Catherine Deneve en el festival de Angers el pasado enero. J. F. MONIER/AFP/GETTY IMAGES

Francia es el país que no solo se subió a la ola del #MeToo sino que tuvo su propio hashtag para denunciar abusos, #BalanceTonPorc (denuncia a tu cerdo), con casi medio millón de tuits de denuncias de abusos solo en su primer mes de vida. Y es el país, también, que recibe el primer año de este movimiento feminista que ha atravesado buena parte del planeta con una flamante ley para multar los casos de acoso sexual en la calle y otra serie de iniciativas gubernamentales para alentar la denuncia de abusos machistas. Un antiguo ídolo de masas, el exlíder de la banda Noir Désir Bertrand Cantat, tuvo que acortar su gira tras las múltiples protestas por su vuelta a los escenarios tras matar a golpes a su pareja, la actriz Marie Trintignant, en 2003.

Pero Francia es, también, el país de donde llegó una de las respuestas más virulentas contra esta ola feminista, la tribuna de cien mujeres, entre ellas la actriz Catherine Deneuve o la escritora Catherine Millet, criticando el “puritanismo” sexual del #MeToo y defendiendo “la libertad de importunar” de los hombres. Desde entonces, Francia no ha cesado de debatir sobre el feminismo, sus metas y sus límites. Algo que, para muchas feministas, es ya de por sí un gran avance.

Despertar ciudadano
Como para Marlène Schiappa. Hasta hace no tanto, la secretaria de Estado para la Igualdad Hombre-Mujer se quejaba de que, para ser tomada en serio en lugares como la Asamblea Nacional, tenía que recogerse el pelo en un moño. En los últimos meses, ha vuelto a lucir su melena en cascada. No es casualidad. La responsable de las políticas para la mujer del Gobierno de Emmanuel Macron lleva en el feminismo prácticamente toda su vida y sus proyectos gubernamentales estaban en marcha antes de que estallara el escándalo del productor estadounidense Harvey Weinstein. Con todo, no dudó en aprovechar la ola desatada con el movimiento #MeToo para remover las aguas de una Francia todavía muy estancada en tema de mujeres.

Un año más tarde, afirma, “las cosas se han movido mucho”. Empezando por el sencillo hecho de que “ahora estamos hablando del tema”, señaló a este diario durante la Universidad de verano del feminismo, un evento nuevo en el calendario político francés y fruto en cierto modo, también, de ese debate sobre la mujer y la violencia machista que se ha implantado en el país como nunca antes. “Hace cinco años, cuando escribí Où sont les violeurs? Essai sur la culture du viol (¿Dónde están los violadores, ensayo sobre la cultura de la violación), no encontraba editor, porque todo el mundo me decía que no le importaba a nadie. Unos años más tarde, nadie osa decir que a la gente le da igual las historias de violaciones, de violencia sexual. Al contrario, hay una forma de despertar ciudadano. El #MeToo es un movimiento mundial, pero en algunos países no ha desembocado en nada. Francia ha cambiado”.

Un sondeo de la la Fundación de las Mujeres, el organismo que distribuye los fondos a las asociaciones femeninas, afirma que el #MeToo ha sido, para las francesas, un “desencadenante muy importante y positivo” en sus vidas. En Francia, el 71% de las víctimas de violencias denunciaron los hechos tras la revelación del caso Weinstein. Para casi todas ellas (95,7%), “este movimiento tuvo un efecto beneficioso”, de acuerdo con sus datos. Sin embargo, otra encuesta de la emisora RTL halló que, cuando se pregunta tanto a hombres como mujeres, el 70% de los franceses consideran que el movimiento #MeToo no ha cambiado nada en la lucha contra la violencia machista.

Primeros casos ante la justicia
Desde Nueva York, Sandra Muller se ríe al teléfono al escuchar que algunos dudan de los efectos del #MeToo. “Dicen eso porque en Francia hay una mentalidad un poco negativa”, considera la periodista francesa, creadora de la etiqueta #BalanceTonPorc (denuncia a tu cerdo). “Es cierto que puede haber la impresión de que nada ha cambiado, que los mismos siguen en sus puestos… en Francia las cosas van más lentas. Pero no es verdad que no hayan cambiado las cosas, ahí está Tariq Ramadan”, señala en referencia al controvertido islamólogo suizo, en detención preventiva desde febrero, acusado por varias mujeres de violación. Otras mujeres francesas han salido en los últimos meses a dar la cara y denunciar a grandes figuras del país como el realizador Luc Besson o el actor Gérard Depardieu, ambos bajo investigación.

“Las cosas se mueven a nivel de víctimas porque han empezado a hablar, se mueven a nivel de instituciones porque han intentado dar una respuesta legal a este problema, se mueven, un poco, a nivel de empresas, donde empieza a haber una toma de conciencia, y se mueven también en la justicia en Francia”, sostiene Muller.

Una impresión que comparte otra feminista histórica, Michelle Perrot, que subraya el hecho de que esto haya ocurrido en un país que, históricamente, tiene poco de feminista (las francesas fueron casi las últimas europeas en obtener el derecho al voto, en 1944, recuerda). “El impacto del #MeToo en Francia ha sido considerable, mucho más allá de los círculos feministas”, señala en un correo electrónico. La indignación contra Bertrand Cantat o el impacto del #BalanceTonPorc son muestra de ello, dice la historiadora.

Además, avanza Perrot (Historia de las mujeres en Occidente), es un movimiento que tiene visos de haber llegado para quedarse. “El #MeToo es un acontecimiento importante dentro de una evolución que comenzó hace tiempo, especialmente desde las luchas de los años 70. La conquista de la contracepción y el derecho al aborto, esos son los verdaderos habeas corpus de las mujeres (…) El rechazo al acoso sexual se inscribe en esta perspectiva de larga duración”, analiza. Pero al contrario que otras luchas feministas, la amplitud “social, profesional, geográfica, generacional” que ha tenido el #MeToo hacen de este movimiento “una toma de la palabra de una amplitud inaudita, con consecuencias políticas inesperadas”. Y por todo ello, concluye, el #MeToo es un punto de inflexión cuyo desarrollo “no ha hecho más que comenzar”. En Francia y más allá.

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