Mujeres
17/04/2017

Dibujos en femenino plural

Cada vez hay más mujeres que se dedican al cómic. Empatizan con los lectores tratando con mucho humor temas cotidianos

Mujer. En torno a 30 años. Observa lo que le rodea, lo analiza y le saca punta. Sin humor no es nada. Vive en una gran ciudad. Las redes sociales son una de sus herramientas de trabajo. El dibujo es su altavoz al mundo, su mejor manera de expresarse. Con todas estas características bien se podría hacer un retrato robot de un amplio grupo de ilustradoras, viñetistas, dibujantes, creativas, humoristas gráficas, artistas o, incluso, antiartistas que en los últimos meses han publicado un libro en el que lo gráfico predomina o que lo harán en los próximos. Pero ese retrato, teniendo un poquito de todas, no sería fiel a ninguna. "Es como decir que todas las canciones de amor son iguales o que lo son todos los cómic de superhéroes", explica Flavia Álvarez, autora de Las cosas del querer (Lumen).

Si solo con poner nombre a su profesión ya difieren, cómo no van a hacerlo en lo demás. Las hay que no saben dibujar con lápiz, como Raquel Córcoles, creadora de Moderna de Pueblo, que prepara libro para otoño. Otras que no se recuerdan sin él en la mano, es el caso de Raquel Riba Rossy, que va armada con él como su personaje Lola Vendetta con su catana. Publicó su primera historia, Más vale Lola que mal acompañada (Lumen), en marzo.

La mayoría nacieron en las redes sociales casi de manera casual; para Álvarez -conocida como Flavita Banana- son su currículum. La estadounidense Gina Wynbrandt, autora de Que alguien se acueste conmigo, por favor, utiliza su presencia en Internet como la extensión de su marca personal: "Muestran lo patética que es mi vida cotidiana e ilustran cómo mi trabajo es una vía de escape". Un escaparate fueron para Anastasia Bengoechea (Monstruo Espagueti): "La editorial me contactó por el éxito que tenía en redes". Y de ahí, a publicar ¡estás FATAL! con Lunwerg el pasado febrero. Son una ventana que les ha llevado al libro de papel y, de hecho, ninguna reniega de él, lo buscan, parece lejos de estar muerto. "Me gusta la tinta", dice Flavita Banana. Sobre la buena convivencia de ambos formatos, Manuel Bartual, editor de ¡Caramba!, explica que el papel no solo no ha muerto, "el cómic vive un momento dulce". En septiembre verá la luz un recopilatorio de viñetas de Flavita Banana que ya ha publicado online. "Se ha comprobado que si va bien en Internet, también en papel. La función que hace 20 años cumplían las revistas que ya no quedan, las cumplen las redes", sostiene Bartual, que a través de ellas conoció a la autora a la que describe como "buena observadora, traslada muy bien el mundo a viñetas y tiene un estilo reconocible, conciso y rotundo".

Una mezcla entre material inédito y ya publicado van a hacer también Marga Castaño y Esther de la Rosa, que prevén que para octubre tendrán la versión tangible de las tiras que llevan colgando un año en su web Hardcore maternity. En ella plasman un tema muy en boga como es hacer patente lo menos agradable de la maternidad. "Intentamos compatibilizar el trabajo, los hijos y nuestra vida de solteras, por tanto vamos acumulando... Hablar de nuestro espacio de libertad no es incompatible con querer a nuestros hijos", explica Castaño. El cómic estará formado por 10 historias que ya tienen versión online y otras 15 creadas ex profeso.

Pero no todo ocurre primero en el mundo virtual. A Meritxell Bosch, candidata al premio Eisner en 2015(uno de los más reconocidos en las industria del cómic) por BirdCatDog, y con su novela gráfica Yo, gorda (La cúpula) recién publicada, no le gustan las redes, solo mantiene Facebook pero sin especial interés. Tanto ella como Córcoles son más veteranas que el resto y reconocen que el mundo del cómic ha cambiado mucho en los últimos años. La autora de Moderna de Pueblo, que dejó su trabajo hace cuatro años para dedicarse plenamente a su personaje y todo lo que conlleva (publicaciones, merchandising...), comenta que cuando empezó estaba sola. No se considera pionera pero sí sabe que ha abierto alguna puerta. "Ahora somos toda una comunidad, lo que tiene sus inconvenientes: todas somos muy activas y hay que ir con cuidado para no tratar temas que otras ya hayan tratado. Pero a la vez este auge nos hace ser más visibles y que haya más gente interesada". Bosch cuenta que hace 15 años, cuando ella empezó a estudiar, eran solo tres mujeres frente a veintitantos chicos: "Un profesor llegó a decir que las mujeres no dibujábamos porque ya creábamos vida, ¡pero qué tendrá que ver!", le reprocha. "Machismos que te encuentras en cualquier otro oficio", añade.

La todavía menor presencia femenina en el mundo del cómic no es característica solo del ámbito español. La estadounidense Wybrandt reconoce que en todos los campos debería haber más mujeres: "En el arte, en los medios de comunicación...". Prueba de ello es el pasado Salón del Cómic de Barcelona, celebrado del 30 de marzo al 2 de abril, donde solo el primer día el número de autores que participaron en las firmas de libros, más de 40, era muy superior al de autoras, no llegaban a 10.

No cabe duda de que el punto de vista femenino une a todas estas autoras. Sus protagonistas son mujeres, pero también la mayoría de los que crean los dibujantes son hombres. Mireia Magallón, editora adjunta de Lumen y Reservoir Books, reconoce que existía la necesidad de que las lectoras encontraran voces femeninas en este mundo, pero le parece reduccionista pensar que el público que las lee es solo femenino. "No importa el género ni de quien ilustra ni de quien lee. Tratan cuestiones universales."

MUJERES NORMALES

Las protagonistas de autoras como Gina Wybrandt, Flavita Banana, Raquel Riba, Monstruo Espagueti, Meritxell Bosch, Hardcore maternity... no son las mujeres hipersexualizadas de algunos cómics. Tienen vello, sus curvas son imperfectas, andan semidesnudas por su casa, tienen la regla y la sangre mancha (que parece que es un tabú), practican sexo o no lo practican y se quejan por ello... "Reflejo la normalidad", dice Flavita Banana, que, como las demás, se inspira mirando alrededor.

Todas tienen un toque desenfadado, irónico. Cada una en su línea pero con el humor muy presente y, a veces, con un punto de mala leche, de hacer que lo que cuentan sea una sacudida, que levante algunas ampollas. A pesar de que hay algunos temas como el de la bulimia que se trata en Yo, gorda, o el cáncer de mama, del que habla Jennifer Hayden en La historia de mis tetas (Reservoir Books), que son más femeninos porque por suerte para los hombres ellos sufren en un porcentaje mínimo estas enfermedades, cualquiera se puede sentir identificado con, por ejemplo, Lola Vendetta y la idea de hacer rodar cabezas (metafóricamente) cuando algo resulta desesperante. Y de esta empatía, al éxito.

Y si no...¿a quién no le ha parecido una eternidad la espera de una respuesta a un whatsapp? ¿Quién no ha querido ahogarse en una macrotarrina de helado o, en su defecto, en un cuenco de palomitas? ¿Quién no ha querido fusionarse con el edredón y transformase en una crisálida?, bien por estar demasiado solo o por estar fenomenalmente acompañado. ¿Quién no ha metamorfoseado alguna vez un contratiempo que realmente tiene la talla de una pulga, en otro del tamaño de un elefante? Problemas del primer mundo.

Fuente: 
EL PAIS

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