Mujeres
10/08/2018

La argentina Agostina Mileo, 'Barbie Científica' en las redes, se ríe de los estereotipos en su primer libro

La argentina Agostina Mileo conoce bien el peso de los estereotipos en la ciencia. Su currículum vitae dice que es licenciada en Ciencias Ambientales, magíster en Comunicación Científica y doctoranda en Historia y Epistemología de la Ciencia, pero es rosa. “¿Acaso hay otro color?”, justifica ella. Lo dice con el mismo tono que le puso hace seis años a la Barbie científica, un personaje que creó en las redes sociales para reírse de los prejuicios alrededor de su forma de ser: una mujer a la que le encanta comprar zapatos y transmitir qué dicen los estudios en forma clara y simple. .

Mileo (Buenos Aires, 1987) acaba de publicar un libro, el primero que escribe. Se titula Que la ciencia te acompañe (a luchar por tus derechos) y acaba de ser editado en Argentina por Penguin Random House Grupo Editorial. Le puso ese título porque le gusta Star Wars, pero sobre todo porque cree que ese ámbito también puede proporcionar herramientas para solucionar las desigualdades de género.

¿Qué dicen los estudios sobre los orgasmos femeninos? ¿Por qué no hay anticonceptivos para los varones? ¿Cuáles son las causas por las que millones de mujeres eligen determinadas dietas de moda? Para responder estas preguntas desde una perspectiva feminista, Mileo sacó a relucir bibliografía científica, la analizó y le agregó algunas anécdotas propias como condimento. “Mis ganas de acercar el conocimiento vienen de ponerle un piso a las discusiones. Mi lema es ‘una opinión no es un argumento’. Entonces propongo empezar a pensar un poco cómo discutir desde los argumentos y hacerlo bien”, dice. Para ella, eso es vital para que una persona tenga acceso a sus propias reflexiones y forme ideas para “accionar sobre los elementos” que lo o la oprimen.

Ponerle brillo a los prejuicios

Mileo propone confiar en la ciencia a pesar de haber sufrido ella misma los sesgos de género que enumera en el libro. Estereotipos sobre lo que “tiene que ser un científico” que han sido un obstáculo para su carrera académica. “Llegado el momento de empezar a conectar con la comunidad que me correspondía, los prejuicios fueron mucho más fuertes que mi formación. Siempre que decía alguna idea me revoleaban los ojos”, recuerda.

La creación de las cuentas en Facebook y Twitter de “la Barbie científica” fue entonces una forma de decirlo ella misma, de mostrar que se reía de sí misma y de ese encasillamiento. Lo hizo porque creía que ser mujer y joven tenía un papel en en ese desprecio, pero también de haberse dedicado a la comunicación científica como área de especialización. “Tomar la palabra no es históricamente sencillo para nosotras las mujeres. En Argentina, por ejemplo, no tenemos comunicadoras masivas que hayan llegado al espectro de lo popular. Son todos varones”, señala.

Tomar la palabra no es históricamente sencillo para nosotras las mujeres. En Argentina, por ejemplo, no tenemos comunicadoras masivas que hayan llegado al espectro de lo popular. Son todos varones”

Así empezó a analizar de forma sencilla las noticias científicas que aparecían en los medios. Lo hizo a partir de una serie de preguntas que apuntaban a explicar qué decía un estudio, cómo se había realizado, en qué avanzaba y cuál era su utilidad. Ese estilo es el que retoma en el libro. “La capacidad de las mujeres para producir ciencia y sus resultados son subestimados, especialmente si son gays y no blancas. ¿Para qué sirve? Para dejar de decir gansadas basadas en la experiencia personal de conocer a tres conferencistas afamadas. O peor, de haber googleado ‘mujeres científicas referentes’ y ver que salen varias páginas”, escribió. 

Aborto, dietas, menstruación

Mileo propone que la ciencia acompañe a las mujeres a analizar con una mirada crítica qué pasa con la agenda de género actual. “Hoy está este viraje hacia la preocupación por la salud, pero lleva al mismo resultado y a los mismos ideales de cuerpos. Me interesaba mostrar estas cuestiones que se van imponiendo. ¿Qué mensajes nos están mandando? ¿Qué cosas están flojas de papeles para ser afirmadas? Por ejemplo, ¿por qué creemos que dejar las harinas es saludable?”, se pregunta.

También repasa siete argumentos que utilizan las personas que están en contra del aborto. Por ejemplo, uno que se escuchó mucho durante el debate en Argentina en torno a la legalización de la interrupción voluntaria del embarazo y que postula que esta “puede convertirse en un método anticonceptivo”. Ahí Mileo es tajante. “No. Ningún estudio comparativo a gran escala demuestra que si el aborto se legaliza, las mujeres se lanzan masivamente a utilizarlo como método anticonceptivo”, concluye.

Incluye también mitos sobre la menstruación, como la supuesta “sincronización” entre mujeres. De eso algo sabe: es la coordinadora de la campaña #MenstruAcción, que pretende visibilizar la desigualdad económica generada por este proceso y que ya inspiró varios proyectos de ley en Argentina, incluidos dos que fueron presentados el año pasado en el Congreso.

Feminismo documentado

Uno de los objetivos del libro está en línea con toda una bibliografía reciente que cuestiona la idea de que la ciencia es universal y objetiva. “En la práctica, este sujeto universal, al que aplica todo lo que la ciencia conoce, es un varón blanco heterosexual que se toma como modelo”, plantea ella.

Ese no es el modelo que Mileo quiere: hasta ahora, para su trabajo ha incluido todo el abanico de la diversidad sexual y la identidad de género. Por eso, espera que su libro “sea útil para sortear la angustia que generan las condiciones opresivas y desiguales de las mujeres y otras disidencias en esta sociedad”. Pero su idea principal es casi un legado. Quiere demostrar que el feminismo “está bien documentado”, que no es “una idea surgida de la mera experiencias personales”, sino que la desigualdad es sistémica. En esa búsqueda, la ciencia no se vende por separado.

Fuente: 
EL PAÍS

Se el primero en comentar