Gil Olmos dedica un capítulo completo a La Maestra, quien, según explica, logró encumbrarse gracias a la magia negra tras someterse a una ceremonia en Nigeria, particularmente para detener la andanada del entonces presidente Ernesto Zedillo, quien iba por la cabeza de la líder del SNTE.
Con la
autorización de la editorial De Bolsillo-Random House, Publimetro reprodujo el
texto completo sobre Elba Esther Gordillo.
La maestra
en África
Cuando
Ernesto Zedillo asumió el poder, uno de sus planes era deshacerse políticamente
de la maestra Elba Esther Gordillo, quien desde el Sindicato Nacional de
Trabajadores de la Educación (SNTE), le había hecho la vida de cuadritos
mientras él era el titular de la Secretaría de Educación Pública.
Durante sus
primeros años como lideresa del SNTE, Elba Esther Gordillo siempre había
maniobrado con éxito en la complicada política nacional, en gran medida gracias
al apoyo del entonces presidente Carlos Salinas de Gortari, quien, por
intermedio de Manuel Camacho Solís, le proporcionó, no sólo la estructura
necesaria, sino los recursos financieros indispensables para afianzarse en el
sindicato donde hoy en día sigue entronizada.
Conforme
avanzaba el sexenio de su protector, la maestra comenzó a ver la debilidad de
Salinas y, tras el asesinato de Luis Donaldo Colosio, el 23 de marzo de 1994,
cuando Zedillo fue elegido como candidato sustituto, Elba Esther creyó que la
mala fortuna le estaba jugando una trastada. Cuando Zedillo resultó el elegido
como presidente de la República, la maestra supo que su suerte estaba echada y
que era el momento de hacer algo para contrarrestar los malos designios. Y no
era para menos, desde el primer minuto de su gobierno, Zedillo mandó un mensaje
claro a la lideresa del SNTE; palabras más, palabras menos, le soltó mediante
un allegado: “Es mejor que se vaya del país”.
Elba Esther
sabía que el gobierno federal planeaba realizar auditorías a su persona, a la
dirigencia del gremio magisterial y a sus allegados más cercanos, pues los
recursos que obtenían del erario federal, gracias al fideicomiso Vivienda
Magisterial (VIMA), eran multimillonarios. Además, también estaba el ingreso
mensual de las cuotas de maestros y trabajadores de la educación, que sumaba
millones.
Cuando la
maestra supo que el gobierno de Zedillo indagaba en sus cuentas y en las de sus
socios principales, también comprendió que estaba en peligro su poder y su
libertad. De manera urgente y absolutamente fuera de sí, como mandan sus
costumbres, citó a los miembros de su equipo más cercano y se los llevó fuera
del país, como ha reconocido uno de sus ex colaboradores.
En el
cónclave improvisado, Elba Esther y sus asesores intentaron encontrar una
salida ante las amenazas que les eran enviadas desde Los Pinos, buscaban
construir un escenario que los favoreciera ante la inminente crisis. Todo
parecía indicar que el nuevo presidente habría de terminar con el reinado
magisterial de la chiapaneca, utilizando a muchos de los dirigentes nacionales
que ella misma había nombrado, quienes estaban cansados de su forma caprichosa
y temperamental de dirigir el sindicato. Zedillo había empezado a intervenir en
la dirección del sindicato quitándole a Elba Esther su fuerza de manera
paulatina, la debilitaba a fuego lento, provocándole un tremendo desgaste y
reduciendo los márgenes de maniobra.
Al no
encontrar un escape político, la maestra Gordillo preparó con urgencia el que
sería uno de los viajes más importantes de su vida, pues de éste dependería su
futuro. Llamó a sus colaboradores más cercanos y les dijo que irían hasta un
lugar lejano en África, donde buscarían una solución a la difícil situación en
la que se encontraban.
