El circuito estadounidense de golf (PGA) envió el pasado martes un protocolo de 37 páginas a los jugadores en el que se detallan las medidas que deben tomar para el regreso a la competición el próximo mes. El golf ha tomado la delantera entre los grandes deportes de Estados Unidos para la vuelta a los torneos. La recuperación de su actividad está impulsada por dos factores. Primero, la facilidad, respecto a otras disciplinas, de que los jugadores mantengan entre sí la distancia física recomendada, al no ser un ejercicio de contacto. Segundo, el enorme negocio que en Estados Unidos supone la retransmisión televisiva de los campeonatos, un maná que permite el reparto de muchos millones de dólares (CBS tiene previsto retransmitir los próximos 11 torneos y NBC otros dos).

El golf volverá en Estados Unidos el 11 de junio con la disputa del Charles Schwab Challenge, en el Colonial Country Club de Fort Worth, en Texas. Será a puerta cerrada, como al menos las tres siguientes citas: RBC Heritage, Travelers Championship y Rocket Mortgage Classic. Con este horizonte, la PGA ha trabajado durante dos semanas con científicos de la Harvard Medical School para elaborar un protocolo que entrará en acción a partir del lunes 8 de junio, la semana del primer torneo tras el parón.

Entre las principales medidas figuran:

– Prohibidos los apretones de manos y las palmadas al final de las rondas.

– Los jugadores deben acceder a los palos ellos mismos, en lugar de los caddies.

– Los jugadores, caddies y jueces se someterán a tres métodos diferentes de control a la llegada cada día a la sede del torneo: un cuestionario, un control de temperatura y una prueba nasal para el diagnóstico de la covid-19. Si la temperatura es superior a 38 grados, se iniciará un protocolo especial.

– Cancelados los pro-ams.

– Prohibida la presencia de familiares de los jugadores, que sólo podrán contar con la asistencia de un instructor, entrenador o intérprete. Solo tendrán acceso a la casa club las personas que hayan superado las pruebas.

– Se limitará el número de periodistas y no habrá entrevista individuales. Todas las preguntas se harán en un área exterior respetando el distanciamiento social.

– Habrá mascarillas, guantes y productos sanitarios como toallitas y gel desinfectantes en todas las instalaciones.

– Los jugadores deberán hospedarse en un hotel designado. La organización proporcionará vuelos chárteres para el traslado de un torneo a otro, con capacidad máxima para 170 jugadores y caddies. Cada evento decidirá la disponibilidad de los coches de cortesía y no se permite el uso de servicios de transporte compartido.

“Lo esencial es el distanciamiento social”, explica Tyler Dennis, vicepresidente principal y director de operaciones del PGA; “se trata de una situación a la que nos hemos acostumbrado bastante en nuestras vidas particulares. Sabemos que podemos pasar nuestros días y semanas manteniendo el distanciamiento social en las sedes de nuestros torneos”. El circuito espera hacer pruebas a un promedio de 400 personas cada semana, y tiene localizados laboratorios locales que no estén sobrecargados de pruebas comunitarias para ayudar a reducir el tiempo de obtención de los resultados. Si una prueba resulta positiva, la persona afectada tiene que aislarse durante un mínimo de 10 días sin que haya síntomas a partir del primer resultado positivo o hasta que dos pruebas realizadas con una dilación de al menos 24 horas den resultados negativos.

El golf trata así de salvar la mayor parte del calendario una vez que el Open Británico no se disputará en 2020 y que los otros tres grandes han cambiado de fechas: PGA del 6 al 9 de agosto, US Open del 17 al 20 de septiembre (una semana antes de la Ryder Cup, que sigue en el aire ante el rechazo general a que se juegue sin público) y Masters de Augusta del 12 al 15 de noviembre.

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