Cultura
14/11/2017

Dañan arte emergente en el Colegio Nacional

La muestra Libertad por el sabor, que reunió a 23 creadores, fue “censurada” y desmontada del recinto de Donceles tras su inauguración, lo que dañó seis obras

CIUDAD DE MÉXICO.- El Colegio Nacional censuró la exposición Libertad por el sabor, inaugurada el pasado 21 de octubre dentro de sus instalaciones, pero se retiró al día siguiente de su apertura, aún cuando debía exhibir la obra de 23 artistas y colectivos de arte contemporáneo hasta el próximo 20 de noviembre, como cierre del programa de conferencias Libertad por el saber. Tiempos de revoluciones, denunciaron los propios creadores.

Sin notificar a los artistas, la muestra realizada por invitación del escritor Juan Villoro fue desmontada casi en su totalidad (sólo quedó la escultura Codex del colectivo SANGREE, que no pudieron mover porque pesa 300 kilos) y las piezas terminaron arrumbadas en uno de los patios del edificio, lo que ocasionó daños en  por lo menos seis obras.

El “negligente” manejo de las obras por parte de los administradores de El Colegio Nacional, Martín Velazco y Fausto Zerón-Medina, fue justificado como un error por parte del personal de limpieza, quienes “la retiraron al día siguiente de la inauguración, pensando que todo había terminado”, según dijo por escrito Villoro a Berenice Olmedo, una de las artistas afectadas.

Excélsior solicitó al área de prensa de El Colegio Nacional una entrevista con Martín Velazco y Fausto Zerón-Medina, quienes al igual que Villoro estuvieron en contacto o fueron informados sobre los pormenores de la exposición, pero la única respuesta oficial que dio la institución fue que “por un error de organización interna la exposición se desmontó unos días después del performance del 21 de octubre. Se notificó de esto al colectivo Biquini Wax EPS, organizadores de la exposición, y lamentablemente decidieron no volver a montarla”.

Esta versión, explicó el artista Daniel Aguilar Ruvalcaba, responsable de la muestra, carece de sustento, ya que El Colegio Nacional nunca les notificó que la exposición se había desmontado, sino que fue después de que los artistas se quejaron, cuando les informaron que el personal de limpieza había retirado las piezas.

Pero es evidente que la gente de limpieza no puede tomar ese tipo de decisiones. Si en ese lugar hasta para mover una silla te piden un permiso por escrito. Es evidente que dieron la orden de quitar la exposición y nunca nos avisaron. Después como que les dio culpa e intentaron montar las piezas de nuevo, pero lo hicieron todo mal, además de que varias piezas se habían roto”, indicó Aguilar Ruvalcaba.

Para la artista Paloma Contreras Lomas “El Colegio Nacional actuó de manera negligente justo para censurar nuestro trabajo. Nos invitaron porque quieren mantener este discurso paternalista hacia los jóvenes, pero nunca pusieron atención a nuestras propuestas, justo por el tipo de temáticas que estábamos abordando”.

Al desmontar la exposición se dañaron las obras Ranitidina y Ritalina, de Olmedo (quién exigió por escrito que se le pagaran los daños); Sin título. (Pesos de los Estados Unidos Mexicanos), de Josué Mejía; América, vista desde las tres carabelasy Sin título, de Marco Aviña y Marek Wolfryd ; Atentado térmico. Lo más interesante de esa vida tan animada es que no tengo que hacer nada, de Israel Urmeer; y Monedas de un peso entre pan blanco, de Ha Vi.

Villoro originalmente había invitado a Aguilar Rubalcaba a la mesa Revoluciones estéticas: Las vanguardias, pero al planear su participación surgió la idea de  invitar a varios artistas jóvenes a realizar una exposición que permanecería un mes en El Colegio Nacional. Velazco, según dijo por escrito Villoro a Olmedo, “asumió ese nuevo compromiso, con entusiasmada generosidad”.

El Colegio Nacional aceptó el proyecto y pagó parte de los gastos vinculados al montaje y producción de la misma, pero días antes de la inauguración iniciaron los problemas una vez que se les informó la temática y naturaleza de las obras, que criticaban lo mismo símbolos del Estado Mexicano, que a problemas que podían vincularse con los miembros del recinto, concretamente las acusaciones promovidas en la plataforma change.org para no permitir el ingreso de Christopher Domínguez “por su discurso machista”.

La pieza que desde el principio despertó controversia fue Raza antigua de pies descalzos y sueños blancos, de Juan Caloca, la cual tomaba algunos elementos del Escudo Nacional, que fueron impresos en un tapete blanco colocado a la entrada del recinto para que los visitantes limpiaran su calzado. La obra se complementaba con un performance en la que tres personas vomitaban los colores de la bandera.

Villoro le explicó a Aguilar Ruvalcaba que montar esa pieza representaba un problema, porque el decreto de creación de El Colegio Nacional no les permitía modificar el Escudo Nacional.

Aunado a esto, Velazco no autorizó que los artistas instalaran con anticipación sus piezas, sino que el montaje se hiciera el mismo día del evento, bajo el supuesto de que, a primera hora, personal de El Colegio Nacional se encargaría de la muestra, lo cual nunca pasó. Y tampoco proporcionaron ningún micrófono o sistema de audio para los performance Burocracia es un cosustantivo masculino, de Paloma Cabrera; ni para Un análisis del objeto técnico (útil), de Wendy Cabrera.

Otra pieza que fue problemática al momento de ser instalada fue Adentro/Afuera, de Carmen Huízar, quien quería montar en la fachada del edificio de Donceles unos rótulos que reproducían frases sexistas que la artista encontró afuera de una iglesia como “No vengas con trajes deshonestos ya que provocas la sensualidad de los demás” o “Evita vestimenta estrecha. Falda corta. Licras, Shorts. Escote y Pants!”. Pero El Colegio Nacional no lo autorizó y las piezas finalmente se colocaron en un patio interior.

El descuido con el que se manejó todo lo relacionado con nuestra exposición fue evidentemente una estrategia para acallarnos. Quién va a creer que personal de limpieza tuvo la iniciativa de quitar las piezas, fue algo totalmente planeado. Luego las volvieron a poner sólo porque nos quejamos, pero claramente nunca les interesó. Pecamos de ingenuos al pensar que realmente nos querían en un lugar tan rancio, masculino y cerrado”, afirmó Contreras Lomas.

Irak Morales, quien instaló Tacos cabeza de vaca, un puesto de tacos en uno de los patios del recinto,  coincide en que se trató de un “acto de censura disfrazado de paternalismo, dejando deliberadamente de lado nuestro trabajo, básicamente porque no les interesa lo que pueda decir nuestra generación. Hubo una clara distinción entre ‘los que saben’ y ‘los que aspiramos a saber’. Ni un micrófono nos prestaron, afortunadamente nosotros veníamos preparados y usamos nuestro propio audio”, recordó Morales.

Olmedo también describe lo ocurrido como un acto de censura y por escrito les dijo: “Es inverosímil la organización respecto a la exposición, ya que faltaron a los términos en los que la exhibición estaba programada y niegan su responsabilidad en relación al desmontaje abrupto de las obras, culpando al personal de la institución. Esto, además de ser una imprudencia y una negligencia, es un error inaceptable y por el cual es su deber afrontar las consecuencias”.

Fuente: 
EXCELSIOR

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