Luis Donaldo Colosio Riojas habla en la Sesión de Congreso, junto a Guadalupe Araceli Mendoza Arias este martes. Mario Jass (Cuartoscuro)

Los altavoces y el ataúd no entraron al salón de plenos. Los priistas habían preparado una entrada ruidosa para la sesión de Congreso General con motivo de la entrega del segundo informe de Gobierno de Claudia Sheinbaum. Los instrumentos formaban parte del performance con el que pretendían romper el trámite institucional. Antes de que la escena se concretara, Ricardo Monreal, el coordinador de Morena en la Cámara de Diputados, operó rápidamente para bajar la temperatura antes del inicio de la sesión.

Aunque la estridencia física fue contenida, la política, no. Una vez instalados en el pleno, PAN, PRI y Movimiento Ciudadano (MC) encontraron el lugar que les queda cuando la aritmética parlamentaria no alcanza para alterar las decisiones de una mayoría aplastante: la tribuna. Desde ahí, la oposición convirtió la entrega del informe en un inventario de agravios contra la Administración de Sheinbaum y contra el partido oficialista.

Las cifras, los programas y los resultados pasaron a segundo plano. El bloque opositor llevó a la tribuna los escándalos, las contradicciones y las cuentas pendientes del partido gobernante. La sesión por la entrega del documento presidencial terminó funcionando menos como una ceremonia de rendición de cuentas y más como un terreno de batalla para la oposición.

Luis Donaldo Colosio Riojas, a nombre de MC, desmontó el discurso de la autonombrada Cuarta Transformación: “Es curioso que un Gobierno que se determina de la transformación conserve intacto el sistema de privilegios”, dijo. El tono se agravó cuando habló de la Fiscalía General de la República de Ernestina Godoy. “Es curioso que la Fiscalía, ciega y lentísima para atender las denuncias de los ciudadanos, sea tan rápida cuando se trata de perseguir a un adversario o un aliado”, señaló.

Con todo, el mensaje del partido naranja no fue una condena absoluta al Gobierno. Colosio trazó una frontera: la soberanía. “Existe un terreno en donde no cabe la palabra oposición, en donde solo cabe la palabra México”, dijo para marcar la pauta. “Nosotros vamos a buscar siempre la amistad de nuestros vecinos, pero el día en que esos vecinos se comportan como agresores, la patria es primero”, zanjó el senador.

El mensaje de Colosio encontró un eco distinto en Alejandro Moreno. El dirigente nacional del PRI y senador convirtió el discurso en una declaración de guerra electoral. El polémico líder priísta acusó a los gobiernos de Morena de actuar de manera “autoritaria y totalitaria” con el propósito de “exterminar al PRI y a toda la oposición”. Su defensa se extendió más allá de él. “Nos persiguen porque quieren callarnos”, lanzó.

Desde ahí saltó a otro terreno, el electoral. Para lanzar lo que pareció más que un guiño, un llamado desesperado. Los comicios de 2027, dijo, serán el primer gran momento para demostrar que la oposición puede regresar. Insistió en la gran alianza opositora como la única vía para recuperar la mayoría del Congreso. Tres años después, adelantó, llegará el objetivo mayor. “Le vamos a ganar la presidencia de la república”, dijo entre risas de los legisladores oficialistas. De paso, reconoció la sombra del pasado priista. “Los errores que conoció el PRI en el pasado no los volveremos a cometer”, sostuvo.

Ricardo Anaya, el coordinador de la bancada del PAN en el Senado, tomó otro camino, menos estridente, pero no por eso menos confrontativo. Dijo que llegaba con una sola idea: juzgar al Gobierno con sus propias promesas. “No mentir, no robar, no traicionar al pueblo”, resumió, para después contrastar esos compromisos con las cifras y documentos de la Administración de Sheinbaum.

El senador panista acusó al Gobierno de maquillar las cifras de homicidios y puso en el centro de su discurso la seguridad, las aduanas y la relación entre soberanía e impunidad. También lanzó una de las acusaciones más contundentes de la oposición. “Ernesto Ruffo es un preso político de este Gobierno”, dijo al referirse a la detención del exgobernador de Baja California, acusado por la Fiscalía de encabezar una red de huachicol fiscal. Anaya colocó de frente el caso de Rubén Rocha Moya, el gobernador con licencia de Sinaloa, acusado por el Departamento de Seguridad de Estados Unidos, junto con nueve funcionarios más, de vínculos con una facción del Cartel de Sinaloa.

La respuesta de Morena llegó de la senadora Martha Lucía Micher. La legisladora reivindicó al Gobierno frente a las acusaciones de la oposición y lanzó una advertencia: “La paz no se construye declarando una guerra ni convirtiendo la violencia en propaganda”. Desde la tribuna, rechazó los reproches de quienes, dijo, pusieron la seguridad nacional en manos de Genaro García Luna, condenado en Estados Unidos por sus vínculos con el Cartel de Sinaloa. El intercambio cerró así una jornada en la que la oposición llevó a Morena al banquillo.