Opinión
13/11/2017
SANJUANA MARTÍNEZ

México, paraíso de lavadores de dinero

SANJUANA MARTÍNEZ

México tiene el tercer lugar en el mundo con el mayor flujo de recursos financieros de lavado de dinero. Estamos hablando de 60 mil millones de dólares en promedio, aunque seguramente el monto es más elevado porque se trata de dinero negro.

Este país es una gran lavadora de dinero procedente de actividades ilícitas y al gobierno no le interesa combatirlo, prefiere hacer la vista gorda, regodearse en la podredumbre y repartir las utilidades entre autoridades y delincuentes de cuello blanco.

Los lavadores están en todas partes. Se lava poquito, más o menos y mucho. Hay lavadores para todos los gustos: clase media, clase alta y clase multimillonaria.

Solo hay que ver la lista de los llamados “Paradise Papers”, la investigación periodística internacional realizada por el Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación (ICIJ, por sus siglas en inglés), que ha revelado los nombres de los grandes lavadores, los peces gordos del dinero negro.

Y en México, un país que sirve de paraíso para los lavadores de dinero, la lista es bastante barriopinta: un sacerdote, un líder sindical charro, un multimillonario y muchos empresarios acumuladores avaros de riqueza desmedida, especializados en incrementar la fábrica de pobres.

Esta investigación periodística que podría ser un libro abierto para la Secretaría de Hacienda (siempre y cuando quisiera investigar a los peces gordos de la evasión fiscal), revela los nombres de 62 mexicanos, entre magnates, empresarios, ex funcionarios, futbolistas y políticos, que bajo el viejo sistema de las empresas de papel o las llamadas cuentas offshore para no pagar impuestos.

En la lista aparece desde luego, Carlos Slim, uno de los hombres más ricos del mundo que vive en uno de los países más desiguales del mundo y en donde su riqueza, representa una obscenidad, frente a los 60 millones de pobres y sobretodo, frente a los 28 millones de pobres alimenticios.

Como se podrán imaginar, gracias a esta investigación, sabemos que el emporio telefónico del multimillonario mezquino Slim, se inicio en el 2000 en las Bermudas donde creó la empresa Telecom Américas Limited. Los resultados ya los conocemos, 17 años después, controla las telecomunicaciones de 25 países en Latinoamérica y ofrece 362 millones de líneas.

Pero a Slim todo se le perdona. Tal vez por eso, su empresa en el paraíso fiscal funcionó 7 años y a continuación la convirtió en una orgullosa y prospera empresa mexicana. Aquí todo se puede con dinero. Para eso tenemos las autoridades más corruptas, para que se pueda cualquier operación que signifique ganar dinero destinado a unos cuantos en detrimento de muchos.

Y allí están el priísta Javier Miguel Afif, el flamante ex secretario de Hacienda y Crédito Público, Pedro Aspe, multiasesor de multinacionales, Alejandro Gertz ex titular de la Secretaría de Seguridad Pública durante el gobierno de Vicente Fox y por supuesto, los multimillonarios evasores empresarios Ricardo Salinas Pliego, Enrique Coppel y Alberto Bailléres González, todos con prósperos negocios.

Y como en este país el que no vuela, corre, pues en la lista aparece el ex líder charro de la Confederación de Trabajadores de México (CTM) Joaquín Gamboa Pascoe, un hombre que hizo su fortuna gracias a empresarios charros que le llenaron los bolsillos para no aumentar los infames minisalarios.  El señor supuestamente defensor de los intereses de los trabajadores legó a su esposa e hijos 15.5 milloncitos de dólares que durante años ocultó en estos payasos fiscales. Gamboa Pascoe fue muy claro en sus intereses y declaró sin ninguna vergüenza: “Si los trabajadores están jodidos, ¿yo también tengo que estarlo?”…. evidentemente no. El líder charro recibió de empresarios charros millones de dólares a través de bancos de Alemania, Estados Unidos, Canadá e Inglaterra entre 2014 y 2015.

El pasado exitoso de Gamboa Pascoe incluye su puesto de presidente de la Gran Comisión del Senado y líder de la bancada del Partido Revolucionario Institucional (PRI) y por supuesto, dotes de empresario para crear un fideicomiso en las Islas Caimán y ocultar a través de sus empresas offshore panameñas.

El colmo de los colmos, aunque no nos debería de sorprender en un país donde hay sacerdotes que mandan mucho más que algunos gobiernos y se dedican a acumular riqueza mal habida. Y el gran ejemplo, es el padre Marcial Maciel, sacerdote pederasta por antonomasia de la iglesia católica universal del mundo mundial.

Ahora sabemos que a Maciel, además de violar niños, incluidos sus propios hijos y consumir drogas, también le gustaba generar riqueza para sí mismo y sus discípulos más fieles de su podrida congregación religiosa. Para ello, montó una estructura financiera exitosa en las Islas Vírgenes y Bermudas desde 1992, con la ayuda de los directores y recortes de sus escuelas: la Universidad Aanahuac, el Cecvac, el Himalaya, el Cumbres, el Irlandés y tantos otros colegios donde actualmente se educan nuestras distinguidas élites sociales, hijos de las élites empresariales, funcionarios y políticos diversos.

Desde el epicentro del Vaticano, es decir, desde su sede en Roma ubicada en Vía Aurelia 677, Maciel y sus discípulos fieles (el sacerdote Jesús Quince Andrés, y los laicos Mario Olivieri Sangiacomo y Javier Vargas Díez Barroso) recibían 300 millones de dólares anuales para alimentar su fondito fiduciario llamado Ecyph Limited donde acumulaban las ganancias obtenidas con sus escuelas para las élites de México y otros países, según reveló el semanario italiano L’Espresso.

La respuesta de los lavadores de cuello blanco, o evasores para llamarlos elegantemente, es que todas sus operaciones en los paraísos fiscales son “legales y transparentes”.

Si así fuera, entonces, ¿por qué llevarse el dinero a los paraísos fiscales? ¿por qué crear empresas fantasma? ¿por qué evadir millones de dólares en impuestos? y en algunos casos, ¿por qué lavar dinero negro?

Cualquiera pensaría, que la Secretaría de Hacienda ya está tomando cartas en el asunto, investigando, procesando y condenando a estos evasores o lavadores, pero claro, esto es México y aquí nunca pasa nada.

México es el país de los lavadores de dinero. Allí está el Global Financial Integrity (GFI) para demostrarlo con un estudio que lo coloca en tercer lugar con 60 mil millones de dólares al año de flujo de capitales de procedencia ilícita.

El lema de moda es: lava, luego averigua, aquí no pasa nada.

 

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Fuente: 
SINEMBARGOMX

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