Opinión
19/06/2015
De Política y Cosas Peores / Armando Fuentes Aguirre "Catón"

Margarita

De Política y Cosas Peores / Armando Fuentes Aguirre "Catón"

El hombre llegó a su casa y encontró a su esposa en la cama con su mejor amigo. Le reprochó a la mujer: “No deberías hacer esto”. Seguidamente el hombre le dijo a su mejor amigo: “¡Perro feo!”… Un individuo fue a confesarse con el padre Arsilio: “Acúsome -le dijo- de que hice cosas con una mujer casada”. “Adulterio -dictaminó el sacerdote-. De penitencia rezarás 10 avemarías y dejarás 100 pesos en la caja de las limosnas”. “Pero, padre -acotó el penitente-, solamente frotamos nuestras partes; no hubo penetración”. Replicó el confesor: “Frotación o introducción, es lo mismo. Cumple la penitencia y en el futuro no seas como Schubert, que dejaba sus obras inconclusas”. Salió el individuo del confesonario y rezó las 10 avemarías. Luego fue a la caja de las limosnas, pero no puso nada en ella: simplemente se colocó junto a la caja, y luego se encaminó a la puerta. “¡Hey! -le gritó el sacerdote-. ¡No echaste nada en la caja!” “Es cierto -reconoció el tipo-. Pero froté contra ella mi cartera, y usted mismo dice que es lo mismo frotación que introducción”… Hubo una rifa en el club, y Babalucas se sacó un cepillo para el baño. Días después el organizador de la rifa le preguntó: “¿Qué tal salió el cepillo?” “No muy bueno -contestó el badulaque-.

 

Creo que volveré al papel”… Sonó hueco el anuncio que hizo Margarita Zavala en el sentido de que aspira a ocupar la Presidencia de la República. Su declaración se perdió en el vacío, como piedra que cae en un pozo sin fondo. El destape que hizo de sí misma no encontró eco -y menos aún entusiasmo- ni siquiera en su círculo cercano de compañeros de partido. Es una pena, pues la señora es talentosa y vale por sus propios méritos. Sin embargo carga un pesado lastre: el apellido. No el suyo, sino el de su marido, el ex presidente Calderón. Este señor es considerado uno de los peores mandatarios que México ha tenido, causante principal de la ola de sangre que inundó al país durante su gestión y de la cual aún no nos libramos. Felipe Calderón nos condenó a vivir con miedo, y eso no se le perdona. Su esposa lleva el peso de su desprestigio. Tal cosa es injusta, ciertamente, pero es real, y hace inviable la aspiración de la señora. Los electores no querrán saber de nada -y de nadie- que tenga relación alguna con Calderón. Don Felipe y doña Margarita son aún jóvenes, y sin embargo están ya destinados al retiro. Dedíquense a hacer vida de familia, a viajar, a leer, a cultivar sus amistades, pero manténganse alejados de todo lo que tenga que ver con la política activa. Eso es lo mejor para ellos y para su partido. Desde luego yo no soy nadie para decir a nadie cómo orientar su vida; bastante desorientada está la mía. Pero como observador externo le digo al matrimonio Calderón Zavala que mis reflexiones son desinteresadas y objetivas, a más de tener base en opiniones que he escuchado en estos días en diversos rumbos del país, principalmente el nornoroeste y el suroriente entrando a mano derecha. Un proverbio popular enseña que hay tiempo de tirar cohetes y tiempo de recoger varas. Lo mismo, en términos más elevados, postula el Eclesiastés. Tomen en cuenta ese saber doña Margarita y don Felipe, y actúen en consecuencia… “El sexo con mi marido no me satisface”. Así le dijo la mujer al doctor Duerf, psiquiatra de gran fama. El analista procedió a hacerle a la señora un extenso interrogatorio, sobre todo acerca de su mamá, pero no pudo dar con la causa del problema. Por fin le preguntó. “¿Alguna vez ha visto la cara de su esposo en el momento del sexo?” “Sí -respondió ella-. Ayer precisamente se la vi”. “Estamos hablando de la cara” -aclaró el analista. “A eso me refiero -dijo ella-. Ayer, al hacer el amor, le vi la cara”. Inquirió el facultativo: “Y ¿qué gesto tenía?” Contestó ella: “Estaba muy enojado”. Ponderó el doctor Duerf: “No es normal que un hombre esté enojado en ese trance. ¿A qué atribuye usted el enojo de su marido?” Dijo la mujer: “A que yo estaba haciendo el amor, y él me estaba viendo a través de la ventana”… FIN.

Fuente: 
REFORMA

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