El presidente chino, Xi Jinping, en la sesión de la Asamblea Nacional Popular el año pasado, en Pekín.MARK SCHIEFELBEIN / AP

China inaugurará este viernes la sesión anual de su Asamblea Nacional Popular (ANP, el Legislativo chino), en la que se espera que estreche aún más su control político sobre Hong Kong. La solemne reunión de los principales líderes del país y cerca de 3.000 delegados en el Gran Palacio del Pueblo de Pekín tiene este año una importancia especial para el Gobierno de Xi Jinping: además del equivalente al discurso sobre el estado de la nación que pronunciará, como cada año, el primer ministro Li Keqiang, se presentará en ella el nuevo plan quinquenal, con el que dirigirá la economía nacional hasta 2025. Y, apenas meses antes del centenario de la fundación del Partido Comunista de China querrá proyectar una imagen de confianza y poderío.

La sesión, que se clausurará el próximo día 10 y que ha llenado la plaza de Tiananmen de banderas rojas, se desarrollará marcada por unas estrictas medidas de seguridad para evitar posibles rebrotes de covid, aunque el país ha dado ya la enfermedad por casi totalmente controlada dentro de sus fronteras. El año pasado, esta reunión -el principal acontecimiento político del año en China- se vio pospuesta dos meses por la pandemia.

Sobre la mesa de asuntos a debatir -y a aprobar, en un Parlamento en el que en cada votación apenas se registra un puñado de “noes”- se encuentra una profunda reforma del sistema electoral hongkonés. El objetivo, impedir que la oposición demócrata, ya muy debilitada desde que el año pasado la ANP aprobara la draconiana ley de Seguridad Nacional para Hong Kong, pueda acceder al poder mediante las urnas.

El responsable para Hong Kong en el Gobierno chino, Xia Baolong, ya lo adelantaba la semana pasada: solo los “verdaderos patriotas” -aquellos que amen a la madre patria china y apoyen al Partido Comunista- podrán representar al territorio autónomo en cualquier área de poder, sea ejecutiva, legislativa o judicial. Este fin de semana representantes del Gobierno hongkonés y de las autoridades chinas se reunían en la ciudad fronteriza de Shenzhen para abordar el asunto.

“A quienes se les opongan… no se les permitirá tener parte en el poder político de la Región Administrativa Especial de Hong Kong (el nombre oficial de la antigua colonia británica). Ni ahora, ni nunca”, declaraba Xia en su discurso.

Entre las posibilidades que se barajan para esa reforma se encuentra la supresión de los 117 cargos de concejal de distrito, el nivel más bajo de Gobierno, pero el único que se decide por votación popular pura. También podría eliminarse la presencia de representantes de la oposición en el comité de 1.200 notables encargados de designar al jefe del Ejecutivo autónomo. A ello se sumarían otra serie de provisiones para evitar que los candidatos demócratas pudieran hacerse con la mayoría en el Consejo Legislativo (LegCo), el Parlamento hongkonés de 70 escaños.

La sesión de la ANP se estrenará cinco días después de que 47 de los principales representantes de la oposición -desde el exlíder estudiantil Joshua Wong, de 23 años, a veteranos políticos- quedaran formalmente imputados bajo la ley de Seguridad Nacional del cargo de “conspiración para subvertir el poder del Estado”. La acusación, que puede acarrear la cadena perpetua si se les declara culpables, se relaciona con la supuesta participación de estos políticos y activistas en la celebración de unas elecciones primarias informales en verano del año pasado. Con ellas se quería seleccionar una candidatura única que diera más oportunidades de triunfo a la oposición en los comicios legislativos previstos en septiembre de 2020. Finalmente, las legislativas se aplazaron un año con el argumento de la lucha contra la covid; en noviembre, toda la bancada demócrata presentó su dimisión en el LegCo.

“Pese a su amplitud, la ley de Seguridad Nacional nunca se pensó para controlar la disidencia y garantizar un mandato centralizado sobre Hong Kong por sí sola. Desde hace tiempo se han estado preparando otras medidas de apoyo. La Unión Europea debe estar preparada para el hecho de que la ANP seguirá utilizando su poder legislativo para cambiar el orden político y constitucional de Hong Kong”, advierte la analista Katja Drinhausen, en un informe del think-tank alemán Merics.

La reunión en el Gran Palacio del Pueblo comenzará con el discurso de Li Keqiang, en el que se espera que dé pistas sobre las prioridades económicas y políticas para los próximos 12 meses. Se da por seguro que, a diferencia de lo que venía siendo tradicional, no ofrecerá una cifra como objetivo de crecimiento, como ya ocurrió el año pasado debido a la pandemia.

Pero el plato fuerte será la presentación del 14 plan quinquenal y de la “visión para 2035”, que guiará la economía durante los próximos 15 años, el plazo que se ha fijado para lograr la “modernización socialista”. En ese tiempo, como ya indicó el presidente chino, Xi Jinping, en noviembre pasado, al adelantar las líneas maestras de ambos documentos, Pekín aspira a doblar su PIB per cápita. Se espera que la sesión aporte pistas sobre qué tipo de inversiones y prioridades de política económica piensa adoptar para conseguirlo.

Ya ha aportado algunas claves. Entre otras cosas, se centrará en cumplir sus compromisos sobre el clima. Estos incluyen alcanzar la neutralidad de carbono para 2060, todo un desafío para el mayor emisor del mundo, que continúa teniendo en el carbón su principal fuente de energía.

También prevé impulsar la innovación tecnológica y científica, que espera convertir en el motor de su economía durante los próximos tres lustros. Con ello, aspira a reducir su dependencia del exterior en sectores clave -semiconductores, por ejemplo- y blindar su economía frente a turbulencias externas, una necesidad que le quedó patente durante su guerra comercial y tecnológica con Estados Unidos.

Junto al desarrollo de la alta tecnología, otras prioridades clave serán la autosuficiencia y el impulso del consumo interno, el circuito principal de la “circulación dual” -el segundo está formado por los intercambios con el exterior- que prevé como su estrategia económica de los próximos años. También buscará el “crecimiento cualitativo”, que disminuya las brutales diferencias de desarrollo y oportunidades entre el campo y la ciudad, y los desequilibrios en los ingresos. Algo que no solo permitirá aumentar el consumo interno, sino que facilitará la estabilidad social, la gran prioridad del Gobierno chino.

A lo largo de la sesión, y de cara al centenario del partido el próximo 23 de julio, el Gobierno chino presentará una imagen de firmeza de su líder, Xi Jinping, y éxito de su sistema, al que atribuye “ventajas institucionales” que han permitido el triunfo casi completo de la lucha contra la covid y una situación de crecimiento -un 2,3% el año pasado- que el resto de las grandes economías no ha podido conseguir en 2020, lastradas por la pandemia.

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“El mundo atraviesa profundos cambios, pero el tiempo y el impulso juegan a nuestro favor”, aseguraba Xi en un discurso en enero, durante una reunión para preparar el plan quinquenal. “Aquí es donde mostramos nuestra convicción y resistencia, así como nuestra determinación y confianza”, agregaba. Estos días, las gigantescas salas del Gran Palacio del Pueblo escucharán palabras similares.

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