Jesus Berardinelli (a la izquierda), quien fuera el presidente de la Federación Venezolana de Fútbol, en una conferencia de prensa, en junio.AFP

El presidente de la Federación Venezolana de Fútbol (FVF), Jesús Berardinelli, falleció el miércoles a causa de un infarto. El dirigente, que tenía dolencias crónicas de diabetes e hipertensión, llevaba dos semanas hospitalizado después de haber sufrido una insuficiencia respiratoria tras ser arrestado el pasado 20 de julio con acusaciones de corrupción. Tenía 61 años.

El dirigente estaba siendo investigado por desviar fondos públicos otorgados por el Estado venezolano a la federación. Unos días antes de su captura, el contralor del régimen bolivariano, Elvis Amoroso, había solicitado suspender las transacciones bancarias adjudicadas a Berardinelli para salvaguardar los recursos de la FVF. Amoroso ha declarado que el procedimiento era personal y solo afectaba al ejecutivo.

Al formalizar los cargos, el Ministerio Público acusó a Berardinelli de falsificación, difamación contra Rafael Dudamel, técnico saliente de la selección nacional, y por malversación de fondos. Fue el presidente de la federación el encargado de contactar al nuevo técnico del combinado nacional de Venezuela, recién nombrado, el portugués José Peseiro. Las acusaciones dirigidas a Berardinelli le habían impedido el derecho al voto en el Consejo Directivo de la Confederación Sudamericana de Fútbol, Conmebol. Tanto la Conmebol como Peseiro han lamentado públicamente la muerte de Berardinelli

Berardinelli había sustituido a Laureano González de la presidencia de la FVF, quien se había separado del cargo el pasado mes de marzo por motivos de salud. Su muerte deja descabezado, de momento, al ente futbolístico venezolano, que tenía prevista la elección de sus nuevas autoridades para el año 2021. La federación no se ha pronunciado sobre sustitutos, aunque fuentes vinculadas al organismo aseguran que probablemente se acuerde un interinato que permita organizar las elecciones internas.

El arresto y las acusaciones a Berardinelli, si bien parecían fundamentados, han sido interpretados también como un esfuerzo de la burocracia chavista para colonizar definitivamente a la Federación Venezolana de Fútbol, espacio que no controla en su totalidad. El directivo fue en el pasado un personaje cercano al chavismo en su gestión ejecutiva.

Sin embargo, Berardinelli había acusado a Pedro Infante, ministro de Deportes de Maduro, y vicepresidente de la FVF, de estar detrás de una maniobra para atrapar y controlar políticamente a la institución. Una situación similar enfrenta el Gobierno con la Federación Venezolana de Baloncesto. Aunque fuentes vinculadas a la federación interpretan como difícil que Infante presente su nombre como candidato para las elecciones internas, se especula en torno a la posibilidad de que el chavismo busque, en cambio, una opción afín a sus intereses. De momento, se considera que es Laureano González, presidente de la FVF hasta marzo, quien tiene la mayor posibilidad de retornar al cargo. González es un hombre que pertenece a la burocracia de la federación y conserva muy buenas relaciones con el chavismo. Además, ha manifestado estar dispuesto a reasumir sus antiguas funciones.

El panorama del universo federativo futbolístico venezolano luce por ahora muy confuso. Aunque algunos han llegado a temer la posibilidad de una desafiliación por parte de la FIFA, la mayoría de los consultados lo considera muy poco probable. Berardinelli había dicho antes de morir que no había recibido dinero del Estado, sino un patrocinio por la venta de la imagen de la Vinotinto, en los últimos años adjudicado a la estatal Petróleos de Venezuela. Agregó, en una entrevista hecha un mes antes de morir que si el Gobierno de Maduro procedía contra su persona “la FIFA va a intervenir con todos los hierros”.

Berardinelli y Laureano González pasaron años trabajando a la sombra de Rafael Esquivel, el longevo presidente de la Federación Venezolana de Fútbol, de origen canario, detenido en 2017 por estar vinculado a la red internacional de corrupción vinculada al caso FIFA. La caída de Esquivel los acercó y presentar una lista conjunta para asumir el control de la federación.

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