Cultura
05/02/2018

Rojo mexicano. La grana cochinilla en el arte; un cierre masivo

La exposición que reunió hasta ayer obras de Van Gogh, Renoir, Velázquez y Tintoretto en el Palacio de Bellas Artes recibió a más de 211 mil personas

CIUDAD DE MÉXICO.- Para sobrellevar una hora de espera se necesita una buena botana, una botella de agua y una buena compañía. Para sobrellevar esa espera uno puede fumarse un cigarrillo, tomar alguna selfi inesperada, leer a William Shakespeare, actualizar la cuenta de Facebook o consumir algunos besos furtivos, ante la mirada de los conductores que manejaban sobre el Eje Central Lázaro Cárdenas.

Todas esas opciones fueron de mucha utilidad a las poco más de seis mil 500 personas que ayer se dieron cita, en torno al Palacio de Palacio de Bellas Artes, para ver la exposición Rojo mexicano. La grana cochinilla en el arte, durante su último día de exhibición, en la Sala Nacional del recinto.

Yo nunca he visto una de esas cochinillas, pero si es mexicana y sirvió para pintar obras tan importantes de Van Gogh, creo que deberíamos verla todos ¿o no?”, aseguró Jorge Zamora, un hombre de 50 años que iba acompañado por su esposa.

Bueno, yo me enteré ayer que hoy era el último día de la exposición y como le prometí a mi novia que íbamos a venir, pues aquí estamos”, dijo un poco más allá Jorge García, estudiante de la Preparatoria 2.

Según cifras preliminares del Palacio de Bellas Artes, hasta las 20 horas de ayer los asistentes a esta exposición, alcanzaron un total de 211 mil 320 visitantes durante los tres meses de la muestra, donde se reunieron más de 70 obras de artistas como Vincent Van Gogh, Renoir, Diego Velázquez, Tintoretto, Andrés de la Concha y Domenico Robusti, quienes utilizaron el pigmento mexicano de la grana cochinilla en algunas de sus obras.

En ese momento un grupo de turistas canadienses que pasaban por la explanada de Bellas Artes mostraron su asombro de ver una fila con poco más de 200 personas que esperaban su turno para entrar al museo.

Nunca había visto algo así. Es sorprendente”, dijo Mark K., al pasar junto a la fila que se extendía hasta la parte posterior del recinto de mármol.

Sin embargo, la verdadera odisea no sucedió al conseguir el boleto o aguardar poco más de una hora para ver la exposición en torno a la grana cochinilla. La odisea inició al llegar a la sala.

¡Avance, avance!”, ese fue el primer grito de guerra que los vigilantes esperaban sin algo de pudor. “¡Aváncele, aváncele!”, se repetía el grito, como si el público ingresara a un autobús gigante en una hora pico.

¡No se detengan! Sigan adelante”, terciaba una segunda voz empeñada en  empujar al público que no alcanzaba a ver la cédula de la pieza con que iniciaba la muestra. Era La historia de los colorantes en México, de Raúl Anguiano, a la cual muchos ni siquiera consiguieron acercarse, dado que la sala era un gran mercado, donde el murmullo dominaba el ambiente.

En ese instante un grupo de cinco amigos universitarios intentaron ingresar acercarse a la primera parte de la muestra, donde estaban las fichas y explicaciones sobre los primeros usos de la cochinilla en México. Pero esa tarea tampoco fue posible.

Aquel recorrido tuvo una duración aproximada de 30 minutos, donde cada escala era como un ring de box o alguna función de lucha libre entre sutiles codazos y empujones.

Luz María, una de las integrantes de aquel grupo de amigos, dio su diagnóstico: “El recorrido fue un poco inútil, un poco sufrido y muy poco disfrutable. Porque ni pudimos ver el nombre de las obras, o las piezas con algo de cercanía. Apenas si tomamos unas fotos.”

Al final la afluencia a la exposición, que cerró a las 23 horas, ya no registró fila desde tres horas antes de su cierre.

Fuente: 
EXCELSIOR

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