La nueva ministra de la Suprema Corte, Ríos-Farjat. GRACIELA LÓPEZ CUARTOSCURO

Margarita Ríos-Farjat, exfuncionaria del Gobierno de López Obrador, será la nueva ministra de la Suprema Corte de Justicia mexicana. El Senado se ha decantado por ella este jueves por una abrumadora mayoría: 94 votos a favor, de 128. Muy lejos han quedado sus rivales, Diana Álvarez Maury y Ana Laura Magaloni. La elección de Ríos-Farjat, candidata cercana al presidente mexicano, refuerza la influencia en la Suprema Corte de López Obrador, que, junto a su entorno más cercano, ha desarrollado guerra soterrada por el control del poder judicial desde que llegó al poder hace un año.

La nueva ministra, elegida para los próximos 15 años, ocupaba uno de los puestos clave en la cruzada del Gobierno contra la corrupción. Fue jefa del Servicio de Administración Tributaria (SAT), dependiente de Hacienda, un órgano clave también en la renuncia en octubre del anterior ministro, Eduardo Medina Mora, para la renuncia en octubre del anterior ministro, Eduardo Medina Mora, después de ser señalado por haber recibido supuestamente depósitos millonarios en el extranjero. Aunque en la carta de su renuncia, Medina Mora no explicaba las razones de la misma, López Obrador la aceptó de inmediato. Lo que se escondía detrás, a lo que Medina Mora no hizo mención, era una profunda investigación en contra del entonces ministro, que sorprendió a propios y extraños por la minuciosidad con la que se había elaborado.

Poco después de que el presidente hiciera pública la terna de candidatas, algunos senadores acusaron al Gobierno de querer controlar el máximo tribunal: “Es un descaro y un error querer invadir de esa forma la Suprema Corte de Justicia”, señalaba el panista Damián Zepeda. Pues, para algunos miembros de la oposición, al menos dos de las tres opciones, eran perfiles “demasiado” cercanos al Ejecutivo. Se refería al de la recién electa y a Álvarez, exfuncionaria también de una dependencia de la Secretaría de Gobernación (interior).

La elección de la nueva ministra ahonda en la incertidumbre generada desde hace un año por el entorno de López Obrador, que se ha propuesto tener una influencia cada vez mayor en el poder judicial. La de Magaloni era la candidatura más aplaudida por expertos y analistas, ya que la consideran la única independiente y con la trayectoria suficiente para dar un impulso de credibilidad a la Corte. Su ponencia los días previos a la votación fue, sin duda, la más aplaudida. Fuentes del Gobierno de México aseguraron a este diario que, antes de la elección, López Obrador expresaría al menos en privado su candidata preferida.

“Yo trabajaba en el Gobierno federal, tengo un vínculo en el sentido en el que yo he sido parte de las autoridades fiscales mexicanas, pero no veo que haya ningún problema con la autonomía. Mi trabajo es público, seguirá siendo público y lo que puse a disposición del Senado es mi expediente de vida, que no nace en el Gobierno sino muchos años atrás”, ha querido zanjar Ríos-Farjat ante las críticas a su salida de la votación en el Senado.

Ríos-Farjat, de 46 años, se convierte en la tercera mujer de un grupo de 11 ministros. Es la primera vez en la historia de este tribunal —desde la reforma judicial de 1994— que hay tres ministras entre los miembros de la Corte. Trabajó en el Poder Judicial de la Federación, entre 1996 y 1999. Después, como abogada independiente y ha formado parte de colectivos como Coalición Anticorrupción en Nuevo León. También es escritora y tiene dos libros de poemas: Si las horas llegaran para quedarse (1995) y Cómo usar los ojos (2010).

La nueva ministra será adscrita a la Segunda Sala de la Corte, especializada en asuntos administrativos y laborales, entre ellos los de materia fiscal, por lo que es probable que Ríos-Farjat tenga que declararse impedida para revisar algunos casos originados durante el año en que fue jefa del SAT.

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