Reportajes
25/03/2017

'Las matemáticas reconfortan'

Cd. de México.- Contra su voluntad inicial, la astrónoma Julieta Fierro se inscribió en clases de baile tropical. Su reticencia, aclara, no se debía a una aversión a la danza -todo lo contrario-, sino porque hacerlo interfería con el tiempo que quería dedicarle a su recién adquirido puesto: directora general de Divulgación de la Ciencia de la UNAM.

"Mi administradora me dijo: 'Te vas a volver loca, no puedes estar trabajando todo el tiempo, tienes que hacer otra cosa'", y yo le dije que ni hablar, que la dependencia me necesitaba", recuerda.

A Fierro, quien describe al cargo que ocupó del 2000 al 2004 como el mejor trabajo de su vida, sólo la pudieron convencer de una manera.

"Me dijo: 'Toma clases de baile tropical, porque así en la fiesta de fin de año vas a poder bailar con el delegado sindical; tú lo vas a poder sacar a bailar'", le recomendaron.

Dispuesta a limar asperezas, se inscribió a las clases. La relación con el sindicato, cuenta, siguió siendo espinosa, pero consiguió algo a cambio entre la cumbia, el chachachá, el danzón y la salsa.

"Terminé teniendo un grupo de mambo, se llamaba Las Mamberas de Minerva", relata orgullosa. "Y mandé a hacer un mambo en honor de Galileo, que se llama '...y sin embargo se mueve'".

Con su cuadrilla de mamberas, la científica recorrió universidades, ferias de libro y otros Estados, haciendo lo que hace mejor: divulgar la ciencia. Tan poderoso era su contoneo que hizo temblar al planeta.

"Un día en la Plaza de Tlatelolco, en el Día Internacional de la Tierra, los geofísicos llevaron unos sismógrafos y pusieron pantallas gigantes para que se vieran los microsismos, y yo me puse a bailar mambo", relata. "Dividí al pueblo de México en dos para que bailáramos mambo un grupo y otro y a ver quién hacía un sismo más fuerte".

Así es Julieta Fierro. Para la mujer de ciencia más conocida de México, como ha sido llamada, cualquier oportunidad es buena para ayudar a aprender.

"La danza ayuda mucho, descubrí, para que la gente se relaje. Y ya que está tranquila, la ciencia entra más fácil", explica.

Como ésa, abundan las anécdotas.

'De chiripa'
En el Liceo Franco Mexicano, la pequeña Julieta Fierro (1948) sacaba cero en francés, pero 100 en matemáticas. En aquel entonces, los exámenes del colegio se mandaban en barco a calificar a Francia, por lo que debía esperar tres meses para ver qué había sacado.

Cuando las pruebas de aritmética desembarcaban con su mención honorífica, su talento se confirmaba.

"Tenía eso que tienen algunas personas, que ven el problema de matemáticas y saben la solución sin pensar", relata la astrónoma, entrevistada en su departamento al sur de la Ciudad de México.

Su primera gran lección en el arte de aprender, sin embargo, le llegó por un descuido.

"Fíjate que perdí ese don y lo perdí por presumida, porque yo realmente pensé que iba a tener ese don para siempre y dejé de cultivarlo y fue una estupidez enorme y la he pagado a un precio muy caro", juzga.

Desde entonces, como da fe el estudio de su casa, con el desorden característico del uso constante, Fierro ya no se confía.

"Yo sé que tengo que estudiar todos los días y tengo que escribir, no creer que sé, y que tengo que ser humilde, que no es cierto que yo sepa", confiesa.

Autora de decenas de artículos y libros sobre su materia y la ciencia en general, la académica tiene claro cómo es que comenzó su ruta en la astronomía: "De chiripa".

"Yo era buena en matemáticas, pero mi hermana me decía 'eres tontita, mejor estudia algo más aplicado'", rememora.

A su llegada a la Facultad de Ciencias de la UNAM, entró por error a unas clases de astronomía y, aunque no era parte de su plan, decidió quedarse. Ahora es Investigadora Titular del Instituto de Astronomía y profesora de la facultad que la recibió de joven.

Las matemáticas, no obstante, nunca la han abandonado.

"De hecho ahora, cuando tengo un problema duro, pues ya ves que luego la vida lo maltrata a uno, y me quiero reconfortar, leo libros de matemáticas y realmente me siento mejor; y es que el cerebro humano es tan extraordinario...", dice con ensoñación, como si hablara de su enamorado.
Divulgación y educación

En su carrera, Julieta Fierro ha escrito más de 40 libros de divulgación científica. De estos, 13 han recibido un honor reservado para lo mejor de esta tarea: formar parte de las bibliotecas de aula de las escuelas mexicanas.

Su título más reciente, Nuestro mundo. Astronomía y ciencias afines (Secretaría de Cultura), es un volumen delgado y amigable, copioso en imágenes, gráficos y fotografías, que va desde la antigua Grecia hasta los hechos científicos sobre los OVNIS.

