ENCUENTRO CON LA CNTE. El secretario de Educación Pública, Esteban Moctezuma, se reunió ayer con la dirigencia de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación y acordaron analizar la iniciativa que abroga la reforma educativa y que sus propuestas sean llevadas al pleno de la Cámara de Diputados.Foto Roberto García Ortiz

Blindaje en el Istmo
Angoitia-Televisa, en la cena
FBI, Pompeo, Maduro

Más de mañana que la Mañanera, Donald Trump madrugó con un tuit de sobrada presión para el gobierno encabezado por Andrés Manuel López Obrador: México no está haciendo NADA para ayudar a detener el flujo de inmigrantes ilegales a nuestro país. Todo es conversaciones y nada de acción (…) ¡Puedo cerrar la frontera sur! Varias horas después, en un mitin en Michigan, volvió a amenazar: ¡Vamos a cerrar la maldita frontera!, pues a pesar de que México podría detener tan fácilmente el paso a dos caravanas de migrantes, no lo hace.

Como suele suceder con el intempestivo multimillonario rubio, sus palabras son exageradas y políticamente injustas: la administración obradorista no ha hecho TODO, pero sí ha hecho MUCHO (las mayúsculas son para mantener consonancia con la grafía escandalosa de Trump) de lo que ha solicitado el imperioso gobierno vecino. Por lo demás, son varias las ocasiones en que el citado Trump ha amagado con cerrar el paso en la línea de contigüidad de ambos países.

Por principio de cuentas, la Casa Blanca ha logrado que el Presidente de México contenga su previsible disposición natural a responder en tono parecido o incluso más rasposo. López Obrador mantiene batallas políticas y verbales en muchos planos y contra diversos actores y factores políticos, pero ha decidido no enfrentar a Trump, en una ya prolongada apuesta fundada en razones geopolíticas muy pragmáticas. Todo el armado nacional que ha ido construyendo el tabasqueño podría ser dañado, en grados que no serían menores, por un manotazo político, económico o financiero proveniente del norte: cerrar la frontera entre los dos países, por ejemplo, significaría un fuerte problema inmediato para México.

Lo cierto es que el gobierno obradorista se ha esmerado en atender las exigencias de los funcionarios estadunidenses. Desde recibir al yerno Jared Kushner en la casa de un vicepresidente de Televisa, Bernardo Gómez (donde también estuvo Alfonso de Angoitia, copresidente ejecutivo de la misma televisora, según reveló ayer el canciller Marcelo Ebrard), hasta el consecuente envío a Washington de la secretaria de Gobernación, Olga Sánchez Cordero, para recibir instrucciones de la secretaria estadunidense de Seguridad Interior acerca de la manera de apretar el puño gubernamental en el sur, dar marcha atrás a promesas y políticas supuestamente generosas y humanitarias hacia esos migrantes (hasta empleo se les llegó a ofrecer) y convertir el Istmo de Tehuantepec en la nueva frontera blindada de Estados Unidos, militarizada por México.

Trump presiona en público, pero recolecta frutos en privado. El director de la Oficina Federal de Investigación (FBI), Christopher A. Wray, está en México reuniéndose con los integrantes del gabinete de seguridad del presidente López Obrador. El encuentro es para establecer los lazos de cooperación en materia de seguridad que deben seguir los dos países, según dijo un funcionario del Consejo de Seguridad Nacional de la Casa Blanca al periodista mexicano Jesús Esquivel.

El secretario de Estado, Mike Pompeo, por su parte, hizo saber ayer ante congresistas de su país que personalmente ha tenido conversaciones con representantes de otros países, entre ellos México, para analizar la posibilidad de que uno de ellos diera asilo al presidente de Venezuela, Nicolás Maduro. El alto nivel del secretario estadunidense sólo recibió como respuesta mexicana una especie de desmentido por parte del coordinador de comunicación social de la Secretaría de Relaciones Exteriores, el joven Roberto Velasco.

En los hechos, el problema migratorio está creciendo y se complica para México, con Estados Unidos en aprovechamiento de las circunstancias para tener más injerencia y control en México y, en particular, para crear las condiciones de crisis que, exacerbando temores e ira de los votantes gringos, ayude a la relección de Trump.

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