En Durango se ha construido una narrativa conveniente: el gobernador Esteban Villegas Villarreal es “el Gigante”, “el Patrón”, el hombre al que solo hay que avisarle para que los problemas se resuelvan.
Pero hay un problema que ya lo desmiente.
El adeudo de seguros de vida a jubilados no solo sigue vigente, sino que se ha convertido en un símbolo incómodo de lo que el poder no ha querido —o no ha podido— resolver. Y no, no es un asunto nuevo. Viene arrastrándose desde la administración de José Rosas Aispuro Torres, donde se acumularon pasivos laborales en medio de déficits estructurales.
Hasta ahí, el argumento oficial tiene sentido.
Lo que ya no se sostiene es lo que viene después.
Han pasado más de tres años del actual gobierno y el problema sigue sin cerrarse. El reclamo visible es de 2.5 millones de pesos por seguros pendientes. Pero el dato que realmente pesa es otro: el rezago completo supera los 13 millones de pesos, con decenas de pólizas sin pagar.
No estamos hablando de un olvido administrativo. Estamos hablando de una deuda que el Estado decidió no priorizar.
Y hay algo todavía más grave: ese dinero sí salió de los trabajadores. Fue retenido. Descontado. Comprometido para seguros y préstamos que simplemente no llegaron a su destino. Hoy, esos mismos jubilados están atrapados en una paradoja inaceptable: no pueden cobrar lo que pagaron y, al mismo tiempo, arrastran deudas que crecieron hasta volverse impagables.
Eso tiene un nombre más claro que “rezago”: abuso institucional.
Frente a eso, la narrativa del “Gigante” suena cada vez más hueca. Porque si el poder es tan vertical y eficaz como se presume, entonces no hay margen para excusas heredadas. Hay margen, en todo caso, para responsabilidades no asumidas.
Gobernar no es repetir que “si me dicen, lo arreglo”. Gobernar es que, después de tres años, el problema ya no exista.
Y aquí sigue.
El discurso aguanta. La realidad no.
Porque mientras desde el poder se insiste en una imagen de control absoluto, en la práctica hay jubilados protestando por algo elemental: que les paguen lo que ya es suyo. Que se cumpla lo que el propio gobierno descontó. Que se cierre una deuda que nunca debió existir.
El “Gigante” puede sostenerse en el discurso.
Pero en los hechos, hay deudas que simplemente no ha querido cargar.















