
– Bolsonaro desconoce, ¿y Trump?
– Brasil-México, eje progresista
– Taddei, renuncia y lección
Una remontada histórica en segunda vuelta (3.5 por ciento de diferencia), entre pronósticos de casas encuestadoras a favor del junior Flávio Bolsonaro, representante de la corriente ultraderechista que de inmediato comenzó a tratar de erosionar el triunfo del ex dirigente sindical, con la expectativa de que Donald Trump desconozca los resultados y patrocine una crisis política despechada.
Una notable concurrencia de votantes (la abstención fue menor a 20 por ciento, y también se redujeron los votos nulos y en blanco), la cual hizo al bolsonarismo boicotear el servicio de transporte público (que debe ser gratuito en día electoral) para impedir que seguidores de Lula pudieran llegar a las casillas a depositar su voto. Ello llevó a que ante la facciosa inacción del bolsonarista presidente del Supremo Tribunal Electoral, Kássio Nunes, entrara en acción el ministro Cristiano Zanin, del Tribunal Superior Federal, para alargar durante dos horas la recepción de sufragios.
Este enredo judicial pretende ser invocado por el bolsonarismo como argumento para el desconocimiento de los resultados y “pedir” a Trump que actúe en consecuencia. El propio Flavio Bolsonaro se negó anoche a aceptar los números que le son desfavorables y calificó de “canallada” que se hubieran asignados dos horas más para votaciones, aunque él mismo pidió ayer la misma medida.
Los presidentes de Estados Unidos y de Argentina son parte notable del elenco derrotado: el segundo, en términos grotescos que le son usuales, cada vez más trastornadas sus expresiones públicas; el segundo, tendrá en Lula a un adversario reforzado por la hazaña electoral, que más allá de las circunstancias difíciles en que transcurrirá su cuarto periodo presidencial (con un bolsonarismo mayoritario en el Congreso y en otros espacios de mandos regionales), tendrá un liderazgo central en el progresismo continental.
El desenlace brasileño, a contrapelo de las estimaciones de la gran mayoría de las casas encuestadoras, tendrá impacto también en México, donde abundaron las voces que auguraban una inminente condición solitaria de México como entidad izquierdista si se materializaba la derrota de Lula, que no se dio. La presidenta Sheinbaum formará con su contraparte sudamericana el eje de defensa de posiciones progresistas, en el marco de recientes victorias electorales de ultraderechas en el subcontinente, impulsadas abierta e ilegalmente por Trump, pero que muy rápidamente están descomponiéndose a causa de su origen ilegítimo y su desconexión de los genuinos intereses populares.
Con una sincronía que debería llevar a reconsiderar críticamente los aspectos negativos del proceso llamado Cuarta Transformación, la consejera presidenta del Instituto Nacional Electoral (INE) anunció que hoy dejará su cargo, en medio de una demoledora difusión de datos y videos que la mostraron en situaciones indicativas de corrupción a partir de su intensa relación personal con un contratista favorecido continuamente por la propia Guadalupe Taddei Zavala.
La caída de Taddei debe analizarse no sólo a partir de videograbaciones rayanas en el ridículo, sino, sobre todo, del absoluto sentido de impunidad que puede mover a personajes dotados de gran poder por el proceso 4T, como la consejera presidente del INE. No se aloja solamente en la cúpula del INE ni en la familia sonorense Taddei, ampliamente extendida en nóminas guindas, el contratismo corrupto, en el caso de la consejera presidenta, otorgado a contentillo incluso amoroso y generador de situaciones videograbadas tan memorablemente lamentables (“París a tus pies, chamaquito”: el contratista a uno de los hijos de la contratante novia funcionaria). ¡Hasta mañana!
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