Opinión
17/03/2017
Rafael Loret de Mola

Ministros en campaña

Rafael Loret de Mola

¡Qué los campesinos vengan a mí! Y de esta manera “cientos de integrantes”, hace un año, del Frente Auténtico del Campo –parece imposible distinguir, entre tantas siglas y arengas, cuáles son auténticos, quiénes se desnudan a un costado del Banco de México y cuántos hablan, de verdad, de los atávicos problemas rurales-, lograron que el titular de Gobernación, el cada vez más desatado “presidenciable” hidalguense, Miguel Ángel Osorio Chong, se dignara a dejar su versallesco despacho del Palacio de Bucareli para darse un baño de pueblo, mejor dicho una ducha, en pleno frenesí por encender candilejas. Ya lo había hecho antes, en mangas de camisa, con ciertos titubeos; ahora su andar es menos bamboleante. 

Los allí presentes, esto es desde el otro extremo de las fuentes del poder –o eso pareciera-, engallados ante la presencia de tan monumental funcionario, propusieron permanecer en la calle por otros treinta días –de seguro tienen mejores proveedores urbanos que quienes les ofrecen precios por debajo de los básicos por sus productos-, y Osorio no lo creyó prudente por aquello del mal aspecto y considerando que el diálogo por él emprendido podría resultare contraproducente; entonces accedió a llevar a unos representantes de los quejosos hasta el prosaico salón verde –en donde decenas de veces se ha manipulado, no sólo maquillado, la verdad-, para hacerles entender la necesidad de retirar el plantón y resolviendo, por su cuenta, cuestiones que eran efectos del mal desempeño de las secretarías del ramo, entre ellas la Sagarpa, Reforma Agraria, y la reina de todas –por su denominación-: la de Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano de México, un término que abarca todo y está en manos de la ex perredista Rosario Robles Berlanga, autora de una autobiografía a mitad de su existencia titulada “Con Todo el Corazón”-. ¡Ay, si José Alfredo no hubiera muerto... aunque el bolero mencionado es de la autoría de Augusto Rodríguez!

Desde luego, es una estupenda modalidad salirle a los plantones con buenos zapatos, sin chaquetas y con las chaquetas, modelitos de moda provenientes de España, que exaltan las mangas cortas como si se tratara de una apología del modernismo –confieso: También las uso porque me aseguran combinaciones insólitas pese a las rabietas de mi amigo, Lorenzo Silva Chacón, autor sobre una obra sobre el buen vestir masculino-, dispuesto a mejorar su imagen, ante la imposibilidad de hacer lo propio con la del gobierno peñista, sin necesidad de recorrer parcelas y hectáreas en proceso de desertificación por el atraso de los temporales y la falta de presas. El dinero sirve para otros fines prioritarios...

Así lo entiende, sin remedio porque sería imposible hacerlo rectificar, el mexiquense Luis Videgaray Caso, cuyo control sobre los voceros de los consorcios financieros, así como su capacidad por gestionar y ganar premios internacionales, son la cúspide de su aportación política a la vida nacional. Aún ahora como Canciller. Por ello puede utilizar a personajes como Ernesto Torres Cantú, director del Grupo Financiero Banamex, para divulgar perogrulladas como ésta:

--“La economía de México está bien... pero no tan bien”. 

Una de las grandes sentencias del periodo actual bañado con flores de demagogia, ya no las dulces gardenias de Fortín sino las negras del inframundo, inolvidables por toda la eternidad como aquella adjudicada al doctor Pedro Aspe Armella sobre el “mito genial” de la pobreza en México que le valió cualquier posibilidad de acceder a la silla en donde se sentó Villa, un instante, como fugaz ha sido la reverencia a quienes, con sus esfuerzos cotidianos, producen y hacen riqueza más allá de los papeles especulativos de las Bolsas.

En fin, Videgaray debiera apellidarse visceral porque el ímpetu vengativo, el dolor de entrañas ante quienes observa adversarios y las determinaciones basadas en llevarles la contraria a quienes no son sus seguidores incondicionales –una verdadera pandemia si consideramos los precedentes de AMLO, “El Bronco” y el propio peña nieto-, conminan a perseguir, por ejemplo, al flamante director de Pemex, José Antonio González Anaya, concuño de Carlos Salinas, y a su antecesor, Ignacio Lozoya Austin, por los impagos a las empresas proveedoras de insumos necesarios, un mal que se extiende a algunas entidades del país, entre Veracruz y Chiapas. 

