Kanye West en su primer acto de campaña en Charleston, Carolina del Sur.LAUREN PETRACCA IPETRACCA / AP

Es matemáticamente imposible que Kanye West llegue a la Casa Blanca. El polémico rapero, que se postula a la presidencia como candidato independiente en las elecciones del 3 de noviembre, no ha cumplido los requisitos para que su nombre figure en las papeletas de varios Estados clave, lo que le impide reunir los votos necesarios para convertirse en el 46º mandatario de Estados Unidos. Sin embargo, competirá en una docena de Estados en los que ha logrado inscribirse a tiempo, pese a su tardía decisión, anunciada el 4 de julio. No es competitivo en ninguno de ellos, pero sí puede hacer daño al presidente Donald Trump o al demócrata Joe Biden en las carreras donde el margen de distancia entre ambos es muy ajustado. Y en unas elecciones tan polarizadas, cada voto cuenta.

En concreto, West será formalmente candidato en Idaho, Minnesota, Tennessee, Iowa, Arkansas, Colorado, Oklahoma, Vermont, Misisipí, Luisiana, Utah y Kentucky. Trump lidera las encuestas por más de 10 puntos en la mayoría de dichos Estados, por lo que su participación no resulta una amenaza. Sin embargo, donde la diferencia entre el republicano y el demócrata es de un 2% a favor del primero, según la plataforma FiveThirtyEight, la figura de Kanye West podría incidir en sus resultados. “Aunque saque un porcentaje muy bajo [en los Estados más ajustados], es posible que pueda marcar la diferencia”, apunta Christopher Devine, profesor de Ciencias Políticas en la Universidad de Dayton (Ohio).

No está claro a cuál de los dos principales candidatos podría perjudicar West. La percepción generalizada es que el rapero, que en su día se declaró gran admirador de Trump, restaría votos a Biden. Consultado por Forbes en una entrevista el pasado julio sobre esta teoría, West respondió: “No lo niego”. Devine defiende que se tiende a pensar que un candidato pequeño siempre quita votos a los grandes, pero que no tiene por qué ser así. “Los que lo voten quieren hacer una declaración de frustración o enojo. Me cuesta creer que si West no estuviera en la papeleta, votarían por Biden”, agrega.

El poder de arrastre de West no es importante en ningún grupo étnico. En uno de los pocos sondeos en las que aparece su nombre, publicado por Politico-Morning Consult el 12 de agosto, el candidato independiente logró un 2% de apoyo a nivel nacional, un 4% entre los hispanos y un 2% entre los afroamericanos. Su mayor caladero (un 6%) se registraba entre los votantes de la Generación Z, los nacidos entre los años 1994 y 2000.

Lakeyta M. Bonnette-Bailey, profesora de Estudios Afroamericanos de la Universidad de Georgia y autora de Pulse of the People: Political Rap Music and Black Politics, cree que ya es tarde para que se lo tome en serio y descarta que el apoyo de la comunidad negra o los jóvenes resulte suficiente para que tenga relevancia en algún resultado. “Que sea popular no significa que lo vean como un potencial candidato. Los jóvenes son conscientes de que el sistema es prácticamente bipartidista y no quieren desperdiciar su voto en alguien que no va a ganar”, plantea.

En caso de que fuese una amenaza para alguno de los dos aspirantes principales, Bonnette-Bailey cree que West afectaría más a Trump, pues sus propuestas se acercan en mayor medida a las bases conservadoras que a las de la izquierda. Pero remarca que en realidad “no tiene una plataforma de campaña, solo su nombre en algunas papeletas”. En la web de la campaña, el músico enumera 10 de sus objetivos, como reducir la deuda estudiantil o reformar el sistema judicial, pero no aclara cómo lo haría.

Fondos de su bolsillo
La Comisión Federal Electoral precisó la semana pasada de que West puso entre el 15 de julio y el 31 de agosto casi siete millones de dólares (unos 5,8 millones de euros) de su bolsillo para la campaña. En ese mismo plazo solo recaudó 11.472 dólares en aportaciones individuales. Mientras tanto, sigue hablando con frecuencia con Jared Kushner, yerno y asesor de Trump en la Casa Blanca, con quien también ha sostenido reuniones presenciales un par de veces. Hace unos días, West dijo en el podcast de Nick Cannon, Cannon’s Class, que había solicitado un encuentro con el ex candidato presidencial Bernie Sanders, pero que el veterano socialista no había querido.

La polémica le sigue acompañando en todo momento. Para que su nombre figurase en la papeleta de Virginia, el candidato debió reunir 5.000 peticiones y 13 firmas de apoyo entre los electores. Un juez de un tribunal de Richmond dictaminó el pasado jueves que Kanye West no podrá aparecer en el voto electoral porque usó tácticas impropias para cumplir los requisitos. De las 13 firmas entregadas, 11 fueron obtenidas por “medios inapropiados, fraudulentos o engañosos”, según el juez Joi Taylor.

La campaña presidencial de uno de los músicos más importantes del siglo XXI es el broche de una de las contiendas hacia la Casa Blanca más anómalas de la historia reciente. El coronavirus ha afectado todos los ámbitos de esta carrera prácticamente virtual entre un veterano de la política, un showman y un rapero. Sin embargo, el comportamiento errático del artista en los últimos meses ha reabierto el debate sobre su participación en los comicios a su estado de salud mental. West fue diagnosticado con trastorno bipolar en 2016 y su esposa, Kim Kardashian, pidió a sus seguidores y a los medios de comunicación que fueran compasivos con él después de que publicara en julio una serie de mensajes sobre su vida personal que luego borró.

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