Cultura
12/01/2018

Narrativa gráfica: más allá de las letras

El sello independiente La Cifra da un nuevo impulso al lenguaje visual. Este año, la editorial rebasará los 50 títulos y llegará a un balance entre la narrativa gráfica y otros géneros como novela y ensayo.

Hace 10 años que esta editorial comenzó a perfilar su personalidad. Un primer título del filósofo alemán David Le Breton, publicado por primera vez en español, Adiós al cuerpo, o la edición artística de La máquina Hamlet, también de estreno en este idioma y con la anuencia de los familiares de su autor, Heiner Müller, ya daban indicios de que La Cifra estaba en la búsqueda de un estilo único.

Tres años y cinco publicaciones después de su primer lanzamiento, el criterio de imprimir primeras ediciones en español se mantuvo, pero la editorial le dio un giro particular al catálogo, al integrar la narrativa gráfica, que se ha convertido en su distintivo: libros ilustrados, álbumes y obras que mezclan varias técnicas de dibujo, además de utilizar recursos tipográficos e incluso la página en blanco para contar una historia con todas las herramientas visuales posibles en papel.

En ese renglón, La Cifra publica a autores de México, Taiwán, Francia, Italia y, próximamente, Suiza, con un cuidadoso trabajo de edición, afirma su director, Carlos González Muñiz.

"La narrativa gráfica engloba varias vertientes, cabe toda aquella narración que utiliza texto e imagen e incluso sólo imagen. Nos pareció atractivo abrir esa línea hace aproximadamente cinco años, porque nos dimos cuenta de que la novela gráfica no le daba espacio a todas las voces que están apareciendo”, comparte González Muñiz.

Mientras sus autores mexicanos son jóvenes, en mayoría, algunos extranjeros son veteranos, como el italiano Andrea Ferraris, autor de Churubusco, una de las novedades del sello. Este libro de “trazos rulfianos”, como define el editor, versa sobre un soldado norteamericano de ascendencia italiana que está entre los desertores del Batallón de San Patricio. Para este trabajo, Ferraris creó una tinta sepia con café espresso y le dio un color verde a los flashbacks del personaje. El ilustrador mexicano Emmanuel Peña fue el creador de la portada.

En México, parte de la narrativa gráfica ejerce una crítica social. Augusto Mora, por ejemplo, es autor de un libro mitad ficción y mitad documental sobre el halconazo de 1971, y el movimiento #Yosoy132 de 2012. “Él publica en El Chamuco, además de ser ilustrador de libros. Para esta entrega (Grito de Victoria) incursionó también en el género periodístico, con la idea de que el lector conozca, a través de testimonios de primera mano, cómo fue vivir la represión en ambos movimientos, y todo está ilustrado con sus dibujos”, explica González Muñiz.

Desde mediados del 2000, esta forma de contar historias se ha consolidado como un medio de expresión para los jóvenes ilustradores que han comenzado a hacer sus propios libros, asegura el editor. 

NUEVO IMPULSO AL LENGUAJE VISUAL

“Con el auge de la ilustración de libros, sobre todo infantiles, y de la aparición del web comic, volvió este interés de los creadores por generar un lenguaje propio. Comenzaron publicándose ellos mismos o en fanzines y después se acercaron a editoriales. Cada vez hay más autores capaces de hacer libros completos, con una carga temática importante y una técnica gráfica sólida; es el comienzo de una tradición interesante”, afirma.

El ensayo gráfico también figura en el catálogo, como es el caso de Fata Morgana, de Emmanuel Peña, un volumen en blanco y negro sobre la ruptura amorosa, expuesta a través de todo aquello que se deposita, de una relación que termina, en el universo del teléfono o del celular.

La Cifra también publica libros silentes, es decir, carentes de texto, que siguen una tradición de países de oriente, como Corea y Taiwán. “No era tan usual en nuestras latitudes, pero ha ido cobrando mucho interés porque es cierto que no todos los libros necesitan tener texto para que se puedan comprender. Es una idea que proviene del cómic. En Francia, por ejemplo, hay muchos cómics sin texto para niños”. Un ejemplo es el libro de Zhou Jian-Xin, ¿Me has visto?, que relata la amistad entre un joven y un gato. Su primer encuentro sucede cuando el muchacho descubre al felino en la calle y se acerca tanto a él que se ve reflejado en sus ojos, con gran detalle.

“El preciosismo en la edición puede ser anacrónico, quizá no todos los lectores lo noten, pero para nosotros es un valor agregado, con un buen papel y una buena impresión. En México hay editoriales de libros infantiles ilustrados de mucha tradición, como El Naranjo o Tecolote; nosotros estamos proponiendo otra forma de expresión; nos define la búsqueda de la multiplicidad de plataformas que permite la narrativa gráfica”.

La Cifra edita mil ejemplares de cada título, que los mismos editores buscan. “Nos llegan propuestas, pero es raro que algo que no sea solicitado encaje con nuestro perfil, porque los autores hacen sus proyectos a su tiempo, a su manera. Buscamos tanto a los autores que traducimos como a los mexicanos en ferias libreras, o hacemos investigación para tener una idea de qué se está publicando en otras latitudes”.

Este tipo de narrativa, concluye el editor, es un género difícil porque los ilustradores requieren mucho tiempo para hacer libros de entre 80 y 200 páginas ilustradas. “Ahora que hay un auge, que se vende en librerías y hay más editores, los autores se están animando. Los géneros se mezclan, porque muchos de quienes se están dedicando a la novela gráfica, comenzaron como ilustradores”.

NOVEDADES

En el transcurso de 2018 saldrá la novela gráfica Palimpsesto, de Lisa Wool, sobre la adopción ilegal. La autora, nacida en Corea, fue adoptada por una familia Sueca. su obra cuenta la historia de la búsqueda de sus orígenes; Cinco, de Patricio Betteo, son cuentos cortos sobre los sentidos; Salón destino, de Carlos Vélez, sobre una relación amorosa que surge gracias al baile.

 

Fuente: 
El Financiero

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