Reportajes
06/11/2017

PARA VIVIR, DURANGO. Para morir y quedar sepultado aquí, su Panteón de Oriente.

Cruz con más de un siglo en el Panteón Viejo, área más antigua del Panteón de Oriente.

Antes del Panteón de Oriente —de 1860— existió aquel otro panteón civil en las inmediaciones del Cerro del Mercado, llamado Panteón de las Pestes, sobre una loma denominada Cerro del Cementerio, para el que apenas quedan abuelos que recuerden las ‘pintas’ estudiantiles, paseos de novios y juegos de chiquillos entre sus lápidas
JUAN MANUEL ALMONTE

Éste es el primer cementerio civil de aquí, fundado en 1860, y que actual y oficialmente es y se llama en documentos públicos el Panteón Municipal de Durango —los demás eran los camposantos parroquiales, en torno de cada iglesia y para los vecinos de cada barrio.

Antes existió aquel otro en inmediaciones del Cerro de Mercado, llamado Panteón de las Pestes, sobre la loma denominada Cerro del Cementerio, para el que apenas quedan abuelos que lo recuerden y dedicado a la sepultura de los fallecidos en las mortíferas epidemias que siempre hubo desde que Durango fue la capital del reino y después provincia de Nueva Vizcaya, hasta las primeras décadas del siglo XX, cuando sin vacunas, antibióticos, detergente ni el servicio de agua corriente para los aseos doméstico y personal de los durangueños, los contagios fueron de pronóstico reservado.

 

Uno más, el céntrico Panteón del Hospital estuvo hasta bien entrados los años de 1900 junto a San Juan de Dios, iglesita de las actuales calles de Pino Suárez poniente entre Juárez y Victoria sur, que fue la capilla del Hospital de la Santa Veracruz —fundado en 1592 y llamado después de San Cosme y San Damián, médicos y monjes juaninos.

 

El sanatorio ocupó el edificio aledaño cuyo pórtico hoy es la entrada posterior de la Escuela Primaria Nº 15 «Alberto M. Alvarado», mientras que su cementerio fue para sepultura de los expirados ahí —en escala natural, las imágenes de bulto de ambos santos se aprecian aún, franqueando cada cual un costado de la puerta principal.

 

Mas, una vez que la misión franciscana de San Juan Bautista de Analco —erigida en templo a partir de la ermita de Nuestra Señora de Loreto— es anterior en una década a la fundación de esta urbe (una del 24 de junio de 1555 y otra del 8 de julio de 1563), su panteón es de luego de la primera necrópolis local… actualmente bajo las canteras del atrio, una docena de casas en derredor, y los concretos estampados puestos por pavimento entre octubre y noviembre de 2013 como parte del Corredor Analco.

 

Como topónimo (nombre geográfico), Analco deriva del náhuatl atl- (agua), -nalli- (al otro lado, del otro lado) y -co (sitio o lugar): Atl-nalli-co, lugar “al otro lado lado del agua”, fundado primero como misión o pueblo de doctrina de indios, pero no necesariamente los aguerridos O’dam, mal llamados ‘tepehuanos’ o ‘cerreros’ por los mexicas y tlaxcaltecas ‘trasplantados’ por los conquistadores, que los traían como ejemplo y aliados, precisamente para combatirlos a las etnias locales.

 

Política y geográficamente, Analco estuvo separado de la entonces Villa de Guadiana (antecedente de la Ciudad de Durango) por el Arroyo de San Vicente, luego conocido como “La Acequia” o Acequia Grande, nombre que conservó hasta 1982, en que se inició su entubamiento bajo los cuatro carriles del Bulevar Dolores del Río.

 

El Panteón de Analco es considerado por algunos el “Panteón de los Pobres”, mientras que hay quien ubica a éste en torno a Santa Ana en cuya cercanía quedó el “de los Ricos”.

 

Opuesto social y geográficamente al de Analco, al norte quedaban dicho camposanto parroquial de Santa Ana y la Sagrada Familia, en torno al templo y convento; y el Panteón de los Ricos sobre la calle de Bruno Martínez una cuadra más delante: ligado éste último por las consejas de la época de la Colonia a la leyenda de La Llorona en sus fantasmales recorridos por esa calle hasta Negrete, para ir y venir cada noche hasta el alejado Solar de las Ánimas —donde se ubicó la porfiriana Penitenciaría del Estado y, desde 1970, el Centro Comercial Soriana «20 de Noviembre» o Soriana «Centro».

 

Prohibidos los enterramientos en medio de las ciudades por razón de salud pública, y en torno a las iglesias por motivo de la libertad de cultos, a partir de la aplicación de las Leyes de Reforma, en 1860, además de la administración de cementerios le quitaron a la Iglesia y adjudicaron al Estado el Registro Civil de matrimonios, nacimientos, defunciones e inhumaciones, los camposantos parroquiales fueron desapareciendo, si bien algunos funcionaron hasta las postrimerías del s. XIX e inicios del XX, según registros, advirtiéndose algunos hasta pasados los 1950, como las lápidas atrás del Santuario de Guadalupe y las del Panteón de las Pestes, según contaban los papás y tíos.

 

Para sucederlos en el alojo de cadáveres es que fue fundado el Panteón de Oriente, hacia 1862, ostentando desde luego, en lo alto de su fachada, el título de «Mansión del Reposo» entre las efigies de dos calaveras, ambas sobre un par de canillas cruzadas, figurando una equis. De hecho, la tumba más añosa hallada es la de Ruperto Aragón, de abril de 1864.

 

Es así que, para vivir aquí es la Ciudad de Durango, mientras que para morir y quedar sepultado están el Panteón de Oriente, su sucesor el novísimo Cementerio Municipal «Getsemaní» o, si hay para más, los particulares Panteón Jardín y el Cementerio «Valle de los Sabinos».

 

 

 

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