Después de un maratón de llamadas de una semana entre líderes mundiales y videoconferencias con docenas de ministros de Energía, finalmente terminó la guerra de precios del petróleo de 2020.

Desde Villahermosa, una ciudad cerca de la terminal de crudo más grande de México, la secretaria de Energía, Rocío Nahle, levantó la voz. “Su Alteza Real, México ya estuvo de acuerdo. Y ahora me gustaría preguntarte: ‘¿Está de acuerdo con estos términos?’.

En Riad, el ministro de Energía saudita, el príncipe Abdulaziz bin Salman, casi se rió entre dientes mientras miraba una pared de videos que mostraban a sus homólogos en todo el mundo. “Voy con el consenso. Estoy de acuerdo”, respondió.

En ese momento, la Organización de Países Exportadores de Petróleo y sus aliados (OPEP+) selló el mayor corte de producción coordinado de la historia, eliminando aproximadamente una décima parte del suministro global. El acuerdo histórico casi se había descarrilado por una pelea entre Arabia Saudita y el Gobierno de México, lo que obligó al presidente de Estados Unidos, Donald Trump, a intervenir y negociar una solución para salvar el acuerdo.

El príncipe Abdulaziz se declaró insomne ​​y agotado, pero triunfante.

“Hemos demostrado que la OPEP+ está activa, funcionando y viva”, comentó a Bloomberg News en una entrevista minutos después de cerrar el acuerdo. “Estoy más que feliz”.

Durante el mes pasado, Arabia Saudita había puesto todos los barriles posibles a la venta a precios bajísimos, castigando a Rusia por negarse a apoyar recortes más profundos en la producción de la OPEP+ a principios de marzo. Ahora, Moscú y Riad reducirán la producción diaria en millones de barriles, encabezando un acuerdo global entre casi todos los principales productores de petróleo del mundo para frenar la producción.

Pero el acuerdo solo mitigará el dolor, no terminará la crisis.

Es probable que el mercado permanezca abrumado en los próximos meses por el colapso catastrófico de la demanda causado por los bloqueos diseñados para frenar la propagación del nuevo coronavirus a través de algunas de las economías más grandes del mundo.

“El acuerdo de la OPEP+ no evitará una fuerte acumulación de inventario en los próximos meses, y los precios del petróleo a corto plazo en el mercado físico probablemente seguirán bajo presión”, explicó Martijn Rats, analista de petróleo de Morgan Stanley.

Reacción negativa
El acuerdo de la OPEP+ eliminará del mercado casi 10 millones de barriles por día mediante recortes deliberados. Además, el grupo está contando disminuciones involuntarias en la producción de EU, Canadá, Brasil y varios otros países, ya que las empresas reducen la actividad de perforación debido a los bajos precios y la débil demanda.

Funcionarios de la OPEP +, utilizando una contabilidad creativa que también incluye caídas en la producción en Venezuela, Irán y Libia, que están exentos de hacer recortes, dijeron que la baja en la producción será de hasta 20 millones de barriles por día con el tiempo; es decir, 20 por ciento de la producción mundial.

Por el momento, el mundo tendrá que contentarse con los 10 millones de barriles diarios de la OPEP+. Sin embargo, la demanda ha bajado aproximadamente el doble, lo que significa que los tanques de petróleo del mundo seguirán llenándose día tras día mientras los aviones permanezcan en tierra, los negocios cierren y miles de millones de personas permanezcan en sus hogares.

Los operadores de petróleo parecían inicialmente optimistas en las horas asiáticas, pero a media mañana en Londres los precios bajaron hasta un 2.7 por ciento a 30.63 dólares por barril. El crudo se volvió positivo más tarde en el día cuando el propio Trump repitió la cifra de 20 millones de barriles por día en un tuit.

El negociador
El mayor ganador parece ser Trump, quien se negó a cortar deliberadamente la producción de petróleo estadounidense, pero aún así pudo negociar el acuerdo final.

Su llamada telefónica con el presidente Andrés Manuel López Obrador, seguida de una conferencia telefónica tripartita con el presidente ruso Vladimir Putin y el rey Salman de Arabia Saudita, planteó la propuesta que resolvió las objeciones de México al acuerdo.

Trump se tomó un tiempo para lidiar con el mayor brote de coronavirus del mundo y entró en la política petrolera con un objetivo sorprendente. Pasó de dar la bienvenida al colapso del precio del crudo a preocuparse por perder la industria energética estadounidense. Temiendo que la pérdida de empleos en Texas y otros estados ricos en petróleo pudieran perjudicar sus perspectivas de reelección, convenció a Putin y al monarca saudí de poner fin a las hostilidades y llegar a un compromiso.