No cuenta Videgaray la caída vertiginosa de los precios de la mezcla mexicana del crudo, ni la del pobre peso ante el dólar especulativo que amenaza con mermar seriamente las reservas internacionales del Banco de México, ni por supuesto la pérdida sustantiva del poder adquisitivo general como sellos inocultables de una pésima administración que no fue óbice para adquirir la casona de Manilalco, en el Estado de México, bajo supuestos de diez posibles causas de lavado de dinero que ya se ventilan en los juzgados gracias a la atingencia del abogado Francisco Soria. Vaya sujeto “presidenciable” en el proceloso mar de las complicidades oscuras y calladas. ¡Y cuánto falta por descubrir! 

Otro de los grandes favoritos de señor Peña es, sin duda, Aurelio Nuño Mayer, tan solidario él, quien decidió suspender clases luego de una ventisca que, en la Ciudad de México –ya no Distrito Federal-, hizo caer algunos árboles y varios anuncios monumentales por lo general armados sin la menor supervisión oficial –pecado del gobierno de la enorme urbe capitalina-. Si a esas vamos, pronto el calendario escolar se reducirá a unos cuantos días de labores considerando las granizadas, los temblores, los vientos negros de la política y los vendavales naturales. Y, en cada oportunidad, veremos al señor Nuño empuñando un micrófono sin necesidad de paraguas.

No se habla del tremendo rezago educativo sino del temor de que, de pronto, el aire pueda más que la política demagógica y destruya uno de esos patios escolares, con las láminas destinadas a cubrir los techos de las aulas, que son atravesados por los ductos de Pemex porque sobre ellos los terrenos son tan baratos y poco atractivos que el sacro gobierno puede hacer uso de los mismos sin molestar a quienes reclaman plusvalías inmediatas. Y Nuño, desde luego, podría situarse, como antaño hacán los malos escolapios, en el centro del jardín, bajo el sol, para haber si así el cerebro, como las piedras rajadas, se abriera para dar cauce a los conocimientos. 

Otro de quienes suenan, en el PRI –al que considero muy retrasado en la justa-, es el sonorense Manlio Fabio Beltrones, ex gobernador de Sonora –con acusaciones de peculado por cien mil millones de pesos y señalamientos sobre posibles vínculos con el mayor de los “muertos vivientes” de nuestro entorno, Amado Carrillo Fuentes-, y ex subsecretario de Gobernación bajo las órdenes del político-policía, Fernando Gutiérrez Barrios, muerto en 2000 pero cuyos herederos siguen campeando por aquí y por allá como si de verdad existieran sus legendarios “archivos” que tanto asustan a los traidores. 

Para los adoradores de Manlio, éste es quien mejor conoce al sistema y, por ende, podría aplicar la “mano dura que se requiere para meter en cintura a tanto farsante, esto es a cuantos no sean priístas o, cuando menos, tolerantes con el partido otrora invencible. Son los fascistas que se niegan a ser llamados así pero actúan peor que las rémoras de Hitler, Mussolini y Franco, el triunvirato acaso más despreciable de la historia universal.

Otros han llegado apenas al gabinete y ya son señalados como el secretario de Salud, José Narro Robles, con la epidemia del zika que se suma a la influenza todavía no bajo control, como si pretendiera seguir los pasos de sus dos veces antecesor, Juan Ramón de la Fuente Ramírez, de quien se exaltan sus méritos universitarios pero JAMÁS los políticos. De este modo se demuestra un síndrome agudo del priísmo actual: La desesperación ante la fallida administración actual. En el pecado, la penitencia. Y ya viene, otra vez, la pandemia de la influenza. 

Y, claro, ante el vacío de poder, los ministros en ristre prefieren jugar sobre el tablero de la sucesión, asustadizos.

E-Mail: loretdemola.rafael@yahoo.com
 

Fuente: 
EL ZÓCALO

Se el primero en comentar