El ministro de Sanidad alemán, Jens Spahn, habla frente a los medios a su llegada a la sede de la CDU en Berlín, este lunes.MARKUS SCHREIBER / AP

La compra de varios lotes de mascarillas chinas por valor de 1.000 millones de euros en la primavera de 2020 fue un mal negocio para el contribuyente alemán: el precio fue elevadísimo para su calidad y más de un año después la mayoría siguen almacenadas a la espera de darles uso o de destruirlas. Pero más caras le pueden salir al ministro de Sanidad alemán, Jens Spahn, que se enfrenta a feroces críticas de la oposición… y de su socios de Gobierno, los socialdemócratas del SPD. Estos últimos no han llegado a pedir su cabeza directamente, pero casi. Una exclusiva del semanario alemán Der Spiegel reveló el viernes que Spahn quiso deshacerse de las mascarillas de mala calidad entregándolas a colectivos de personas sin hogar, personas con discapacidad y perceptores de ayudas sociales. “Es escandaloso e inhumano”, dijo al día siguiente el secretario general del SPD, Lars Klingbeil.

La canciller, Angela Merkel, que suele mantenerse al margen de este tipo de informaciones, ha salido este lunes en defensa de su ministro en una reunión de la ejecutiva de la CDU, partido al que pertenecen ambos, según informó la agencia de noticias alemana. “Las acusaciones no están basadas en hechos”, dijo ante otros altos cargos de la formación. También el presidente de la CDU, Armin Laschet, defendió a Spahn y atribuyó la polémica a un intento del SPD de hacer campaña contra los conservadores. Alemania celebra dentro de tres meses y medio unas elecciones generales que decidirán el futuro del país tras la retirada de Angela Merkel de la política. Aunque CDU y SPD gobiernan en gran coalición, ambos están ya en plena precampaña tratando de diferenciarse de sus socios.

Los hechos que revela Der Spiegel son todavía un poco confusos. El semanario asegura haber accedido a documentación interna según la cual el Ministerio de Trabajo tuvo que pararle los pies al de Sanidad, dispuesto a repartir entre colectivos desfavorecidos unas mascarillas que no cumplían las normas europeas de calidad. Según este relato, la calidad dudosa de las mascarillas, clasificadas en el estándar chino KN95 y no en el FFP2 europeo, obligaba a las autoridades a hacer análisis de calidad antes de su distribución. Estos test no llegaron a hacerse, según el semanario, y pese a ello el departamento de Spahn diseñó un plan para repartir las mascarillas durante la segunda ola de la pandemia. En uno de los correos electrónicos que cita la información, el número dos del Ministerio de Trabajo alemán, Björn Böhning, contesta a su homólogo en Sanidad: “La seguridad y la salud deben ser lo primero, especialmente con respecto a los grupos de personas vulnerables”, y urge a que se les hagan los “esenciales” análisis de calidad.

El ministerio de Spahn niega las acusaciones. Asegura que las mascarillas sí fueron revisadas y autorizadas para su distribución en Alemania mediante un procedimiento de emergencia que se diseñó para poder importarlas en un momento de gran escasez en todo el mundo, cuando los países competían entre ellos para comprar suministros para proteger a sus sanitarios y al resto de la población. En última instancia, el problema parece ser la discrepancia sobre qué estándar exigir a las mascarillas chinas. Según Sanidad, el procedimiento de emergencia (en el que el control es puramente documental) era suficiente dada la situación de necesidad. Para Trabajo, había que hacer nuevos exámenes físicos, de simulación de uso.

Por ahora Spahn se ha limitado a retuitear con su cuenta los mensajes de la cuenta oficial del ministerio, incluida una extensa nota de prensa que explica el procedimiento de autorización de las mascarillas. Der Spiegel aseguraba que, tras fallar los intentos para colocar las mascarillas chinas entre los desfavorecidos, Sanidad había decidido destruirlas, con lo que se daban por perdidos 1.000 millones de euros. El ministerio también lo desmiente: asegura que las destinará a la reserva estratégica de material que prepara para enfrentarse a futuras pandemias.

Independientemente de la responsabilidad que acabe teniendo Spahn en el intento de deshacerse de mascarillas de dudosa calidad, la tormenta política sigue arreciando. La disputa entre el titular de Sanidad y el de Trabajo, Hubertus Heil, del SPD, empieza a ser peligrosa para la coalición, asegura el diario Süddeutsche Zeitung. Además, las declaraciones públicas de destacados socialdemócratas aumentan la presión. La copresidenta del SPD, Saskia Esken, calificó el comportamiento de Spahn de “inhumano”. El líder del partido, Norbert Walter-Borjans, añadió otro adjetivo: “indigno e inhumano”. En un país donde no se piden dimisiones tan a la ligera como en otros, Esken lo sugirió este lunes en una entrevista: “Si las acusaciones resultan ser ciertas, ya no es defendible que ocupe su cargo”.

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