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Durango comienza a sentir el costo de la desaceleración económica

DURANGO, DGO.- La economía de Durango comienza a enviar señales que trascienden las cifras oficiales. Mientras continúan llegando inversiones y se mantienen proyectos de desarrollo industrial, diversos indicadores locales muestran que la presión económica ya se refleja en el consumo, el empleo y la capacidad de las familias para cubrir sus necesidades básicas.

Uno de los primeros síntomas aparece en el comercio. Pequeños negocios reportan una disminución en las ventas que ha obligado a algunos establecimientos a reducir personal para mantener su operación. Al mismo tiempo, especialistas advierten que el incremento en el precio de los alimentos sigue erosionando el poder adquisitivo de los hogares, obligando a muchas familias a modificar sus hábitos de consumo.

La dimensión social del problema también comienza a hacerse más evidente. El Banco de Alimentos de Durango estima que más de 350 mil personas enfrentan dificultades para acceder diariamente a una alimentación suficiente, una cifra que revela el tamaño de la vulnerabilidad económica que existe en la entidad. A ello se suma la incertidumbre que vuelve a afectar al sector ganadero, donde productores denuncian nuevamente amenazas y presiones para controlar la comercialización del ganado.

Frente a este escenario, la inversión anunciada para la nueva planta Eco Cab MX, con una bolsa de 540 millones de pesos y la generación de más de 200 empleos directos, representa una señal positiva para la economía regional. Sin embargo, el reto será que este tipo de proyectos logren traducirse en una recuperación que alcance a los pequeños negocios, al campo y a las familias que hoy enfrentan mayores dificultades.

La Clave

La desaceleración económica ya dejó de ser una discusión reservada para especialistas. Hoy empieza a sentirse en el bolsillo de los duranguenses: menos consumo, negocios que ajustan su plantilla, alimentos más caros y un número creciente de personas que requieren apoyo para alimentarse. El desafío para los próximos meses no será únicamente atraer nuevas inversiones, sino conseguir que sus beneficios lleguen a la economía cotidiana de las familias.