Quiso ser sacerdote, pero encontró su destino en la actuación, y ayer llegó a su final. Joaquín Cordero emprendió “el viaje eterno” para reencontrarse con su esposa Alma Guzmán, quien murió siete meses antes que él.
Su muerte ocurrió ayer en su domicilio, acompañado
por sus familiares, quienes indicaron que él dormía y no sufrió dolor.
Tras la pérdida de su esposa con la que estuvo
unido más de 60 años, el actor se sumió en depresión y, al sentir que su hogar
era “demasiado grande”, se recluyó en la Casa del Actor.
“Hice un pacto con ella, le dije que viniera por
mí, aunque seguramente no le han dado permiso, pero estoy seguro de que pronto
tendré el gusto de reunirme con ella”, declaró entonces a una revista.
Su despresión se agudizó por lo que fue ingresado
en un hospital a inicios de este mes. Le sobreviven sus hijos Antonio, Gabriel
y David.
Su cuerpo es velado en una agencia funeraria del
sur del DF.
Actor por elección
En julio de 2008, Cordero se hincó ante cerca de 3
mil personas del Auditorio Estatal de Guanajuato y lanzó una frase que fue
aplaudida: “No me duele haber envejecido, sino perder la juventud”.
El hombre que filmó más de 150 cintas, estaba
emocionado. Y lloró. Eran otras lágrimas y no las que décadas antes, en 1953,
le había sacado el realizador Roberto Gavaldón, durante el rodaje de la
película Acuérdate de vivir.
“Dijeron que tuviera cuidado porque era undirector
furibundo. Cuando llegué me preguntó si me sabía mis líneas, le dije que más o
menos y me dijo ¿se las sabe o no?
“En otra ocasión, la escena no quedaba y, a la
cuarta vez, Libertad Lamarque le dice: señor, ¿no quiere que me ponga un
letrerito aquí enfrente para que lo diga? Gavaldón se quedó serio y contestó:
no señora, él lo debe decir...”, contó.
Quien abandonó la carrera clerical por la de
Derecho y ésta por la de Actuación, realizó su última aparición en cine con Los
inadaptados y en televisión, con Fuego en la sangre.
FUENTE: EL UNIVERSAL