El alto consumo de comida chatarra y bebidas azucaradas en las escuelas no sólo contribuye a la epidemia de sobrepeso y obesidad, también a la desnutrición de cientos de miles de escolares, especialmente, en las zonas rurales del país. Foto: Especial

Desde hace 4 años existe la prohibición a la presencia de comida chatarra y bebidas azucaradas en las escuelas de educación básica que establece multas a los planteles que la violen. En cuatro años no sólo no se ha aplicado ninguna multa por violarla y podemos asegurar, siendo conservadores, que más del 80 por ciento de las escuelas la violan, tampoco la comunidad escolar conoce la regulación. Y la prohibición viene de unos lineamientos que se establecieron como recomendaciones hace ya 8 años y nada se ha logrado, porque ni tan siquiera se ha intentado aplicarlos.

Mientras tanto, con el pasar de los años, la infancia mexicana ha pasado a presentar la mayor incidencia de sobrepeso y obesidad en el mundo. Los estudios proyectan que, de continuar esta situación, uno de cada dos niños mexicanos nacidos a partir del 2010 va a desarrollar diabetes a lo largo de su vida. Un niño con sobrepeso u obesidad tiene muy altas posibilidades de ser un adulto con sobrepeso y obesidad. La Clínica de Obesidad del Hospital Infantil habla de no más de un 6 por ciento de éxito.

Previo a la entrada en vigor de la regulación escolar, se documentó que los niños al salir de la jornada escolar, entre lo que habían desayunado y los alimentos chatarra y las bebidas azucaradas que habían consumido en las escuelas, ya habían ingerido más de la mitad de las calorías recomendadas para todo un día y aún les faltaba la comida, la chatarra y la bebida azucarada de la tarde y la cena. Considerando que la regulación no se ha aplicado, la situación no ha cambiado.

El Instituto Nacional de Salud Pública documentó el ambiente en escuelas públicas del sur de la Ciudad de México durante varios años, concluyendo que el ambiente escolar era un ambiente obesogénico, lo cual tradujimos a lenguaje coloquial diciendo que “las escuelas en nuestro país son fábricas de niños con obesidad”. El asunto es que esta situación es una responsabilidad del Estado. La propia Comisión Nacional de Derechos Humanos desde 2010 realizó un pronunciamiento señalando que el Estadio es responsables de garantizar ambientes saludables en las escuelas, es decir, la condición existente de ambientes obesogénicos escolares es una violación de derechos de los niños y las niñas, es una violación al interés superior de la infancia. El Estado mantiene así una condición que atenta contra la salud de la infancia.

Pero la presencia de comida chatarra en las escuelas, un gran negocio para la industria, no sólo ha generado obesidad, también ha mantenido en la desnutrición a cientos de miles de niños en zonas rurales. En las comunidades rurales se presenta lo que podemos llamar “la otra cara de la moneda” del deterioro de los hábitos alimentarios y de la alta ingesta de alimentos con altas cantidades de azúcar, grasas y sal, sin ningún o muy poco valor nutricional. Esta situación es causa de desnutrición. A la desnutrición a la que contribuye la comida chatarra, se suma el impacto en la economía de las familias más pobres del país del gasto en estos productos.

Entre octubre de 2009 y enero de 2010, realizamos una encuesta con cerca de 400 escolares de primaria, secundaria y preparatoria en diversas comunidades del municipio de Chilapa en la región centro montaña de Guerrero, una de las regiones más pobres del país. La encuesta se enfocó a los hábitos alimentarios de los escolares. Las encuestas demostraron, entre otras cosas, que el 60% de los escolares tomaban refresco durante el desayuno y en más de tres ocasiones durante el día. Los talleres se dirigieron a que los escolares y padres de familia tuvieran la capacidad para distinguir entre los alimentos que tienen cualidades nutricionales y aquellos que nos la tienen.

A mediados de junio de 2010, regresamos a una de las escuelas encuestadas, la telesecundaria de la comunidad de Tenexatlajco. Xaviera Cabada, entonces nutrióloga de nuestra asociación, había estado ahí seis meses antes para levantar la encuesta y dar el taller. Xaviera se había sorprendido por la desnutrición de los niños y las niñas, que se les manifestaba claramente en la gran mayoría de los niños y niñas a través de manchas blancas en la piel, avitaminosis. Al regresar a la comunidad seis meses después. se sorprendió al ver que las manchas blancas en la pie, habían desparecido en la mayor parte de los alumnos y solo algunos las presentaban pero en grado mucho menor. Las mismas maestras, el director y los alumnos, eran conscientes de este cambio.

