Alejandro Encinas, subsecretario de Derechos Humanos, de la Secretaría de Gobernación, presentó ante el presidente Andrés Manuel López Obrador un informe sobre la aplicación del mecanismo de protección a periodistas y defensores de derechos humanos.Foto Roberto García Ortiz

Disculpas y reconciliación
Bandera histórica
¿También Francia y EU?

En México va corriendo la novedad de las disculpas oficiales. Ya son varios los acontecimientos que han merecido la postulación de palabras, a nombre del Estado mexicano, en solicitud de la benevolencia de familiares o afectados por actos criminales que no cometió el actual gobierno.

El problema de fondo es, sin embargo, que más allá de los sentidos discursos y las dolidas imágenes gráficas del momento no hay procesos verdaderos de reparación de las zonas de catástrofe de ese Estado mexicano. Mucho menos, los adecuados castigos a los culpables de algunos de esos actos seleccionados para fortalecer la política sexenal de la amnistía, el perdón, el olvido.

Diariamente se producen declaraciones de funcionarios de diversos niveles que relatan con detalle la manera en que fue saqueada la corrupción. La película de la corrupción nauseabunda es exhibida en colores vivos y descriptivos, pero sin castigo proporcional. Bueno, en realidad, casi siempre sin castigo. Baste recordar que se mantiene la impunidad de los militares que asesinaron y difamaron a dos estudiantes de excelencia del Tec de Monterrey a las puertas de la matriz regiomontana, acusándolos de ser narcotraficantes armados hasta los dientes. Pero, eso sí, el Estado mexicano ya ha ofrecido las más puntuales disculpas.

Ahora, el tema ha llegado al rey de España y al Papa. Desde Tabasco, antes de iniciar la conmemoración de la batalla de Centla, conmemorativa de los 500 años de la batalla de los españoles contra la resistencia de los mayas-chontales, el presidente Andrés Manuel López Obrador precisó la exhortativa hecha para que se reconozcan los abusos cometidos por los españoles a partir de la conquista de lo que ahora es México. Y, desde luego, que ese reino hispano se disculpe, al igual que el Papa: la espada y la cruz como instrumentos de dominio.

Visto en lo general, el planteamiento tiene sustento, a la luz de los múltiples crímenes cometidos en su momento por aquellos conquistadores o invasores. Ya en lo particular, hay una corriente de pensamiento que proclama que no deben juzgarse los hechos del pasado a la luz de los criterios actuales. Sin embargo, el gobierno mexicano cree indispensable la revisión histórica y la petición española de disculpas, para dar paso al 2021 (año de elecciones intermedias en México) como el año de la gran reconciliación.

En 2021 se cumplirán 500 años de la caída de Tenochtitlán y 200 de la consumación de la independencia mexicana, siendo esta la primera de las tres transformaciones que la narrativa obradorista proclama, para asumir los tiempos en curso como secuencia en cuarto tiempo. No debe perderse de vista que, con esta exigencia de reivindicación a los pueblos originarios de México, AMLO busca ponerse al frente de exigencias cuando menos históricas que hasta ahora han enarbolado los grupos de la izquierda social (neozapatismo, Congreso Nacional Indígena y grupos defensores de la tierra y los pueblos, como Huexca).

Como era de suponerse, la solicitud andresina de disculpas regias y papales provocó rechazo en las instancias hispanas. El gobierno español se ha declarado tajantemente adverso a la exigencia mexicana. En el propio México, la postura de López Obrador ha caído en el cuenco de ácido de las opiniones polarizadas.

Para ser congruente, el ajuste solicitado por Palacio Nacional desde hace un mes, respecto a los abusos españoles del remoto pasado, debería actualizarse con acciones de gobierno que frenen y atemperen los actuales abusos de capitales hispanos en diversas actividades económicas, entre ellas la hotelera y, en particular, la bancaria. Además, ya entrado en gastos y si tal va a ser el criterio de la diplomacia revisora, México debería exigir disculpas a los países que lo han invadido, como Francia y Estados Unidos y, en especial, a las administraciones que han ofendido a México, como la encabezada por Donald Trump.

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