Una marcha en recuerdo de los 43 en Ciudad de México, en marzo.EDGARD GARRIDO / REUTERS

La fiscalía mexicana capturó hace unos días a José Ángel Casarrubias, alias El Mochomo, presunto integrante del grupo delictivo Guerreros Unidos. En busca desde 2015, José Ángel es hermano de Sidronio, Mario y Adán, detenidos en los meses posteriores a la desaparición de los 43 estudiantes de Ayotzinapa, en Iguala, en el Estado de Guerrero. De los tres, la fiscalía señala a Sidronio como responsable directo del ataque.

Desde antes de los hechos de Iguala, Guerreros Unidos operaba en Morelos, Guerrero y el Estado de México. En 2014, el grupo lideró el ataque contra los estudiantes, con la complicidad de las policías locales de Iguala y otros municipios colindantes y la desidia -al menos- de otras corporaciones estatales y federales. Los motivos del ataque son parte del misterio que rodea el caso desde el principio. Hasta ahora, la teoría más aceptada es que los Guerreros Unidos asumieron que los estudiantes eran en realidad integrantes de un grupo delictivo rival.

De acuerdo con la información recopilada por las dependencias estatales y paraestatales que han investigado el caso Iguala estos años, Guerreros Unidos se dedicaba entonces al tráfico de heroína desde Guerrero hasta Chicago. Los hermanos Casarrubias eran el primer escalón de mando de la organización. El nombre de El Mochomo aparece en las piezas de la investigación que aluden precisamente a envíos de heroína hacia el norte.

El Mochomo duerme en prisión desde el miércoles pasado, pero la fiscalía ha preferido no publicitar la detención. Los investigadores aguardan que el juez que ve el caso decida si las pruebas presentadas son suficientes para mantenerlo en la cárcel. La fiscalía acusa a Casarrubias de delincuencia organizada. El sigilo de la dependencia apunta a las dificultades que encuentran las fiscalías de todo el país de defender sus casos delante del juez. La semana pasada sin ir más lejos, una jueza liberó a los 31 detenidos de un espectacular operativo contra la delincuencia en Guanajuato.

En principio, la detención de El Mochomo no tiene que ver directamente con los hechos de la noche del 26 y la madrugada del 27 de septiembre de 2014, cuando los Guerreros Unidos atacaron a los estudiantes. Pero la posición de Casarrubias en la organización abre una veta de información para las autoridades. En el entorno de las familias de los 43, la detención es importante por la información que podría proporcionar. “Quizá sepa algo más del paradero de los chavos”, explica uno de los integrantes del equipo legal que ha acompañado a los familiares estos años.

El Mochomo no es el último hermano Casarrubias que podría aportar información sobre los 43. Hay un quinto hermano, José Alfredo, que la noche de los hechos era capitán del Ejército. Durante esos años, los abogados de las familias han pedido a la fiscalía que lo investigue para entender su actuación frente a las actividades de sus hermanos.

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