Una voluntaria cuida el memorial oficioso de Borís Nemtsov, en el puente de Moscú donde el líder opositor fue asesinado hace cinco años, en una imagen de 2019.

Ni la nieve ni el hostigamiento de las autoridades rusas habían conseguido hacer desaparecer el memorial oficioso al opositor Borís Nemtsov en Moscú. Pero la epidemia de coronavirus y la orden de confinamiento en la capital para tratar de prevenir su propagación han terminado con el pequeño altar de fotografías, flores y cartas al político liberal que un grupo de guardianes voluntarios llevaba custodiando desde hace cinco años. Nada más abandonar el puente, a unos pasos del Kremlin, donde el opositor fue asesinado a tiros, las autoridades moscovitas han retirado las ofrendas que los ángeles de Nemtsov velaban día y noche.

En el Puente Bolshoi Moskvoretsky no queda nada. Ni una fotografía, ni una de las muchas velas votivas rojas o flores que, apoyadas en el muro de piedra, recordaban al carismático opositor, asesinado en febrero de 2015. Antes de marcharse, cumpliendo el decreto que ordena el aislamiento en Moscú, sus guardianes recogieron la mayoría de las cosas y dejaron varias fotografías, velas, ramos y una pancarta–calendario en el que iban contado los días desde el asesinato. Ahora solo hay nieve.

Las brigadas de limpieza de Moscú han eliminado todo rastro del memorial que se fue improvisando tras la muerte de Nemtsov y que había sobrevivido a varios ataques de grupos pro-Kremlin. “Dejar el puente fue una decisión muy dura, llevábamos allí, turnándonos, cinco años, pero hay que quedarse en casa. La seguridad y salud no solo de los voluntarios sino de nuestros seres queridos y todos los ciudadanos está en riesgo por el coronavirus”, se lamenta Inna Shifáneva, de 65 años, que formó parte del movimiento Solidaridad, fundado por Nemtsov y que se unió al grupo de voluntarios custodios del memorial hace dos años. “Sobrevivimos a las obras del puente, a los fríos inviernos de Moscú… Pero esto es más fuerte que nosotros”, dice Shifáneva, que explica que se llevaron muchas de las cosas que la gente habiá ido enviando, pero que dejaron parte para que el memorial siguiera vivo en cierta forma. Ya no hay nada.

El carismático opositor tenía 55 años cuando fue asesinado. Le descerrajaron cuatro tiros por la espalda en el puente, cuando volvía de cenar con su pareja. La justicia condenó a un antiguo oficial checheno y a sus cuatro cómplices por el crimen, por el que se les prometió unos 220.000 euros, según los investigadores. Sin embargo, no se ha determinado quién ordenó el asesinato de Nemtsov, que preparaba un informe sobre la participación de Rusia en el conflicto del Este de Ucrania cuando fue tiroteado. Y la oposición, la familia y organizaciones como la OSCE denuncian que el Kremlin no está poniendo de su parte para resolver el caso. La familia de Nemtsov, apoyándose en evidencias del caso, señalan a oficiales de alto rango de la República de Chechenia, liderada por el excéntrico Ramzán Kadírov, aliado del presidente Vladímir Putin.

Los voluntarios de memorial oficioso reclaman a las autoridades rusas que se construya un monumento en honor al político liberal. Y que se renombre al puente como Borís Nemtsov. No han tenido ningún éxito. Mientras tanto, ciudades como Praga, Kiev o Washington han renombrado plazas en honor al opositor. En la ciudad checa, se ha elegido la plaza donde está ubicada la Embajada de Rusia.

La oposición rusa y la ciudadanía no olvida al carismático político. Hace unas semanas, en el aniversario de su muerte, miles de personas se manifestaron en Moscú y otras ciudades rusas en su memoria y para reclamar justicia. La multitudinaria marcha, en la que participaron todos los que de una forma u otra se oponen a Vladímir Putin –un conjunto desunido, diverso y fragmentado—y que se convirtió en una marcha contra la reforma de la Constitución que puede proporcionar al líder ruso la opción de perpetuarse en el poder hasta 2036. Fue una de las pocas movilizaciones autorizadas ante de que la pandemia que ha sacudido el mundo llevase a las autoridades a prohibir cualquier acto de más de 50 personas. Así que la oposición, también en esto, ha chocado con la Covid-19, que ha causado casi una treintena de muertos en Rusia y más de 2.700 casos detectados.

Inna Shifáneva tiene claro que en cuanto termine la crisis sanitaria volverán al puente. Y desplegarán las fotos, las velas y las flores: “Nuestro equipo de voluntarios ha vivido muchos momentos juntos, así que no nos disolveremos y no olvidaremos. En cuanto sintamos que ya no hay peligro, regresaremos”.

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