El interés por la divulgación le viene a la astrónoma desde los 13 años, cuando, por el fallecimiento de su madre, asumió parte de la educación de sus hermanos de 11 meses y 2 años.

"Yo creo que se lo debo a mi hermano el pequeñito, porque yo quería que aprendiera todo: inglés y francés y ciencia; entonces estas maneras que utilizo para explicar sencillas las cosas, yo me imagino que se me ocurrieron cuando yo quería enseñarle, pero era cuestión de paciencia y enseñarle bien y sencillito", expone.

Ya como profesional, su camino como divulgadora empezó también sin planearse.

"(Comenzó) desde la primera vez que me invitaron a la tele y me fue bien", dice riendo. "Entonces me volvieron a invitar y ya luego escribí mi primer libro y me los siguen pidiendo".

Como directora general de Divulgación de la Ciencia de la UNAM -primera divulgadora de carrera en ocupar el cargo-, tuvo a su cargo el Universum y el Museo de la Luz en el momento en el que más necesitaron de impulso, justo después de la huelga de un año.

"La gente, en este afán de reconstruir, agarraron fuerza y eso me pasó en Universum", recuerda. "Entre todos quisimos recuperar la UNAM, la dependencia".

Aunque, como suele ocurrir, su gestión tuvo constantes roces con su delegación sindical, recuerda esos años con una felicidad inocultable.

"Estaba ahí todo el tiempo: me levantaba a las cinco de la mañana, recorríamos toda la dependencia, y a las diez de la noche me salía yo a andar en bici por todo CU", cuenta.

"Trabajaba todo el tiempo feliz, no hacía otra cosa: El mejor trabajo de mi vida", define.

Para Fierro, quien ha hecho revisiones críticas de los libros de texto de primaria y secundaria -así como de sus programas de estudio-, las escuelas y universidades deben mantenerse firmes ante la convulsa realidad del País.

"La escuela tiene que ser un refugio", declara. "Los niños, si llegan sin comer, tienen que poder comer en la escuela y, si hay problemas en las casas, la escuela tiene que ser un lugar donde haya paz y armonía y donde se ayude a los niños a no estar padeciendo este entorno social difícil".

Tras su experiencia como funcionaria de la UNAM, se declara deficiente para la política, pero sus convicciones y luchas son inamovibles.

Durante las discusiones sobre el contenido de la recién promulgada Constitución de la Ciudad de México, Fierro tuvo un papel importante en el esfuerzo por que el documento incluyera el derecho a la muerte digna. Lo logró.

Otra de sus peticiones se quedó en un esfuerzo.

"Yo traté de que cada niño mexicano naciera con una AFORE, que cada niño, así como nace con su cunita, que naciera con un dinero en el banco y que, por cada peso que ahorraran los padres, hasta cierto nivel, el gobierno pusiera otro tanto y que este dinero estuviera etiquetado para cuestiones de salud grave o cuestiones de la escuela", lamenta.

"Yo soy de la convicción de que, si hubiera menos desigualdad social, tendríamos menos problemas y que hay que trabajar para que todos estén mejor", declara. "Una manera de hacerlo es por medio de la educación, pero no es suficiente".

En la científica reconocida, vive todavía la muchacha hippy que se escapó de una casa conservadora y renegó de un convento de monjas para irse a descubrir el cielo.
Cerebro y músculo
Semanas antes de un viaje a Estados Unidos, para visitar a su nieto, Julieta Fierro se ha preparado con pesas para poder cargarlo lo suficiente.

Por costumbre, asimismo, interrumpe sus horas de estudio y escritura constantemente para hacer ejercicio en su bicicleta estacionaria.

También, trata de ir al menos una vez a la semana a nadar y, hasta hace apenas tres años, pertenecía a un grupo de danza clásica. Todavía, asegura, puede pararse en puntas de ballet.

Rigurosa y metódica, sin embargo, tampoco se niega un gusto cuando le nace.

"Me gusta ir un día entre semana a esos cines VIP, a las once, y pido la pizza, la hamburguesa; o sea, me veo decadente", bromea.

Esto, claro, cuando no prefiere quedarse en casa y entrar a Netflix. La última serie que vio fue The Crown, sobre el ascenso de Isabel II al trono de Inglaterra.

Y aunque disfrutó La La Land, pues la música le recordó a su época, fue una de las nominadas al Óscar del año anterior la que verdaderamente atrapó su atención: The Big Short (La gran apuesta), una cinta sobre la burbuja inmobiliaria en Estados Unidos que derivó en la crisis financiera del 2007.

"La fui a ver tres veces para entenderla, busqué en Wikipedia para ver cómo estaba la cosa y cuando regresé dije 'ah, ya la entendí'", asegura.

Para quien se haya quedado con dudas, los dones para explicar cualquier cosa de la astrónoma Julieta Fierro seguro pueden ser de ayuda.

Fuente: 
REFORMA

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