borrador de conclusiones previo al inicio de la cumbre señala: “Damos la bienvenida al inicio de las discusiones para abordar nuestro mutuo interés en preservar esas industrias neurálgicas [siderurgia y aluminio] y estamos decididos a trazar una senda que fortalecería nuestra alianza democrática y permita la resolución de las actuales diferencias antes de fin de año”.

Bruselas deseaba una formulación más concreta, como en el caso de Airbus-Boeing, donde incluso se fija la fecha del 11 de julio de 2021 como plazo para finalizar la disputa. Pero el equipo de Biden se ha resistido, al menos en los contactos previos a la cumbre, a aceptar un plazo demasiado concreto dado que la retirada de los aranceles puede tener repercusiones en las urnas en los Estados donde radican esas industrias, un coste temible de cara a las citas electorales de 2022 en las que Trump espera volver a la carga.

Los avances serán más fluidos en lo que tanto Bruselas como Washington califican como “el arranque de una agenda positiva y el establecimiento de una plataforma efectiva para la cooperación”. El primer fruto tangible del nuevo entendimiento será la creación de un foro de alto nivel, bautizado como Consejo de Comercio y Tecnología EU-EE UU, dedicado a impulsar el comercio y la inversión transatlántica.

El nuevo Consejo se encargará de limar las posibles barreras comerciales y allanará el camino para un alineamiento de las políticas de ambos lados del Atlántico en el sector digital. La colaboración también se centrará en garantizar la seguridad y fiabilidad de las cadenas de suministro en el sector tecnológico para evitar la excesiva dependencia de terceros países y la repentina carencia de algún suministro esencial como ha ocurrido durante la pandemia con los microchips.

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