
Keir Starmer dimitirá como primer ministro del Reino Unido como líder del Partido Laborista tras reconocer que había perdido la confianza de su grupo parlamentario para seguir gobernando.
En una declaración ante la residencia oficial de Downing Street, el jefe del Gobierno dijo que ya había comunicado su decisión al rey Carlos III, jefe del Estado británico, y que hará todo lo posible para conseguir una transición “ordenada” al frente del Ejecutivo.
“Cada decisión que he tomado ha sido anteponiendo el país que quiero. Por eso, renunciaré como líder del Partido Laborista”, dijo Starmer visiblemente emocionado ante las cámaras de televisión y rodeado de sus ministros y el personal que trabaja en Downing Street.
Keir Starmer consiguió en julio de 2024 una aplastante victoria en las elecciones generales británicas, poniendo fin a 14 años de Gobiernos conservadores, pero poco después el apoyo al dirigente laborista fue descendiendo, mientras crecía el del partido populista de derechas Reform UK.
Estas son algunas de las principales controversias que han debilitado la gestión de Starmer:
El Gobierno se enfrentó a un golpe ético a su llegada a Downing Street, tras revelarse que Starmer y varios de sus ministros aceptaron lujosos regalos, ropa y entradas para eventos musicales.
La administración de Starmer impulsó recortes impopulares del Estado del Bienestar, como cambios en el subsidio de combustible para los pensionistas, lo que erosionó su apoyo entre parte del electorado y el laborismo.
También subió los impuestos en las herencias de propiedades familiares en el sector agrícola, lo que provocó protestas en gran parte del país y un gran descontento del sector agroalimenatario.
Starmer se vio obligado a dar marcha atrás, debido a la presión política, en lo referente al límite de subsidios para las familias con un tercer hijo. Ese intento de limitar la ayuda fue eliminado el pasado abril.
Angela Rayner dimitió como viceprimera ministra británica tras verse envuelta en un escándalo fiscal relacionado con el impago de impuestos sobre una propiedad personal, que después resolvió.
Las discrepancias sobre el presupuesto de Defensa motivaron malestar. Las Fuerzas Armadas estimaaron que se requería un incremento de 28 mil millones de libras (32 mil 200 millones de euros) en los próximos cuatro años para cumplir sus compromisos estratégicos, pero Starmer solo reservó entre 10 mil y 13 mil 500 millones de libras (entre 11 mil 500 y 15 mil 525 millones de euros), en un contexto de déficit fiscal.
La fuerte polémica por la designación del antiguo ministro laborista Peter Mandelson como embajador británico en Estados Unidos, a pesar de que se conocían sus vínculos con el fallecido pederasta convicto estadounidense Jeffrey Epstein.
La dimisión de dos importantes ministros, Wes Streeting (Salud) y John Healey (Defensa), por desacuerdos con la gestión del primer ministro. Varios secretarios de Estado también renunciaron.
Aunque Starmer inició su mandato consiguiendo una buena relación con el presidente estadounidense, Donald Trump, con el que llegó a alcanzar un pacto comercial, en los últimos meses ese vínculo sufrió un retroceso después de que el primer ministro se negase a participar en la guerra iniciada por Estados Unidos e Israel contra Irán, como hicieron también otros países europeos.