“Trump se ve a sí mismo como un negociador”, comentó Joe McMonigle, consultor energético y exfuncionario petrolero del Gobierno de Estados Unidos. Entonces “Trump fue al teléfono rojo del mercado petrolero”.

El mandatario de EU selló el acuerdo histórico al ofrecer a los sauditas algo que existe solo en papel. Cuando México rechazó una gran reducción de la producción, poniendo en peligro todo el acuerdo, Trump aseguró a la OPEP+ que Estados Unidos recortaría su propia producción en nombre de su vecino.

México eliminará 100 mil barriles por día, y Estados Unidos contribuirá con 300 mil barriles adicionales por día, dijo Trump en la Casa Blanca.

Funcionarios de la OPEP+ y otros involucrados en las conversaciones destacaron que esos barriles adicionales simplemente no existían. La disminución en la producción estadounidense estaría impulsada por los precios, la demanda y la capacidad de las tuberías o tanques, no por las conferencias de prensa presidenciales.

Sin embargo, finalmente su oferta fue suficiente.

Guerra de precios
El acuerdo del domingo terminó un periodo en el que la alianza OPEP+ parecía estar muerta, con exsocios involucrados en la guerra comercial petrolera.

Todo comenzó el 6 de marzo, cuando el ministro de Energía ruso, Alexander Novak, salió de la sede de la OPEP en Viena y dijo a los periodistas que su país estaba listo para aumentar la producción de petróleo en abril. Acababa de rechazar el impulso de Arabia Saudita para que su país redujera la producción en unos cientos de miles de barriles por día para ayudar a contrarrestar lo que la mayoría vio como una modesta desaceleración de la demanda debido al coronavirus. A cambio, el reino había rechazado su propuesta de continuar las restricciones existentes del grupo en su nivel actual.

Enfurecido por la negativa de Rusia a recortar y la charla de Novak de una mayor producción, Arabia Saudita se embarcó en una guerra de precios. Riad ofreció a las refinerías de petróleo descuentos sin precedentes para su crudo, reduciendo al máximo sus precios de venta oficiales en más de 30 años. El reino también anunció que aumentaría la producción a un máximo histórico de más de 12 millones de barriles por día en abril, un 25 por ciento más que en febrero.

Cuando el mercado abrió unas horas más tarde, incluso los comerciantes más bajistas se sorprendieron. La sesión del domingo por la noche es típicamente un asunto tranquilo, cubierto principalmente por comerciantes en Asia, donde ya es lunes por la mañana. Pero esa noche, todos los comerciantes desde Ginebra hasta Londres y Houston estaban pegados a sus pantallas.

Cuando comenzó la venta, el crudo Brent de referencia cayó más del 30 por ciento en segundos, la mayor caída de un día desde la Guerra del Golfo de 1990 a 1991.

Mes de caos
Lo que siguió fue el mes más caótico en la historia del mercado petrolero, amenazando la estabilidad de las naciones dependientes del petróleo desde Nigeria hasta Irak y volcando los planes comerciales de gigantes de la industria como Exxon y Royal Dutch Shell.

Sin darse cuenta por completo, los sauditas habían comenzado una guerra de precios en el peor momento posible. A principios de marzo, el brote de coronavirus se había extendido mucho más allá de Wuhan, infectando a miles de personas desde Irán a Estados Unidos. En todo el mundo, los gobiernos copiaron los bloqueos que China ya había intentado y probado. País tras país congelaron sus economías.

Las refinerías redujeron la producción y redujeron sus compras de crudo. El mercado físico del petróleo comenzó a parecerse a una venta cerrada. En un oscuro rincón de EU, el petróleo incluso cotizaba a precios negativos y los productores pagaban a los consumidores para que les quitaran sus barriles.

El crudo Brent, la mezcla del Mar del Norte utilizada como punto de referencia mundial, se había negociado brevemente por encima de los 70 dólares por barril a principios de año. El 30 de marzo, cayó a 21.65 dólares, el más bajo en casi dos décadas.

La víctima más destacada fue la industria shale de EU. Los perforadores en Texas y otros estados habían convertido a Estados Unidos en el mayor productor de petróleo del mundo, creando millones de empleos. Pero el fracking es una forma costosa de bombear crudo y la industria ha acumulado decenas de miles de millones de dólares en deuda.

