Rumbo a su casi segura reelección, con datos de que el Senado lo iba a exonerar y con bancadas legislativas fracasadas en migración, el presidente Donald Trump mandó un mensaje directo a México en materia de migración: la revalidación del destino manifiesto que conquistó el oeste en la primera mitad del siglo XIX y le quitó a México la mitad de su territorio y la invocación al Alamo.

Fueron 30 palabras:

“Este (EE. UU.) es el lugar donde los peregrinos desembarcaron en Plymouth y donde los patriotas de Texas hicieron su última parada en el Alamo (aplausos), la hermosa, hermosa Alamo”.

El Alamo, un pequeño territorio en lo que hoy es San Antonio Texas, representa el símbolo del expansionismo estadunidense: los texanos se declararon como república independiente al derrotar a Santa Ana en 1836; en febrero llegó el presidente Santa Anna al mando del ejército mexicano, la batalla en la misión de El Alamo masacró a los texanos, Santa Anna se retiró satisfecho a acampar en San Jacinto, los texanos rehicieron tropas y aplastaron a Santa Anna por descuido en la instalación del campamento, Santana fue hecho peso y obligado a firmar el Tratado de Velasco donde reconocía la independencia y se comprometía a no regresar a los EE. UU., México desconoció el Tratado, Texas funciono como república independiente hasta que en 1845 el presidente Polk la anexó a los EE. UU., México protestó y fue derrotado en la guerra de 1846-1847 y obligado a firmar el Tratado de Guadalupe-Hidalgo para entregar ese territorio mexicano.

Todo el expansionismo estadunidense comenzó en El Alamo; de ahí la importancia el recuerdo de Trump a “la hermosa Alamo”. Y como para que no hubiera duda del espíritu de Alamo que anima la relación de Trump con México, el mandatario estadunidense pasó a renglón seguido a fijar su política migratoria:

“La nación estadounidense fue tallada en la vasta frontera por los hombres y mujeres más duros, fuertes, feroces y decididos a caminar sobre la faz de la Tierra. Nuestros antepasados ​​desafiaron lo desconocido; domesticado el desierto; se instaló el salvaje oeste; sacó a millones de la pobreza, la enfermedad y el hambre; venció la tiranía y el fascismo; condujo al mundo a nuevas alturas de la ciencia y la medicina; dejó los ferrocarriles, desenterró los canales, levantó los rascacielos. Y, damas y caballeros, nuestros antepasados ​​construyeron la república más excepcional que haya existido en toda la historia humana, y la estamos haciendo más grande que nunca. (Aplausos).

“Esta es nuestra herencia gloriosa y magnífica. Somos americanos. Somos pioneros. Somos los pioneros”.

Nunca algún presidente estadunidense había invocado al Alamo para establecer su política migratoria. Por el Alamo México perdió la mitad de su territorio. Y el espíritu del Alamo, el de la apropiación del territorio quitándoselo a los mexicanos definió lo que la memoria mexicana caracterizó como el conflicto histórico con los EE. UU., el mismo que los gobiernos de De la Madrid y Salinas borraron de la memoria mexicana para lograr la integración comercial con el Tratado en 1991-1993.

Ahora Trump se olvida del espíritu de Houston de 1988 entre los presidentes electos Carlos Salinas de Gortari y George Bush Sr. que condujo al Tratado comercial iniciado en 1994. Ese espíritu fue siempre un fantasma del pasado: Sam Houston fue el político que combatió por la independencia de Texas, fue derrotado por Santa Anna en el Alamo y luego rehízo sus tropas para arrestar a Santa Anna en San Jacinto. Como senador ya del estado estadunidense de Texas, Houston avaló la conquista de territorio mexicano. Y por ello Texas le dio su nombre a una de sus más importantes ciudades.

En su tercer informe sobre el estado de la Unión, Trump repitió su estrategia de presión a México para contener migrantes, cerrar la frontera y aislarse de la comunidad hispana del sur del Río Bravo. La invocación al Alamo fue, en este contexto, una definición estratégica: centralizar el espíritu de la conquista de Texas como perfil de la política migratoria que México violentó en 2019 cuando abrió la frontera sur a centroamericanos que aglomeraron la frontera estadunidense tratando de volarse sin pasar por las reglamentaciones migratorias fronterizas.

Así pues, la política migratoria de Trump se resume en tres palabras: remember The Alamo.

La rabia de Pelosi. ¿Pensó Nancy Pelosi en abofetear a Trump? Su frase al salir del Congreso fue enigmática: «Fue lo más cortés (romper el discurso) de hacer considerando la alternativa«. ¿La alternativa posible era golpear a Trump, escupirle, tirarle los pedazos de su discurso en la cara? Pelosi estaba furiosa y llorando.

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