Bernie Sanders, este domingo en un mitin en el campus de la Universidad de Michigan en Ann Arbor. En vídeo, declaraciones previas a la próxima ronda de las primarias en el cinturón de Michigan. (FOTO: RENA LAVERTY |

Joe Biden y Bernie Sanders afrontan este martes un nuevo e importante asalto de las elecciones primarias para elegir al candidato demócrata a la Casa Blanca. El vicepresidente de la Administración de Obama llega con ventaja respecto al senador izquierdista de Vermont tras el agitado supermartes de la semana pasada, que cambió las tornas y reactivó a Biden. Esta vez se baten en seis estados, pero todos los ojos están puestos en Michigan, un territorio industrial y eminentemente demócrata que Sanders ganó en las primarias en 2016 y, luego, resultó clave en la victoria de Donald Trump en las presidenciales.

Michigan ocupa un lugar principal en el trauma demócrata de hace cuatro años, cuando Hillary Clinton, una candidata experimentada, que lideraba las encuestas y estaba arropada por todo el partido, perdió contra un magnate estrambótico, aislado por el establishment republicano. Este bastión del cinturón fabril estadounidense llevaba votando a un presidente demócrata desde 1992 y el 8 de noviembre de 2016 resultó en unos de los tres Estados que, por apenas 80.000 votos, decidieron la suerte de la primera potencia mundial.

Aunque Clinton venció por cerca de tres millones de votos individuales o populares en el conjunto del país, Trump se hizo con Michigan por 10.704 votos (0,2 puntos porcentuales), con Pensilvania por 46.765 (0,7 puntos) y con Wisconsin por 22.177 (0,8 puntos), que le reportaron 46 votos electorales e inclinaron la balanza en su favor. Si la exsecretaria de Estado hubiese sacado tan solo un punto más en cada uno de esos territorios, hoy sería la presidenta de EE UU.

Aquella victoria de Sanders en las primarias de dos de ellos (Michigan y Wisconsin) es uno de los grandes argumentos de su campaña y sus seguidores para defender las posibilidades del senador de derrotar a Trump ante los temores de los demócratas tradicionales, que creen que un candidato de agenda socialista puede favorecer la reelección del republicano. El mandatario se lanzó sobre este territorio del Medio Oeste, cuna de la capital automovilística de Detroit, a la caza de los trabajadores indecisos de la industria, muy castigados por la ola de deslocalizaciones que trajo la globalización.

Sanders, que coincidía entonces en su discurso crítico de los grandes tratados comerciales y los efectos en la clase media, ha reforzado ese mensaje ahora. El senador atacó este fin de semana los “desastrosos acuerdos como el Nafta”, el nombre del gran marco entre Canadá, EE UU y México de 1994 que acaba de ser reformulado y rebautizado como USCMA, en sus siglas en inglés. “Votar una agenda progresista, que los estadounidenses apoyan, no es arriesgado, lo arriesgado es nominar a un candidato que apoyó la guerra de Irak, acuerdos desastrosos como el Nafta y el rescate de Wall Street”, insistió el senador este lunes.

Mientras, Biden ha desembarcado en esta zona caliente con una buena muestra de sus nuevos aliados y hasta hace poco rivales. Cory Booker es el último de los siete excandidatos presidenciales que apoya al exvicepresidente. Tanto este como a Kamala Harris y Amy Klobuchar han acudido a hacer campaña por él.

Michigan es el Estado más importante de este martes por población y número de compromisarios que reparte (125 de los 1.991 necesarios para ganar la candidatura), seguido de Washington (89), Misuri (68), Misisipi (36), Idaho (20) y Dakota del Norte (14). Reducida la contienda a los dos aspirantes, las encuestas conceden ventaja a Biden en Michigan, Misuri y Washington (de 22, 18 y dos puntos porcentuales, respectivamente), pero los datos son escasos, ya que las primarias dieron un cambio radical en cuestión de tres días.

La retirada de precandidatos considerados moderados (Pete Buttigieg, Amy Klobuchar y Tom Steyer) favoreció a Biden en el supermartes de la semana pasada y ganó en 10 de los 14 Estados en juego. Retirado ahora también Mike Bloomberg, esa tendencia puede reforzarse. Mientras, Sanders intentará captar votos de la senadora de Massachusetts Elizabeth Warren, que se apeó de la carrera el jueves.

Las señales de las elecciones legislativas de 2018 tampoco son halagüeñas para el senador. La moderada Gretchen Whitmer ganó holgadamente la gubernatura de Michigan, frente a Abdul El-Sayed, un progresista apoyado por Sanders que defendió durante la campaña planes como el de la sanidad pública universal. También otras moderadas como Haley Stevens o Elissa Slotkin se hicieron con el escaño en la Cámara de Representantes, si bien la congresista Rashida Tlaib, gran aliada del senador, también salió de esa hornada.

Volver a ganar Michigan (y Wisconsin) reforzaría los argumentos del senador socialdemócrata. Perder cuatro años después contra la vieja guardia del partido -y, sobre todo, un símbolo de la era Obama- le dejaría muy debilitado, con la única opción de recuperarse en el duelos de 17 de marzo, cuando se celebren primarias en Estados tan importantes como Arizona, Florida, Illinois y Ohio.

Hace cuatro años, la victoria de Sanders -y posteriormente de Trump en Michigan- resucitó la idea de los demócratas reaganianos, un fenómeno identificado en 1985 en un condado de Michigan (Macomb) por el analista Stanley Greenberg, en referencia a las familias trabajadoras que abandonaron al Partido Demócrata demócrata para votar a Ronald Reagan. Aquellas primarias encendieron las alarmas por el descalabro entre los votantes independientes (solo el 28% apoyó a Hillary Clinton, según las encuestas a pie de urnas de la NBC) y entre los menores de 45 años (32%).

Sanders arguye que puede reconquistar a los demócratas trumpianos e impulsarse con la movilización del voto joven, es decir, agitando nuevos yacimientos de votantes. Sin embargo, los datos del pasado supermartes (cuando se repartieron más de 1.300 delegados en 14 Estados) no tampoco animan a Sanders de cara a Michigan y el resto de partidas que se juegan este martes. En ningún Estado los votantes menores de 30 años supusieron más del 20% del electorado.

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