A medida que los precios cayeron, los trabajadores del sector shale perdieron rápidamente sus empleos. Whiting Petroleum, una vez el mayor productor de Dakota del Norte, se declaró en bancarrota el 1 de abril.

El ‘hervor’ de Arabia Saudita
Mientras Whiting se iba a la quiebra, en Arabia Saudita, los ingenieros de Aramco estaban ocupados llevando sus pozos de petróleo al límite.

Exactamente a las 11:29 horas del 31 de marzo, el video wall gigante en el centro neurálgico operativo de la compañía mostró una producción total que superó los 12 millones de barriles por día por primera vez en la historia. Los empleados celebraron sacando fotos, con los brazos en alto triunfantes, según las imágenes vistas por Bloomberg News.

Al día siguiente, la producción saudita aumentó más, llegando a 12.111 millones, luego a 12.171 millones, según otras fotografías de la sala de control. Finalmente, alcanzó un récord de 12.323 millones de barriles por día, suficiente para satisfacer el consumo combinado previo a la pandemia de Japón, Alemania, Francia, Reino Unido, España e Italia y todavía tiene algunos barriles de sobra.

El petróleo se estaba cargando en una armada de petroleros en el Golfo Pérsico y el Mar Rojo, rumbo a mercados que ya se estaban ahogando en crudo.

‘Borrada’
Era una situación insostenible, que amenazaba con llenar los tanques de petróleo del mundo en unos pocos meses y enviar los precios a niveles no vistos desde la década de 1990. Trump ya estaba presionando a Rusia y Arabia Saudita para que reconstruyeran su alianza.

“Nunca pensé que diría que tal vez tengamos que aumentar el petróleo, porque lo tenemos. El precio es muy bajo”, dijo Trump en una entrevista con Fox News. El presidente, que había emprendido una carrera política atacando a la OPEP y abogando por los bajos precios de la gasolina, estaba preocupado de que la industria de Estados Unidos fuera “borrada” del mapa.

Arabia Saudita y Rusia se culparon mutuamente por el accidente. Putin acusó a Riad de intentar destruir la industria shale; los sauditas dijeron que Moscú había comenzado todo. Nada de eso cortó el hielo en Washington.

“Estás librando una guerra económica en Texas”, exclamó el senador Ted Cruz al embajador saudí en Washington en una conferencia telefónica privada.

Para entonces, tanto Arabia Saudita como Rusia tenían pocas opciones más que comenzar a hablar. Con el consumo en caída libre, solo era cuestión de tiempo antes de que se vieran obligados a reducir la producción, simplemente porque no habría dónde colocar el petróleo.

“Vemos una enorme sobreoferta en el mercado petrolero”, omentó Fatih Birol, jefe de la Agencia Internacional de Energía.

El tuit de Trump
Trump habló tanto con Putin como con el príncipe heredero de Arabia Saudita, Mohammed bin Salman, comúnmente conocido como MBS, y propuso un acuerdo global para reducir la producción. No pudo evitar jactarse de las conversaciones antes de que se estableciera el acuerdo, anunciando en un tuit el 2 de abril que esperaba que Riad y Moscú recortarían la producción en 10 millones de barriles por día, si no es que más.

El crudo Brent subió más del 45 por ciento en solo unos segundos, aplastando a muchos inversores bajistas. Incluso cuando el mercado cerró horas después, el índice de referencia todavía subía un 21 por ciento, el mayor aumento de un día de la historia.

Como era de esperar para un acuerdo que incluye a docenas de países en la coalición OPEP+ y el G-20, el acuerdo final es engañoso. La producción de Arabia Saudita será solo 1.2 millones de barriles por día más baja que su nivel promedio antes de la guerra de precios. México ganó un tratamiento especial y los recortes de Estados Unidos son solo una estimación basada en los pronósticos de perforación.

La trayectoria de los precios del petróleo dependerá más de la rapidez con que el mundo abandone el bloqueo y el ritmo del repunte económico. Sin embargo, la importancia del acuerdo va más allá de los números.

Ha habido un cambio tectónico en la política petrolera mundial. Putin, MBS y Trump, los líderes de los tres productores más grandes del mundo, están dictando el suministro mundial de petróleo. Y Estados Unidos ahora acepta que los precios bajos no son de su interés.

“Trump, quien ha sido crítico de la OPEP durante años, es quien lo armó”, declaró Daniel Yergin, historiador del petróleo. “De todos los tratos que ha hecho en su vida, este tiene que ser el más grande”.

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