El presidente de la Asamblea Nacional de Venezuela, Juan Guaidó, durante un acto.FEDERICO PARRA / AFP

Noruega nunca ha renunciado a buscar una salida a la grave crisis institucional de Venezuela a través de una mediación. Sin embargo, después de los intentos fallidos que acabaron por dar oxígeno al Gobierno de Nicolás Maduro, la palabra diálogo se ha convertido en una suerte de tabú en las filas opositoras. Una delegación de diplomáticos enviada por Oslo visitó Caracas el pasado fin de semana para conocer de primera mano la situación del país, la gestión de la emergencia sanitaria del coronavirus y el horizonte político. El viaje en sí no tenía el propósito de abordar una negociación entre las partes, sino más bien estudiar si existen las condiciones necesarias para dar un paso más. Sin embargo, la mera presencia de los representantes noruegos despertó los recelos del equipo de Juan Guaidó, que rechazó de plano el escenario de un acercamiento.

Hace justo un año Noruega facilitó un ensayo de diálogo entre el chavismo y la oposición en Barbados. Esos contactos, que llevaron a un callejón sin salida, se produjeron cuando ya estaba claro que el desafío lanzado por Guaidó en enero de 2019 no iba a lograr, ni con la presión de la calle ni con las grietas dentro de las Fuerzas Armadas, desalojar a Maduro del poder. Entonces lo que definió el comienzo de unas conversaciones era la disputa sobre la celebración de unas elecciones presidenciales. El Gobierno descartó sin matices esa posibilidad. Doce meses después, el panorama es distinto. La crisis política de Venezuela ha entrado en una nueva fase de estancamiento agravada ahora por la pandemia. El jefe de la Asamblea Nacional, reconocido como presidente interino por alrededor de sesenta países, trata de mantener el pulso con la ayuda de sus aliados internacionales, con Estados Unidos a la cabeza. Y Maduro ha puesto en marcha una operación que busca dividir y desarticular a las fuerzas opositoras con vistas a los comicios parlamentarios convocados para diciembre. Una cita en la que no podrán participar, tras las últimas sentencias del Tribunal Supremo de Justicia, los dirigentes de tres de los cuatro principales partidos antichavistas: Acción Democrática, Primero Justicia y Voluntad Popular.

El equipo de Guaidó comunicó el fin de semana haber sido contactado “por representantes del Gobierno del Reino de Noruega” que les informaron de que esta misión diplomática estaba a punto de llegar a Caracas sin una agenda previa. “Según nos han informado, la intención de su visita es conocer la situación actual del país desde el punto de vista político y humanitario”, agregó el gabinete del líder de la oposición, que quiso dejar bien claro que sobre la mesa no había ningún intento de abrir conversaciones con sus rivales. “Hemos reiterado que el proceso de mediación que realizó el Reino de Noruega finalizó el año pasado cuando la dictadura se negó a que se celebren elecciones presidenciales y parlamentarias libres y justas. No existe en este momento ningún proceso de negociación y le reiteraremos a la delegación noruega que solo elecciones libres y justas son la solución a la crisis y no procesos fraudulentos con un CNE [Consejo Nacional Electoral] ilegítimo”.

En los últimos meses hubo algunos acercamientos entre las partes precisamente para pactar una nueva autoridad electoral. Esos contactos se mantuvieron al menos hasta finales de febrero, pero la emergencia de la covid-19, que golpea a un país con una sanidad pública postrada por la mala gestión, cambió las prioridades. Desde entonces, el chavismo y la oposición llegaron a un acuerdo puntual, aunque significativo, para gestionar las ayudas internacionales frente a la pandemia. Mientras tanto, las autoridades aceleraron la agenda electoral y finalmente fue el Tribunal Supremo, afín al oficialismo, el órgano que asumió la selección de un nuevo CNE.

Noruega confirmó que en las últimas horas varios funcionarios visitaron la capital venezolana, pero lo hizo sin hablar abiertamente de diálogo. “Acerca de información publicada, confirmo que diplomáticos noruegos están visitando Caracas con el propósito de actualizarse sobre la situación sanitaria y política del país”, comunicó a través de Twitter el veterano diplomático Dag Halvor Nylander. Oslo continuó trabajando, también tras fracasar la mediación de Barbados, en el terreno de la diplomacia multilateral para encontrar una salida negociada a la crisis política e institucional. Lo hizo, por ejemplo, a través de una triangulación con Washington y con Rusia, uno de los principales aliados de Maduro.

El régimen mantiene el apoyo de Moscú, China, Irán y Turquía, pero está cada vez más solo en América Latina y carece de relaciones exteriores en la región andina. El canciller, Jorge Arreaza, denunció este lunes que “la sede del Consulado de Venezuela en Bogotá ha sido vandalizada y saqueada por completo”. El ministro acusa al Gobierno de Iván Duque, uno de los principales rivales del chavismo, de haberla dejado sin protección, “violando las Convenciones de Viena sobre Relaciones Diplomáticas y Consulares”. “El Estado colombiano debe responder”, zanjó a través de las redes sociales

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