Los 21 alumnos, las dos maestras y el director de la escuela de Tenexatlajco habían decidido retirar la comida chatarra y aportar diariamente 10 pesos por persona (alumnos, maestras y director), para establecer “La Olla Escolar”. Este almuerzo era preparado, de manera rotativa, por equipos de alumnos de ambos sexos. Más tarde, las madres de los alumnos se rotarían para cumplir esta labor.

Es importante mencionar que la encuesta realizada en octubre de 2009 con asistencia del Instituto Nacional de la Nutrición, nos había arrojado que la veintena de alumnos de este plantel gastaban en promedio alrededor de 15 pesos al día en frituras, dulces y refrescos dentro de la escuela. El alto gasto fue una constante en todas las escuelas encuestadas en la región y demostraba la transferencia de recursos que reciben las familias a través de los programas sociales o por las remesas, hacia las empresas procesadoras de alimentos.

Para elaborar el almuerzo de la “La Olla Escolar” se utilizaba maíz de la región, se contrató a una mujer para hacer las tortillas, se compró huevo, arroz y frijol, y se aprovechó la gran variedad de quelites (contienen altas concentraciones de hierro y calcio) que se dan en esa zona. Los alumnos gastaban menos en “La Olla Escolar” de lo que gastaban anteriormente en comida chatarra. Al comprar gran parte de los productos en la comunidad o la región, parte importante de los recursos se quedan en la comunidad, con los productores locales (maíz, tortillas, quelites y otros productos. Por otro lado. se emplea a una persona (la mujer que elabora las tortillas) y, lo más importante, se ha mejorado sustancialmente la alimentación de los escolares. Las maestras explicaban que la mejoría sustancial de la alimentación de los escolares había traído un mejor rendimiento intelectual y físico.

Los beneficios no sólo se habían expresado en una mejoría de la salud y el rendimiento escolar. De lo recaudado se estaban utilizando menos del 50 por ciento de los recursos de “La Olla Escolar” para la elaboración de los almuerzos, el resto se iba a un fondo manejado de manera transparente por los alumnos, las maestras y el director. En menos de seis meses, de este fondo habían salido los recursos para iniciar la construcción de dos aulas (el salón de clases era de piso de tierra, no tenía luz ni agua corriente) y se patrocinó el viaje de los alumnos a una competencia regional de básquetbol.

Estos resultados están documentados en un video que hicimos público y que entregamos a la autoridad con una muestra práctica de los beneficios que significa la salida de la comida chatarra de una escuela rural en una zona de alta marginación y la incorporación de alimentos de la región. Este video muestra el cambio que se registró a 6 meses de la implementación de “La Olla Escolar”:

Tres años después, Televisa fue a documentar lo que había pasado en la escuela de Tenexatlajco. Los escolares que habían iniciado el programa ya habían salido y los nuevos alumnos se encontraron con estas condiciones más saludables. Pueden compararse la situación del aula del primer video con el segundo, la presencia de la captación de agua, de los baños y el comedor. Al iniciar los cambios de la alimentación en la escuela, los niños comenzaron a empoderarse y a compartir la experiencia con otras escuelas. Al conocerse esta experiencia, el Grupo de Estudios Ambientales, una organización de la sociedad civil con muchos años de trabajo en la región, apoyo a la escuela para tener agua, se instaló un sistema para la captación y almacenamiento de agua y se construyeron baños ecológicos. Atinadamente, los reporteros de Televisa titularon el reportaje como “La Otra Cruzada contra el Hambre”, haciendo alusión a las críticas que se realizaban a “La Cruzada Nacional Contra el Hambre” señalando que era un negocio para empresas Néstle y Pepsico (Quaker) y no había favorecido la producción local de alimentos:

En varias naciones del mundo (Brasil, Ghana, Escocia, Italia) se están implementando programas por región, ciudad o a nivel nacional, que incorporan alimentos de los productores en las compras de las escuelas, los hospitales, el ejército, generando un impulso importante a las economías locales y regionales, a la vez que se protege la salud de la población a la vez que se mantienen y enriquecen las culturas alimentarias.

