El mes más caluroso nunca antes registrado en el planeta, julio de 2019, fue alrededor de 0.56 grados Celsius más cálido que la temperatura promedio mundial habida entre 1981 y 2010, según los datos analizados por el Programa de Cambio Climático Copérnico, de la Unión Europea.

Por su parte, un estudio del grupo World Weather Attribution reveló que la ola de calor que afectó recientemente a Europa continental, fue hasta tres grados Celsius mayor debido al cambio climático; por ello, gran parte de esa región registró temperaturas que superaron los 40 grados Celsius.

Este significativo aumento de calor en el planeta, aunado a numerosos incendios forestales que arrasan ecosistemas, las enormes islas de plástico, sargazo incontrolable que inunda las costas y la pérdida de uno de los 400 glaciares de Islandia, que en los últimos 20 años han visto mermado el siete por ciento de su volumen, ponen en evidencia la alteración del clima.

El veloz crecimiento de las temperaturas alcanzará un “punto crítico” según han advertido los científicos de todo el orbe, y sus efectos terminarán por afectar -más pronto de lo que creemos- todos los aspectos de la vida de los seres humanos.

El cambio climático es el mayor desafío que enfrentamos, y hoy nos encontramos en un momento decisivo para hacer algo al respecto, por lo cual el movimiento mundial Fridays For Future (FFF) -Viernes por el Futuro, en español-, iniciado en 2018 por la activista sueca Greta Thunberg, convocó para el próximo 27 de septiembre a la Huelga Mundial por el Clima con un alcance global y con el apoyo de más de 300 organizaciones adheridas en defensa del futuro, de un planeta vivo y de un mundo justo; el objetivo es exigir a los gobiernos medidas efectivas ante la emergencia climática.

Ya el año pasado el Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático (IPCC), de la ONU, lanzó una alerta respecto a que, si no se adoptan acciones para evitar que la Tierra se caliente más de 1.5 grados Celsius sobre su temperatura normal, la humanidad enfrentará una catástrofe climática, lo que parece inminente porque las predicciones de la NASA sitúan la temperatura media entre dos y seis grados Celsius más que ahora, para antes de que termine el siglo XXI, e indica que, en algunas zonas como los polos, podrían llegar hasta los ocho grados Celsius.

Un grupo internacional de investigadores tomó como base datos paleoclimáticos globales para estudiar durante cuatro años la evolución de las temperaturas de los últimos dos milenios y hacer una reconstrucción del planeta en dicho lapso.

Este trabajo, que se publicó recientemente en la prestigiada revista científica ‘Nature’, explica que el calentamiento planetario actual es el más universal e intenso en esos dos mil años, en virtud de que los pasados periodos cálidos o fríos fueron regionales o no se produjeron en todas partes al mismo tiempo, mientras que el actual aumento de temperatura afecta simultáneamente al 98 por ciento de la Tierra.

Como los primeros registros oficiales de las temperaturas con termómetros datan de mediados del siglo XIX, para poder comparar hacía falta reconstruir las temperaturas anteriores y por ello el grupo de científicos recurrió a más de 700 registros de cinco diferentes orígenes: anillos de los árboles, acumulación mineral en los exoesqueletos de los corales, anillos de crecimiento de moluscos centenarios, sedimentos en lagos o las sucesivas capas de hielo en los polos y glaciares, lo cual les permitió calcular la evolución térmica anual desde el año uno, tanto por regiones como globalmente.

Al respecto, el profesor de climatología del University College de Londres, Mark Maslin, consideró que esta nueva investigación debería de callar de una vez a los negacionistas climáticos, quienes sostienen que el actual calentamiento forma parte de un ciclo natural; a juicio del experto, “el trabajo muestra la cruda diferencia entre los cambios regionales y localizados del clima del pasado y el verdadero efecto global de las emisiones antropogénicas de gases de efecto invernadero”.

Por su parte, Raphael Neukom, investigador del Centro Oeschger para la Investigación del Cambio Climático de la Universidad de Berna, Suiza, coincidió con Maslin en que “el calentamiento actual es globalmente sincrónico; el período más cálido de 51 de los últimos dos mil años, ocurrió durante el siglo XX en más del 98 por ciento del planeta”.

Las tasas de calentamiento durante los tiempos preindustriales fueron de alrededor de 0.6 grados Celsius por siglo, mientras que en la actualidad esa tasa es de alrededor de 1.7 grados Celsius en igual periodo; esto es mucho más de lo que podríamos esperar sólo por la variabilidad natural, explicó Neukom.

Ante esta alarmante situación, la Huelga Mundial por el Clima, convocada para este 27 de septiembre por el movimiento ambientalista Fridays For Future, mediante manifestaciones, huelgas estudiantiles y de consumo, cierres de lugares de trabajo, movilizaciones y concentraciones en los centros laborales y en las calles, busca movilizar a la sociedad y presionar a los gobiernos para que emprendan acciones de rescate.

Será, dicen los organizadores, un acto que sirva para reflexionar en torno a la gran señal de alarma que supuso alcanzar el pasado mes de abril una concentración de partículas de dióxido de carbono en la atmósfera de 415 ppm (partes por millón), nivel que no se registraba desde hacía tres millones de años, así como las elevadas temperaturas del pasado mes de julio; será un gran grito común y unitario en la lucha climática.

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