Las expectativas inesperadas de las elecciones de junio próximo por la disminución de las tendencias del voto de Morena por la ausencia del presidente López Obrador en la boleta han acelerado las decisiones de desensamblaje de la estructura social, política, económica y de Estado del neoliberalismo salinista.

La crisis provocada por la negativa al registro de las candidaturas a gobernador de los candidatos de Morena en Guerrero y Michoacán ha sido el detonador para catapultar esas decisiones con dos mecanismos: escalar el conflicto mediático contra el INE y darle el sentido de la mayoría absoluta y la mayoría calificada a Morena en la próxima Cámara de Diputados.

En la realidad, ni Félix Salgado Macedonio ni Raúl Morón representan nada en el proyecto ideológico de la 4ª-T y la biografía escabrosa del primero estaría dañando a Morena por el tema de las agresiones sexuales. Pero esas dos candidaturas rechazadas por el INE han servido para calentar las elecciones, posicionar a Morena y despertar de su letargo a sus bases.

El proyecto de reformas lopezobradoristas a las reformas neoliberales del PRIAN tiene claro el objetivo de desmantelar el neoliberalismo y fijar las bases funcionales del regreso del Estado. De 1983 a 2018 los gobiernos presidenciales del PRI y del PAN consolidaron un proceso de disminución del Estado y de construcción de una nueva economía privada.

El modelo salinista tuvo decisiones muy claras:

1.- Liquidó el Estado social con la reforma constitucional para crear el Estado autónomo de la lucha entre clases y sectores. Los gobiernos neoliberales se alejaron de la doctrina económica posrevolucionaria de economía mixta: Estado y empresarios en una alianza, bajo la dirección de autoridad del Estado.

2.- Privatizó más de mil empresas propiedad del Estado, muchas ellas, es cierto, sin influencia social en la producción. Adquiridas para salvar el empleo y crear formas de aportación de recursos económicas al Estado, las paraestatales se convirtieron en un lastre deficitario de las finanzas publicas. El caso más claro fue el de los bancos: el Estado le quitó la columna vertebral del poder financiero al sector privado, pero los bancos no dinamizaron la política crediticia y crearon una burocracia dorada de directores que se comieron los recursos.

3.- El modelo de Salinas fue el del Estado con control autoritario de las clases productivas: desarticuló y anuló hasta la extinción al poder sindical y sometió a los empresarios a un dominio fiscal

4.- Desideologizó el partido del Estado pasando al PRI del partido de la Revolución Mexicana al partido del “liberalismo social” o neocapitalismo de mercado.

5.- Los gobiernos panistas y de Peña Nieto avanzaron en la sustitución del Estado de clases por el Estado de ciudadanos en clave de participación en estructuras del Estado. La intermediación de partidos, grupos de poder, sindicatos y cámaras dio paso a la presencia ciudadana de expertos en organismos autónomos del Estado. No fue la ciudadanización indirecta del Estado, sino la incorporación a la burocracia del poder de ciudadanos sin partido y sin filiación social para legitimar las decisiones del Estado y aparentar una apertura social del Estado. Al final, todos los organismos autónomos del Estado estaban controlados por el Estado a través de las designaciones vía el legislativo y la especialización de sus tareas impedía una representación social.

6.- La clave del modelo neoliberal salinista estuvo en el modelo de Estado autónomo de Theda Skocpol –el Estado sin compromisos sociales–, aunque con la coartada de que el Estado se había abierto a la participación ciudadana vía consejos asesores ciudadanos y organismos autónomos.

El funcionamiento de este Estado fue paradójico: menor burocracia partidista en el Estado y en el poder, pero mayor control autoritario del Estado. El Estado posrevolucionario-cardenista-priísta perdió su ideología populista y su representación de clase no propietaria que acordaba con los propietarios para construir programas de bienestar social. El neoliberalismo salinista produjo una marginación de 80% de mexicanos que han vivido –según Coneval– con una a cinco restricciones sociales y sólo 20% sin problemas de bienestar.

Esa mayoría segregada votó por López Obrador y Morena y mandó a la coalición neoliberal PRI-PAN-PRD a un tercio de las votaciones. Y este nuevo equilibrio de partidos basado en la dinámica riqueza-pobreza va a plebiscitarse en las elecciones del 6 de junio próximo,

Política para dummies: La política define sus equilibrios en la dialéctica pobreza-riqueza, con o sin Marx.

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