Donald Trump tenía un mal presentimiento a principios de año. El pasado enero organizó un retiro para los congresistas republicanos con el objetivo de unir filas para afrontar las midterms de Estados Unidos. “Tenemos que ganar las de mitad de mandato porque si no ganamos… Encontrarán una excusa para destituirme. Me van a destituir”, dijo entonces como un aviso a sus compañeros de partido para que espabilaran ante unas elecciones que aún se antojaban muy lejanas.
“No podemos dejar que olviden que hicimos un trabajo excelente en la frontera”, remachó en unas palabras que parecían premonitorias. El tsunami azul que ha recorrido este martes Estados Unidos ha otorgado a los demócratas el control del Congreso, permitirá que estos condicionen la agenda política del presidente republicano y definan su legado.
“Bueno, estoy un poco sorprendido. Pensé que lo harían mejor. Tuvimos tremendas manifestaciones”, admitió Trump con un tono bajo en una conversación con la cadena Fox News, a la que estuvo sacudiendo durante toda la jornada.
Una de las grandes preocupaciones de estas elecciones cruciales para el futuro del país era la actitud de Trump sobre los resultados. Ha intentado interferir en Alaska ordenando al Departamento de Justicia que bloquee el resultado si pierde el candidato republicano. Sin embargo, de forma inusual, se ha mostrado conciliador en una conversación telefónica que ha mantenido con dos reporteros de The New York Times cuando los resultados de las elecciones ya parecían claros.
“Esperamos con interés colaborar con ellos. Probablemente llegaremos a algún tipo de acuerdo”, ha manifestado el presidente, dejando la puerta abierta a trabajar con los demócratas, a los que ha insultado y menospreciado con palabras gruesas durante la campaña.
Pese a su aparente mano abierta a trabajar con sus oponentes políticos, Trump no se resistió a publicar la imagen de una gorra roja con la palabra “VETO” inscrita en letras blancas, en referencia a la amenaza que lanzó durante la campaña de vetar las leyes que impulse un Congreso de mayoría demócrata.
Antes, no tardó en reaccionar cuando se dio cuenta este martes de que la ola azul barrería el país y pondría en peligro su legado. “¡Yo no aparecía en la boleta electoral y, si hubiera aparecido, habríamos cosechado UNA VICTORIA APLASTANTE!”, escribió a través de su red social, Truth, a pesar de que durante el maratón desesperado que emprendió a principios de octubre para tratar de revertir las encuestas, apeló a los estadounidenses a que votaran como si él estuviera en la papeleta electoral. En pocas semanas recorrió una treintena de Estados convencido de que podría voltear el clima de opinión como ocurrió en las elecciones de 2016 y 2020.
Pero el descontento de los estadounidenses con la inflación y la frustración por el coste de la vida, los aranceles y la guerra contra Irán han golpeado al republicano, arrastrándolo a las cotas de popularidad más bajas de la historia para un presidente en vísperas de unas midterms.
El mandatario republicano no ocultaba su inquietud ante la jornada electoral. Ha mantenido una actitud compulsiva con cerca de 200 publicaciones en Truth apoyando a los candidatos republicanos y atacando a los demócratas. Pero su esfuerzo ha sido infructuoso. Los demócratas han logrado arrebatar el Senado a los conservadores y han obtenido una holgada mayoría en la Cámara de Representantes. Su victoria frustra las aspiraciones de Trump de pasar sus dos últimos años de mandato tranquilo, dedicado a remodelar la arquitectura de Washington, una actividad que parece que es lo único que realmente le interesa.
Se abre una nueva era en el partido
Con Trump convertido en un pato cojo, como se conoce a los políticos en su último tramo de mandato sin posibilidad de volver a presentarse a otras elecciones, la derrota en las midterms abre la carrera por la sucesión en el Partido Republicano de cara a las presidenciales de 2028. Un partido en el que Trump ya no será candidato, con una edad avanzada, y con una larga lista de cadáveres políticos en el armario.
“Voy a convertirme en un analista político, tanto para bien como para mal, sobre las razones por las que estos candidatos ganaron y perdieron”, escribió más tarde en su red social después de atacar al gobernador republicano de Texas, Greg Abbott, que acaba de perder el cargo en favor de la demócrata Gina Hinojosa, en unas elecciones históricas.
“Si no se hubiera convertido en un republicano moderado en los últimos seis meses de su carrera política, no habría perdido. Volvió a su fórmula original, ¡y no fue nada agradable!“, criticó Trump, obviando que fue su decisión de respaldar a Ken Paxton, un controvertido fiscal general de Texas, envuelto en varios escándalos, en detrimento de John Corbyn. La decisión ha terminado por arrastrar a Abbot a la debacle republicana.
Trump ha explicado que no se arrepiente de haber impuesto a candidatos como Darline Graham, que ha perdido la carrera al Senado por Carolina del Sur, probablemente la gran sorpresa de la noche, y a Ken Paxton, el aspirante de Texas, que ha protagonizado una de las grandes derrotas de la noche.