Diversos
colaboradores de la maestra que han presenciado de cerca su vida pública,
privada y familiar, quienes conocen sus “vicios privados y sus virtudes
públicas”, accedieron a contar el episodio africano, un episodio que desnuda la
afición de Elba Esther a la brujería. Ellos aseguran que, desde joven, Gordillo
ha tenido una predilección por el culto negro, predilección que, cuando llegó a
la dirigencia nacional del SNTE, la llevó a relacionarse con un grupo de
santeros cubanos, quienes la introdujeron a las prácticas religiosas que
combinan a los santos cristianos con las deidades africanas.
Durante
varios años la maestra practicó la santería; sin embargo, tuvo que dejarla
porque llegó a un nivel que la obligaba a portar ciertos collares, vestirse de
blanco, raparse y ponerse un turbante. Si no lo hacía, comenzarían a fallar los
trabajos. Antes de quedar en evidencia públicamente, Elba Esther decidió tomar
un nuevo camino; fue así como optó por el vudú y comenzó a venerar a ciertas
figuras que sólo exigen un nivel menor de compromiso.
La maestra
hizo el cambio porque era más práctico, no tenía que cambiar de vestimenta,
pero estaba obligada a manejar un símbolo lo más vistoso posible. En una
desfachatez escogió el símbolo del SNTE, lo mandó modificar y, en lugar de la
imagen de un libro, puso las cartas del Tarot Reader, que es el más fuerte, el
más viejo, donde se lee la vida.
El viaje a
África llegó cuando Elba Esther se sentía acorralada, cuando las amenazas del
poder presidencial eran terribles, como cuenta uno de los entrevistados:
El problema
es que no se trataba de hacer un hechizo normal sino que se trataba de
controlar al presidente. Los hechizos funcionan por dos cosas: por quien lo
cree, en ese caso ella, y por el tipo exacto de hechicería que le queda tanto a
quien lo paga, como a quien le está dedicado el trabajo. Puede ser un brujo
mediocre o un intermediario, pero lo importante es escoger exactamente la
receta que se necesita.
En el caso
de Zedillo, para saber exactamente lo que se necesitaba y calmar sus ánimos,
había que diagnosticarle su aura, sus fijaciones, todo lo que le gustaba y
disgustaba. Para eso se tomaron fotos, se hizo su carta astral, y esto lo
estudiaron videntes y médiums para ver sus demonios, vicios y debilidades.
Durante un
año se contrató y consultó a una serie de médiums y cartomancistas, de gente
que lee la mano y el aura, para que estudiaran fotos tomadas especialmente,
bajo una cantidad de luz que permite que se vea el aura. Además se investigaron
hasta las cosas más íntimas del presidente Zedillo y se diagnosticó que tenía
ciertos temores y debilidades, que dormía poco y que tenía miedo al fracaso;
encontraron que el espíritu de un animal podía apoderarse del pensamiento y la
conciencia de Ernesto Zedillo, el espíritu de un león.
Esto podría
parecer una estupidez o una historia increíble, pero éste es el procedimiento
más eficaz para poder tener resultados ciertos en los cultos de brujería y
hechicería.
Así pues,
Elba Esther tenía el diagnóstico y lo único que le faltaba era saber dónde
debía llevar a cabo el ritual. Fue entonces cuando se dedicó a buscar el lugar
en el que le podrían hacer el trabajo con total seriedad y con el conocimiento
de causa necesario, como dice también la narración de su ex colaborador:
Elba Esther
Gordillo se trasladó al mercado popular de Marruecos. Ciertas amistades de
Chiapas le habían dicho que la lectura de los caracoles era lo que necesitaba
para encontrar a quien le ayudaría a resolver su problema. La acompañaron un
par de sus principales colaboradores, que no sabían exactamente a lo que iban
pero que llevaban el diagnóstico astral y una serie de fotos de Zedillo de
todos los tamaños, de perfil, de frente, de cuerpo entero. La única que sabía
con claridad de la misión era ella.
Según el
testimonio de uno de sus principales allegados de entonces, , cuando la maestra
y sus colaboradores caminaban por el callejón de las lecturas de cartas, cerca
del callejón de los cafés, los increpó una persona que, con un pésimo español,
les dijo: “Tú estás buscando evitar que tu emperador te mate. Conmigo está la
respuesta”. Y los llevó con alguien que sabía leer los caracoles.
FUENTE: EL ZÓCALO