Opinión
21/04/2017
Dolia Estévez

Cumbre militar en Cozumel, escenario del debut de México como líder regional

Dolia Estévez

Si el Ejército y la Marina no desean hundirse más en el pantano de la sangrienta guerra a los cárteles, deben negociar un quid pro quo con sus contrapartes estadounidenses.

Por segunda vez en menos de tres meses, la alta jerarquía militar de Estados Unidos y México volverán a reunirse a puerta cerrada y lejos del escrutinio de los medios. El último encuentro fue en Tapachula a fines de enero sobre el que sólo los estadounidenses informaron. Esta vez, los máximos encargados de la seguridad de ambas naciones se encontrarán en Cozumel en el marco de la V Conferencia de Seguridad en Centroamérica (CENTSEC), programada del 23 al 25 de abril.

Para el Pentágono, la cumbre, que ha sido catalogada de “cuatro estrellas” por el alto rango de los asistentes, tiene un significado histórico ya que nunca antes México había aceptado ser sede. EU espera que el patrocinio mexicano vaticine el fin de la resistencia del Ejercito y la Marina en asumir el liderazgo regional en el combate al narcotráfico y la migración, una de las grandes asignaturas pendientes de la agenda geopolítica del Pentágono.

La conferencia será copresidida por la General Lori Robinson, jefa del Comando Norte (NorthCom), el almirante Kurt W. Tidd, jefe del Comando Sur (SouthCom), el General Salvador Cienfuegos, titular de la Defensa Nacional, y el Almirante Vidal Francisco Soberón, secretario de Marina. También asistirá la plana mayor castrense de todos los países de Centro América, más representantes de Colombia, Chile y Canadá.

Una vocera del NorthCom en Colorado me dijo no poder confirmar la celebración de la reunión en México, ya que no se dan a conocer con anticipación las fechas y lugares específicos de los viajes de la General Robinson. La Embajada de EU en México informó que la Embajadora Roberta Jacobson, quien asistió a la reunión de Tapachula, esta vez no irá. Claudia Algorri, vocera de la SRE, no respondió a mi pregunta de si Luis Videgaray asistirá.

Los preparativos se han desarrolla en medio de un gran hermetismo. Con base a entrevistas y documentos internos de los dos gobiernos consultados, se puede saber que la conferencia arrancará el domingo 23 de abril con una recepción en el hotel sede con “bar abierto” de 7 pm a 9 pm. Lunes 24 y martes 25 habrá seminarios y reuniones privadas en salones adyacentes al de la conferencia. Se esperan 90 participantes y un staff de 25 administradores y técnicos. Los mexicanos cubrirán el grueso de los gastos.

La isla de Cozumel fue escogida porque es parte de la esfera de seguridad de Cancún, zona en la que permanentemente hay un fuerte despliegue militar para proteger al turismo internacional. Los entrevistados declinaron identificar al hotel, dar a conocer la agenda o los nombres de los participantes pretextando “fuertes sensibilidades” de la Sedena.

Fuentes no oficiales dijeron que los temas serán el combate al narcotráfico, migración y seguridad fronteriza. Los paneles serán conducidos por especialistas acreditados.

Derechos humanos, tema clave por obvias razones, brilla por su ausencia. Las ONGs no fueron invitadas. No sólo eso. Se solicitó al hotel asegurar el área de la conferencia para impedir el acceso a huéspedes y periodistas. El Ejercito y la Marina creen que están eximidos de rendir cuentas ante la sociedad. Lo suyo nunca ha sido la transparencia, sino el secretismo.

El Ejército y la Marina llevan meses trabajando en los preparativos. Con el fin de “consensuar y conciliar” intereses con sus contrapartes sobre su participación en la CENTSEC, realizaron dos giras a Belice, Honduras, Costa Rica, Colombia, Panamá, Guatemala, Nicaragua y El Salvador entre el 5 y 15 de diciembre de 2016.

A principios de mes, ante el Senado, la General Robinson destacó como un gran logro el que “por primera vez en la historia institucional” México aceptó copatrocinar la CENTSEC. Dijo que el evento, para el que no dio fecha ni lugar, “fortalecerá el liderazgo regional” de las Fuerzas Armadas mexicanas en todo Centro América y “catalizará” una mayor participación de los mexicanos en temas de seguridad regional.

Adam Isacson, especialista sobre temas militares de la Oficina de Washington para América Latina, me dijo que Washington desea que México sea la “primera etapa” en la interdicción de migrantes y drogas. Para EU, señaló, la “seguridad fronteriza” no empieza en la frontera con México, sino en los países exportadores de drogas y expulsores de migrantes.

En 2002, México y Canadá fueron incorporados al “área de responsabilidad” del Comando Norte, creado ese mismo año en respuesta a las ataques terroristas de 2001. La misión del NorthCom es defender el territorio, espacio aéreo y marítimo de EU a partir de los flancos sur (México) y Norte (Canadá).

Desde entonces, el Pentágono no ha dejado de presionar para que el Ejercito y la Marina asuman el papel de aliados estratégicos.
Pero las alianzas entre desiguales corren el riesgo de degenerar en sumisión del débil ante el fuerte. EU es la potencia militar y nuclear número uno del mundo. El presupuesto militar de México es un suspiro del estadounidense. Lo que más bien se pretende es que México consolide y amplíe el trabajo sucio que realiza a nombre de EU en Centro América.

Si el Ejército y la Marina no desean hundirse más en el pantano de la sangrienta guerra a los cárteles, deben negociar un quid pro quo con sus contrapartes estadounidenses. A cambio de asumir el liderazgo regional en el combate al narco y los inmigrantes, deben exigir que los militares estadounidenses tomen el control de la lucha contra el consumo y el lavado de dinero en su país. Sin reciprocidad no hay alianzas. Proposición idealista pero justa.

Fuente: 
SINEMBARGO.MX

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