El expresidente Lula en una reunión del Partido de los Trabajadores en febrero de este año, en Brasilia.ADRIANO MACHADO / REUTERS

“No hay unidad en la izquierda. Cada uno va a la suya”. El diagnóstico que hace Carlos Siqueira, presidente del Partido Socialista Brasileño (PSB), es una síntesis del intento frustrado de seis partidos de unificar los discursos en contra de Jair Bolsonaro en las elecciones municipales de este año. Hace casi tres meses que este grupo, que ha estado trabajando casi al unísono en el Congreso haciendo oposición al presidente, intensificó las negociaciones para repartirse los mítines en las 92 ciudades más grandes de Brasil, que es donde existe la posibilidad de ir a una segunda vuelta. En el escenario nacional, las negociaciones se cerraron hace dos semanas. “Tenemos convergencias de pensamientos, pero con relación a la disputa electoral, no conseguimos unirnos”, opina Luciana Santos, presidenta del Partido Comunista de Brasil (PCdoB).

Los motivos son la falta de interés del Partido de los Trabajadores (PT) en renunciar a su hegemonía en la oposición, las disputas políticas internas en cada municipio y la preocupación de los partidos más pequeños por tener una base de apoyo para 2022, cuando aumentará el mínimo de votos necesarios para seguir existiendo como partido, lo que se conoce como “cláusula de barrera”. Las negociaciones las llevaron a cabo los líderes del Partido de los Trabajadores (PT), del Partido Socialista Brasileño (PSB), del Partido Democrático Laborista (PDT), del Partido Comunista de Brasil (PCdoB), del Partido Socialismo y Libertad (PSOL) y del partido Red de Sostenibilidad (REDE).

Alentado por el expresidente Luiz Inácio Lula da Silva, principal antagonista de Jair Bolsonaro, el Partido de los Trabajadores ha decidido que necesita tener el mayor número posible de candidatos para poder defenderse. “El PT necesita tener voz. Hablar de su legado, de las experiencias que ya ha tenido en las administraciones municipales, para defenderse de los ataques”, ha dicho la presidenta del partido, la diputada federal Gleisi Hoffmann. En estas elecciones, presentará candidatos en 1.531 de los 5.570 municipios de Brasil. Juntas, estas ciudades representan el 60% de la población nacional. En 2016, las últimas municipales, el partido presentó 993 candidatos. “El gran problema del PT es su cultura hegemónica. Solo piensa en sus candidatos”, se ha quejado Carlos Lupi, presidente del PDT. De las 26 capitales, el PT ya ha enviado precandidaturas a los ayuntamientos de 23.

Tres casos locales sirven para ejemplificar los frustrados intentos de unión. En Recife, los directorios estatales y municipales del PT decidieron aliarse con el PSB, que lanzó la precandidatura de João Campos. Pero la dirección nacional intervino y determinó que la candidata fuera Marília Arraes, prima segunda de Campos y con quien se disputa el legado familiar dejado por los exgobernadores Miguel Arraes y Eduardo Campos. En Río de Janeiro, el PT se inclinó a unirse a la candidatura de Marcelo Freixo (PSOL). Cuando Freixo se retiró porque no se sentía seguro con la deseada unidad de la izquierda, el PT escogió ir por libre con la candidata Benedita da Silva. Y en São Paulo, la formación de Lula presentó a Jilmar Tatto, a pesar de que una parte de la base defiende las candidaturas del PSOL y el PCdoB. En una entrevista con EL PAÍS el martes, Tatto consideró que la elección del partido era natural y justificó que la primera vuelta sirve precisamente para presentar propuestas y no impide que los partidos se alíen en la votación final.

“Desde 2013, las fuerzas de derecha han intentado anular al PT. En un frente, es más difícil hacer una defensa individual”, afirma Hoffman, explicando por qué no prosigue con las negociaciones para formar un frente de izquierdas. Se queja directamente del proceso de destitución de la expresidenta Dilma Rousseff, calificándolo de golpe de Estado, y de la detención de Lula, que considera que fue política.

En entrevista este jueves al canal TV Democracia y cuestionado sobre si él o su partido podrían seguir el modelo de Cristina Fernández de Kirchner y buscar meterse en una fórmula como vicepresidente, Lula defendió el protagonismo de su partido. “No pueden querer que el PT renuncie a esa grandeza que le dio el pueblo a cambio de nada. O tiene un candidato más grande que el PT o no tiene ninguna posibilidad”, dijo.

“En los momentos decisivos para el país, el PT siempre va en dirección contraria a la historia”, ha afirmado Siqueira, del PSB. “No le exigimos nada, nos gustaría que entendieran la gravedad del momento y que unieran a la izquierda”, se ha quejado. Hoffman destaca que las alianzas en dos capitales (Porto Alegre y Belém) demuestran que el partido está abierto al diálogo. Y añade que es necesario que todas las formaciones se refuercen en 2020 para cosechar los frutos en 2022. “No es nuestro caso, pero hay partidos que pueden desaparecer si no superan la cláusula de barrera”.

En la práctica, este mecanismo debería reducir el número de partidos políticos, porque solo recibirán financiación pública y minutos de propaganda gratuita aquellos que consigan un 2% de los votos válidos a nivel nacional en un tercio de los Estados, con un mínimo del 1% en cada uno, o consigan al menos 11 diputados distribuidos en nueve Estados.

Repetición de 2018
Sin esta integración, hay quienes entiendan que el PT insistirá en la polarización contra los bolsonaristas como un ensayo para 2022. Y el resultado puede ser que, en dos o tres elecciones seguidas, el ciudadano acabe teniendo que elegir más por exclusión que por adhesión a una determinada idea o plataforma política. “Al PT la polarización le va muy bien. Bolsonaro y el PT son mejores amigos cuando se trata de mantener el statu quo”, dice el politólogo Leandro Consentino, profesor del Insper. “Tanto el PT como Bolsonaro ven en el otro el enemigo capaz de aglutinar a sus huestes”, añade el analista Valdir Pucci, doctor de la Universidad de Brasilia.

El portavoz nacional de la Red de Sostenibilidad, Pedro Ivo Batista, opina que lo ideal sería que los partidos progresistas se unieran ya en la primera vuelta. “Brasil nunca ha tenido un Gobierno neofascista como este. Lo ideal sería unirse más para evitar este peligro de fuerzas totalitarias. Corremos el riesgo de perder las elecciones ahora, igual que las perdimos en 2018”, afirma Batista.

El presidente del PSOL, Juliano Medeiros, no está de acuerdo con la tesis de que este año será un ensayo del 2022. Entiende que servirá de termómetro. “El fortalecimiento de la oposición y el debilitamiento electoral del bolsonarismo, por ejemplo, no garantizan la derrota de la extrema derecha en 2022, pero indican un escenario más favorable para las fuerzas populares”, analiza. De los seis líderes entrevistados, solo él aprueba la división de la izquierda. Afirma, por ejemplo, que el papel del PT es intentar mantener su hegemonía y el de los demás es buscar su espacio. Y añade que la idea de un frente amplio ha ido creciendo poco a poco.

La expectativa de los representantes de la izquierda es que la frustrada unificación en la primera vuelta ocurra en la segunda etapa de las elecciones. Queda por ver quiénes quedarán cuando llegue ese momento.

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