México
22/09/2017

Jojutla, zona cero

Un pequeño pueblo de Morelos, a 70 kilómetros del epicentro del sismo mexicano, acumula la mayor concentración de ruina y muerte

La tierra crujió al sur y el temblor subió 130 kilómetros como un latigazo hasta Ciudad de México. Antes, a medio camino entre el epicentro y la megalópolis, la sacudida del martes se sintió en un pequeño pueblo arrocero del estado de Morelos como en ningún otro lugar. Si en la capital los muertos son cientos entre 20 millones, aquí, en Jojutla, son decenas entre 25.000. Si en el centro de México tumbó edificios, aquí arrasó barrios enteros. Si en la ciudad se levanta la cabeza por el morbo de ver caer algún rascacielos, en el pueblo se mira al suelo con la esperanza de encontrar algún resto del naufragio.

Por la plaza del ayuntamiento, tomada por cuatro furgones del ejército, una mujer arrastraba la noche del miércoles los pies y una manta. “Mi pueblo se vino abajo. Esto es una zona de desastre”. Lo primero en desprenderse de la casa consistorial fue el reloj, redondo y blanco, que presidía la fachada. Un policía cuenta que le cayó encima a un vecino que iba a pagar una factura. Atrapados dentro del edificio, con un mordisco de Godzilla en un lateral, también murieron dos funcionarios. Desde la 13:14 del martes el reloj de Jojutla se ha detenido en la ruina y la desolación.

A esa hora, Héctor Manuel Franco, 41 años, estaba en su habitación, su abuela en la sala y su tío en la tiendita que tenían en la entrada. Comenzó el vaivén y Franco metió a su abuela en la habitación. El tío, intentó salir a la calle y el techo de abobe se derramó sobre su cabeza. “Salí a la calle por detrás y vi como la mitad de mi casa eran puros escombros. La gente tiraba de mi tío y conseguimos sacarle. Esta en el hospital, estable pero con problemas en el pulmón”.

El hospital de Jojutla, un centro regional que atiende a otros cinco pueblos de la zona, también acusó el terremoto. Varios enfermos fueron llevados al garaje del edificio y los casos más urgentes, trasladados en helicóptero a Ciudad de México. “Ayer ayudamos a sacar a dos niños. Uno estaba ya muerto. A otro, le amputaron un brazo y en el helicóptero se desangró y no alcanzó al hospital”, cuenta Cuauhtémoc Machado, uno de los cientos de voluntarios que se han volcado con sus vecinos.

Ejercito, policía estatal, federal y protección civil también están presentes. Las cifras oficiales rozan la veintena de fallecidos –casi una tercera parte del total de víctimas en el Estado–, 300 viviendas destruidas y casi 2.000 inmuebles dañados. Los vecinos, sin descanso en la solidaridad, están convencidos de que el daño es mayor. “Casi la tercera parte del pueblo está afectado – añade Muñoz– Llevamos por lo menos 100 muertos”.

Hasta seis albergues han sido habilitados en el pueblo. Rebosan víveres, mantas, medicinas y fraternidad vecinal. Pero fuera, en la calle, el paisaje es postapocalíptico. En la colonia Emiliano Zapata, una de las más golpeadas, apenas hay una casa que se mantenga erguida. Postes de luz vencidos sobre techos a ras de suelo, amasijos de hierro saliendo de columnas despellejadas, baños resquebrajados a la vista de la acera, juguetes sucios entre pilas de cascotes.

Antonio López, 69 años, ha logrado salvar un colchón y dos neveras. Es pollero y guardaba lo que le sobraba del mercado en esos refrigeradores caseros que ahora tiene saludando la calle de arena. No piensa separase de ellos, ni de las ruinas de su casa. “Hoy duermo aquí, no vaya a ser que venga algún ratero a aprovecharse”. La escena se repite en cada esquina: vecinos pasando la noche frente a los restos de su hogar por miedo al pillaje. “Solo será hoy –continúa López– porque ya me han dicho que mañana la van a demoler. Lo que no me han dicho es si después de me van a ayudar”.

El presidente Peña Nieto visitó la zona el miércoles a medio día acompañado del gobernador del Estado. Ambos se comprometieron a levantar un censo para determinar la medida de la catástrofe. Durante semana seguirán las reuniones entre las autoridades y sobre la mesa está la posible calificación del pueblo como zona de desastre, lo que aceleraría la ayuda federal. De momento, el reloj de Jojutla sigue parado en las 13:14 del pasado martes.

 

Fuente: 
El País

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