Pese a que murió hace casi medio siglo, la figura de Marilyn Monroe sigue resultando fascinante para el gran público y también para los biógrafos, que ven en ella a un personaje tan explotado en lo público como lleno de dobleces en lo íntimo. De ahí que esta semana se publique una nueva biografía que indaga en cuestiones hasta ahora menos trilladas sobre la estrella de La tentación vive arriba. Así, según el autor Fred Lawrence Giles, Monroe se sometió a un aborto de forma anónima en el mes de julio de 1962. Se suicidaría el 4 de agosto.

El nuevo libro de Giles, llamado Norma Jean: The Life of Marilyn Monroe, indaga en la vida privada de la estrella y entrevista a docenas de personas relacionadas con ella. Giles es uno de los mayores conocedores de Monroe y de su vida, y para el volumen recoge testimonios de todo su entorno, como de dos de sus maridos, James E. Dougherty, y el escritor Arthur Miller; el profesor de interpretación de la actriz, Lee Strasberg o directores como Otto Preminger, John Huston y Billy Wilder.

En las algo más de 500 páginas del libro, el aborto sufrido por Monroe es una de las principales revelaciones de Giles. En un adelanto publicado en exclusiva por The Daily Beast, se da a entender que el hijo que esperaba podría ser fruto de una relación con el entonces presidente de EE UU, John Fitzgerald Kennedy, o con su hermano, Robert Bobby Kennedy.

“Durante todo el mes de julio, Marilyn hizo frecuentes llamadas telefónicas al edificio de Justicia en Washington, y cuando Bobby estaba fuera de la oficina, su secretaria, Angie Novello, hablaba con ella”, se lee en el libro. En ese mes, el último de su vida (moriría el 4 de agosto), también quedó en alguna ocasión con Joe DiMaggio, que creía que podía volver a tener algo serio con ella de nuevo, y con Frank Sinatra. Además, realizó un par de sesiones fotográficas —como aquella célebre de la mano de Bert Stern— y concedió un par de últimas entrevistas en las que estaba relajada y dejaba entrever la poca importancia que le daba a la fama asociada a ser actor. “Como persona, mi trabajo es importante para mí”, confesaba en una de ellas. “Mi trabajo es el único terreno en el que he tenido un lugar propio. Actuar es muy importante. Para decirlo sin rodeos, parece que tengo una superestructura pero sin fundamento. Pero estoy trabajando en la base”, daba a entender acerca de cómo a menudo era más valorada por su físico que por su esencia actoral.

Marilyn Monroe con Robert y John Fitzgerald Kennedy después de cantarle a John ‘Happy Birthday, Mr. President’ el 19 de mayo de 1962 en el Madison Square Garden de Nueva York.
Marilyn Monroe con Robert y John Fitzgerald Kennedy después de cantarle a John ‘Happy Birthday, Mr. President’ el 19 de mayo de 1962 en el Madison Square Garden de Nueva York.FOTO: WIKIPEDIA
Uno de los publicistas de la oficina que llevaba su comunicación, Arthur P. Jacobs, afirma que el 20 de julio Marilyn ingresó en el Hospital Cedars of Lebanon, uno de los más afamados de Los Ángeles y situado en pleno Hollywood, con un seudónimo. “El ayudante de prensa se quedó en shock. Si Marilyn estaba embarazada de verdad, su estado mental debía ser inimaginable”, relata el libro, que continúa: “Habían pasado tres meses desde su último encuentro íntimo con el presidente Kennedy, y solo unas semanas desde la última vez con su hermano. Habría sido fácil asumir que el bebé que abortó era un Kennedy, pero también estuvo viéndose con otros hombres en primavera y en verano”.

Los publicistas contaron que se había ido ese fin de semana a un lago. Después, ya el lunes 30 de julio, Monroe llamó por teléfono a Bobby Kennedy. “No hay modo de saber si le llegó a contar que había interrumpido un embarazo”, explica Giles en su texto. “Lo que sí sabemos es que pareció hundirse en una profunda depresión. A principios de julio, el doctor Greenson había comenzado a verla a diario y continuaría haciéndolo hasta su muerte”.

Quedaban pocos días para ello. El 3 de agosto, cuenta el autor, “fue a su restaurante favorito, La Scala, con un par de amigos y, según al menos una fuente, Bobby Kennedy, que estaba en California con su familia”. Esa noche, la actriz estaba agitada, nerviosa. “Bobby había sido una parte importante de su vida sentimental durante dos meses y medio, pero bien podía haber traído a [su esposa] Ethel y a su familia a California para ayudarse a salir del error. Marilyn había derivado en una visión poco realista de la situación, creyendo que Bobby estaba disponible para ella de algún modo. Ahora el clan Kennedy la empujaba para que volviera a su sitio. Si estaba sintiendo que la posibilidad de una relación realmente seria con Bobby se estaba esfumando, eso ayudaría a explicar su mal humor de ese viernes noche”.

Un documento de los archivos del Departamento de Justicia de EE UU recoge que Bobby Kennedy y su familia pasaron ese fin de semana de agosto en un rancho a unos 135 kilómetros al sur de San Francisco y que el lunes dio una conferencia en la ciudad. Es, según el autor del volumen, un documento “poco común”, ya que normalmente no se recogen sus entradas y salidas, menos aún en situaciones personales. “No dice nada acerca de la tragedia que tiene lugar en Los Ángeles ese fin de semana. Pero ese documento sirvió para dejar oficialmente claro que Kennedy estaba lejos cuando se corrió la voz sobre lo ocurrido”.

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