La edición de ayer de El País ejemplifica esa urgencia de cantar victoria sobre los acuerdos en la política mexicana que pone a bailar a los fervientes del presidente Peña Nieto y hace que los sañudos rivales muestren los colmillos.
Tituló el diario como nota
principal de su edición América: “Peña Nieto da un giro histórico al PRI para
allanar las reformas”. El sumario refuerza bien el encabezado: “El presidente
de México acaba con tabúes en energía e impuestos”. Pero el más preciso
arranque de la nota desinfla la espectacularidad: “El presidente (…) inició
ayer el camino de las grandes reformas pendientes del país, la energética y la
fiscal”.
No hay giro histórico aún. Es el
inicio del camino. El PRI, como dijo el líder del partido César Camacho, se
quitó una camisa de fuerza. Nada más. Pero los empresarios celebran como si
estuvieran recontando las dos terceras partes de los votos en el Congreso. El
lopezobradorismo, necesitado de causas para salir a las calles, grita “¡al
ladrón, al ladrón!”. El PRD se declara en pie de guerra para frenar la
imposición contra los pobres y la soberanía nacional. ¿Y el PAN? Ladra porque
oyó ruido.
El PRI de Peña Nieto, acaso,
despejó la mesa para analizar opciones de reformas. De ahí a que decida
producir una iniciativa que grave con el IVA alimentos y medicina, o una que
abra la inversión petrolera a estándares como los brasileños, hay una distancia
enorme.
Es comprensible el anhelo de
dejar atrás los años de la generación del fracaso, la generación del no a las
reformas. Tanto como las ganas de pelear que traen los opositores. Hasta ahí.
Tranquilos, pues, todavía no pasa
nada.
FUENTE: MILENIO