Si parte importante de los recursos que se gastan en comida chatarra – que se van en los mismos camiones que llegan cargados de frituras, refrescos y panecillos a las poblaciones más alejadas – se quedaran en las propias comunidades para comprar los productos a los agricultores de la localidad o de la región, se contaría con un impulso económico importante que ayudaría a combatir la pobreza. Además, es un paso que ayuda a revalorar los alimentos y platillos propios, llevando a los niños a una mejor alimentación y rendimiento. Han pasado ya 8 años de la regulación en las escuelas, de la exposición de experiencias como “La Olla Escolar” y no hemos visto ninguna respuesta, ningún compromiso por parte de las autoridades educativas para enfrentar esta epidemia de sobrepeso y obesidad en los niños, todo lo contrario.

Nos preguntamos si la nueva administración de Esteban Moctezuma al frente de la Secretaría de Educación ignorará “La Olla Escolar” y la regulación de alimentos y bebidas en escuelas para combatir la obesidad y la desnutrición, como lo hizo Aurelio Nuño y sus antecesores. Puede decirse que el único Secretario de Educación que se comprometió en impulsar los lineamientos de alimentos y bebidas en las escuelas, enfrentando las presiones en contra de la industria de bebidas y de alimentos, una oposición a la que se sumó el propio Consejo Coordinador Empresarial, fue Alonso Lujambio. El sector empresarial de la gran industria, de todos los sectores, a través de sus asociaciones, se sumaron a combatir una regulación que lo único que se proponía era garantizar la presencia de alimentos saludables en las escuelas entre la población infantil que tiene uno de los mayores consumos de chatarra y bebidas azucaradas y, por lo tanto, de sobrepeso y obesidad en el mundo.

Desde que Alonso Lujambio impulso los lineamientos en 2010, todos los sucesores en el cargo se han dedicado a ignorar su responsabilidad en garantizar ambientes saludables en las escuelas, contribuyendo, con su parte, a que en 2016 México fuera el primer país en el mundo en decretar emergencias epidemiológicas por obesidad y diabetes.
Hay que recordar que la situación se está agravando y si se dejan otros seis años más sin actuar, sin impulsar esta regulación en escuelas, sin establecer un etiquetado frontal de advertencia en los alimentos y bebidas no saludables, sin la prohibición efectiva de la publicidad de estos productos a niños: la administración morenista tendrá una grave responsabilidad. En seis años la situación se puede agravar aún más. Los datos presentados recientemente por el Instituto Nacional de Salud Pública, en base al registro de más de 200 mil niños menores de 5 años en estancias del DIF, muestra una incidencia de sobrepeso y obesidad mayor a 30 por ciento. Este dato es alarmante en un grupo etario en el que ésta incidencia en la población es de alrededor de 10 por ciento. Lo que muestra es que el estrato de bajos ingresos de este grupo etario está en una situación alarmante ya que no conocemos ningún reporte similar en ningún otro país.

Lo que sería una pesadilla para la salud de la infancia sería escuchar nuevamente en voz de un Secretario de Educación lo que declaró Josefina Vázquez Mota, antecesora de Alonso Lujambio en el cargo, en el sentido de que no sacaría la chatarra de las escuelas, que lo que haría sería enseñarles a los niños a realizar elecciones saludables. Mientras, la entonces secretaria de Educación firmaba el acuerdo con Coca Cola de su campaña “Movimiento Bienestar” y con Pepsico el programa “Vive Saludables” para que estas empresas entraran a las escuelas a promover estilos de vida saludables como la actividad física, al teimpo que promocionaban su marca y guaradaban silencio sobre el daño de sus bebidas. Ayudando a estas empresas a su llamado “healthwashing”, a maquillarse públicamente de empresas que promocionan la salud, un engaño aún más perverso cuando se habla de niños y niñas.
Ya son muchos años perdidos, no pueden ser 6 más.

PD. En otra ocasión presentaremos evidencia sobre el impacto positivo que tienen las regulaciones de alimentos y bebidas en las escuelas sobre la salud de los niños, una medida recomendada por la Organización Mundial de la Salud y los principales organismos internacionales y nacionales dedicados a la salud pública y la nutrición.

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