LLAMADO A LA ARMONÍA. El presidente Andrés Manuel López Obrador asistió al último informe de labores del presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, Luis María Aguilar Morales, quien señaló que los poderes de la Unión deben trabajar articulados, en armonía y concordancia.Foto Marco Peláez

Reivindicación del (buen) periodismo
Medalla antes devaluada
Vacaciones astillada

Por unanimidad, el comité senatorial encargado de asignar la medalla Belisario Domínguez determinó que este año le fuera entregada a dos periodistas de enorme relevancia, Carlos Payán Velver y Julio Scherer García, aunque la familia de éste declinó la distinción postmortem. Más allá de esta incidencia, el hecho concreto permite confirmar que las nuevas circunstancias políticas han permitido la reivindicación del buen periodismo, aquel que mantiene un compromiso con la verdad y con las causas sociales.

Payán y Scherer han sido dos figuras esenciales, las cuales en su momento impulsaron sendas expresiones periodísticas que desde sus espacios y con sus características propias impulsaron el proceso de cambio que hoy vive México, como directores fundadores y ejes de confluencia de talento y vigor en el diario La Jornada y en la revista Proceso, respectivamente.

Ambos periodistas dieron forma, desde la trinchera impresa, a la defensa de la libertad de expresión ante el golpe del entonces presidente Luis Echeverría Álvarez contra el diario Excélsior, que dirigía Scherer. Este optó por la vía del semanario que es Proceso y Payán participó en otro ramal de aquella batalla, en el diario Unomasuno, del que luego se desprendería, junto con un notable grupo de periodistas, para fundar La Jornada, donde sería director fundador, con su nombre inscrito de manera permanente en la portada, junto al de su sucesora, la actual directora general, Carmen Lira Saade.

El reconocimiento a las trayectorias de Payán y el ya fallecido Scherer tiene un gran valor, a la luz de acontecimientos recientes. Por principio de cuentas, representa (por encima del acto protocolario de la asignación, que se hará el próximo 19) una reivindicación brillante del sentido original de la citada presea, tan devaluada durante la administración de Enrique Peña Nieto a causa de su aberrante asignación (por decisión de un Senado bajo dominio priísta, pero acostumbrado al reparto de esa medalla mediante cuotas partidistas anuales) a personajes como el empresario Alberto Baillères, cuyos métodos de concentración de riqueza en nada se compaginan con los valores a exaltar en recuerdo del senador chiapaneco asesinado por su oposición al poder dictatorial. Tal medalla también fue entregada, en otra ocasión, con una fundamentación engañosa y en un contexto de revanchismo propiciado por grupos de intelectuales cercanos a los poderes políticos ahora desplazados, con propósitos de descalificar la lucha social desarrollada por los familiares de los 43 normalistas de Ayotzinapa.

La exaltación de valores como los sostenidos durante décadas por La Jornada y Proceso podría asumirse también como un mensaje de respeto a un ejercicio periodístico crítico, justamente en momentos en que hay una intensa movilidad laboral y de objetivos en varios medios de comunicación, tanto impresos como electrónicos, a causa de los nuevos criterios restrictivos que se aplicarán en el manejo del presupuesto público para publicidad en esos medios y, también, en cuanto a los enfoques editoriales que algunas de esas empresas están definiendo de cara a los nuevos tiempos obradoristas.

Al presentar su informe de labores, el presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, ministro Luis María Aguilar, aprovechó la presencia del Presidente de la República para fijar posturas en demanda de respeto a la función de los juzgadores. El ministro Aguilar llamó a mantener armonía, articulación y concordancia.

En razón de unas necesarias vacaciones del autor de estas líneas, la columna Astillero dejará de publicarse desde el próximo lunes 17 y volverá a la carga el lunes 7 de enero. Gracias a quienes han acompañado el ejercicio periodístico de un tecleador y voceador astillado, tanto en esta sección impresa como en espacios electrónicos y de Internet. Mis mejores deseos para los lectores, en lo individual y, para el país en general, de que la fuerte batalla política y económica que continuará el año entrante habrá de representar formas de mejoría colectiva.-

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