Simpatizantes de Trump protestan contra el ‘impeachment’, frente al Capitolio el pasado octubre. CARLOS JASSO REUTERS

El impeachment contra Donald Trump, un mecanismo extraordinario que puede suponer la destitución de un presidente, está a punto de convertirse en un hecho. La Cámara de Representantes ha convocado para este miércoles la votación de los cargos contra el mandatario, que saldrá adelante con la mayoría demócrata y llevará al Senado el juicio político. Los senadores deben dilucidar si Trump cometió abuso de poder y obstrucción al Congreso en el escándalo de Ucrania, pero el procedimiento nace herido de tribalismo: los republicanos han avanzado que coordinan el asunto con la Casa Blanca y piensan absolver a Trump, mientras los demócratas acusan al magnate de traición.

El proceso, de momento, está sacando de quicio a un presidente de por sí histriónico. El pasado jueves, día del debate en el Comité Judicial para aprobar los dos cargos, batió su récord de mensajes en Twitter: antes de las diez de la mañana, ya había tuiteado o retuiteado 87 veces y, al acabar la jornada, lo había hecho 123. Este domingo, con la sombra del impeachment ya más cerca, lanzó un ataque grosero contra la presidenta de la Cámara de Representantes, la demócrata Nancy Pelosi, llamativo incluso para los estándares trumpistas. Un periodista había publicado un vídeo de la demócrata, dando explicaciones de por qué no había cargo formal de cohecho contra Trump, cuando ella lo había señalado sin ambages días atrás, y Trump lo reprodujo con un “¡Porque los dientes de Nancy se le estaban cayendo y no tenía tiempo para pensar!”.

El exabrupto, espontáneo o calculado, da una idea de los mimbres con los que se va a desarrollar el juicio político contra Trump, uno muy singular, pues el desenlace de la votación previa ya se conoce —la Cámara de Representantes, de mayoría demócrata, impulsará los cargos— y el veredicto parece escrito: el Senado, controlado por los republicanos y donde se celebra el juicio propiamente dicho, absolverá al presidente.

Los demócratas acusan a Trump de abuso de poder por haber presionado al presidente ucranio, Volodímir Zelenski, para que anunciase dos investigaciones que le beneficiarían electoralmente: una, sobre su rival político, el demócrata Joe Biden, y el hijo de este, Hunter; y otra, sobre una teoría desacreditada según la cual una trama ucrania interfirió en las elecciones presidenciales de 2016 para tratar de favorecer a los demócratas. La acusación sostiene, además, que utilizó ayudas militares y una invitación a la Casa Blanca como moneda de cambio.

Este impeachment, el tercero de la historia estadounidense, tiene visos de resultar el más partidista de todos. Los senadores republicanos ya han dado muestras de su inquebrantable cierre de filas en torno a Donald Trump. El líder republicano del Senado, Mitch McConnell, admitió este fin de semana que está discutiendo con la Casa Blanca el formato del juicio, un procedimiento tan extraordinario que solo está regulado en las líneas maestras y cuyo ritmo y contenido van a estar muy determinados por la mayoría conservadora. “Todo lo que haga, lo estoy coordinando con el abogado de la Casa Blanca”, dijo McConnell, que además ha calificado los dos cargos presentados contra Trump de “débiles”.

Durante el juicio en la Cámara alta, los cien políticos sentados en los escaños ejercen teóricamente de miembros de un jurado que deben escuchar la defensa y la acusación contra el presidente, repasar las pruebas, los argumentos y tener en cuenta los testimonios de nuevos o ya conocidos testigos. Luego, votan el veredicto, pero algunos pesos pesados del partido han avanzado que no van a tratar de guardar las formas. El veterano Lindsey Graham, presidente del Comité Judicial en la Cámara alta, avanzó en la cadena CNN que ya había “tomado una decisión” y que no pensaba fingir que iba a ser “un jurado justo”.

Graham, muy recordado estos días como el gran azote de Bill Clinton durante su impeachment, iniciado en 1998, forma parte ahora de la guardia pretoriana del presidente republicano y esta es la que tiene la sartén por el mango en el último estadio del proceso, una vez concluya este miércoles el trabajo en la Cámara de Representantes.

La votación previa en el Comité Judicial en esa Cámara ya se ajustó perfectamente a las filas de cada formación: los 23 demócratas presentes a favor de los cargos contra Trump y los 17 republicanos en contra. Ahora, un congresista demócrata ha afirmado públicamente que votará en contra del impeachment este miércoles en la Cámara baja. Se trata de Jeff Van Drew, de 66 años, representante por Nueva Jersey, que llegó al Capitolio en las últimas elecciones y ha decidido además pasarse al Partido Republicano en los próximos días, según fuentes cercanas al político citadas por la prensa estadounidense.

El jefe de los demócratas en el Senado, Chuck Schumer, ha enviado a McConnell una carta en la que le propone algunos elementos para el juicio, como que arranque el 7 de enero y se llame a declarar a altos cargos de la Administración de Trump, como el jefe de gabinete, Mick Mulvaney, además del exconsejero de Seguridad Nacional, John Bolton. Ninguno de ellos ha accedido a hablar de forma voluntaria en la Cámara de Representantes, donde Trump ha impedido cualquier colaboración de la Casa Blanca. Ese es el motivo por el que uno de los dos artículos del impeachment le acusa de obstrucción al Congreso.

El Comité Judicial de la Cámara baja, presidido por el demócrata Jerrold Nadler, hizo público este lunes su informe final con los argumentos para llevar a juicio político a Donald Trump, un documento de 658 páginas que abunda en el escándalo de Ucrania y acusó al mandatario de “haber traicionado a la nación al abusar del poder de su cargo”.

La culpabilidad y, por tanto, destitución del mandatario solo sale adelante con el apoyo de dos tercios de los senadores (67 de los 100), así que la mayoría de 53 republicanos garantiza la absolución del mandatario, ya que ninguno ha dado muestras de deserción.

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