Desde que el presidente del Instituto Electoral del Estado de Puebla, IEE, hizo pública la decisión de negar a miles de poblanos agrupados en el Movimiento Antorchista Poblano (MAP) su legítimo derecho a constituirse en partido político local por órdenes del gobernador Miguel Barbosa, se desató una campaña de acusaciones y amenazas en contra de los ofendidos, protagonizada por el propio gobernador y por sus testaferros mediáticos, usando como arma principal la desnaturalización de los hechos mediante el sencillo recurso de forzar el lenguaje con que se refieren a ellos.
El lenguaje humano es el ropaje material con que envolvemos nuestros pensamientos para hacerlos accesibles a los demás. Dado que nuestro pensamiento no se ve, no se toca ni se escucha directamente, jamás podría ser conocido por nuestros semejantes si prescindiéramos de la palabra hablada. Pero para que el lenguaje cumpla con eficacia esta función, hacen falta que se homogenice su significado y que el emisor del mensaje se esfuerce siempre por encontrar la palabra correcta, exacta, que mejor se adapte al pensamiento que quiere transmitir. No hacerlo así, puede provocar lo contrario de lo que se propone.
La relativa independencia, la exterioridad de la palabra respecto al pensamiento, abre la puerta a la manipulación y perversión del lenguaje, tal como hacen los ideólogos y los apologistas de un sistema social agotado del que se benefician ellos y quienes pagan sus servicios. Maquillan y embellecen con palabras una realidad de suyo repulsiva, inhumana, que ya no resiste el bisturí de la verdad científica. Detrás de palabras tan nobles como libertad, democracia, derechos humanos, etc., se ocultan la masacre y el saqueo de los pueblos débiles para provecho de las potencias imperialistas de nuestro tiempo. Y en la vida cotidiana ocurre lo mismo: “sexoservicio” para esconder la terrible lacra de la prostitución; discapacitados o “con capacidades diferentes”, para consolar a quienes sufren alguna limitación física o mental, sin cambiar nada de su realidad; “invidentes”, para encubrir el desinterés por incorporarlos a la vida productiva. No discuto que para los afectados, resulte preferible el lenguaje comedido en vez de la rudeza verbal; lo que denuncio es la hipocresía social y gubernamental que enmascara con palabras su falta de acción.
Con los antorchistas ha venido ocurriendo lo mismo. En México y en el mundo entero, se sabe que la riqueza se concentra cada día más en cada vez menos manos, generando un mundo bipolar en que unos pocos acumulan fortunas inmensas mientras que la mayoría carece hasta de lo indispensable para un ser humano. Cada vez son más los expertos que aconsejan poner un remedio rápido y eficaz a esta situación, antes de que estalle una catástrofe mundial que nadie podrá ni sabrá cómo contener. Aseguran que el desastre actual es consecuencia, en buena medida, de haber suprimido de facto la libertad sindical y, más en general, el derecho de las masas a organizarse libre e independientemente del poder público, para luchar por un mejor reparto de la renta nacional; y proponen, en consecuencia, desatarles las manos y respetar escrupulosamente su derecho a luchar por una vida mejor, para restablecer con su acción el equilibrio social. El Movimiento Antorchista Nacional, desde hace 46 años, ha venido luchando precisamente por eso: por hacerse reconocer y respetar como una organización independiente de las masas trabajadoras empobrecidas, marginadas y privadas de sus derechos más elementales, para dotarlas con capacidad de gestión ante el gobierno y así resolver sus carencias más urgentes e indispensables. Hemos luchado y seguimos luchando hoy por mayor equidad social, por un mejor reparto de la renta nacional que nos dé a todos la posibilidad de vivir mejor, y al país, tranquilidad, paz y estabilidad.
Nadie nos ha hecho caso. Incapaces de entendernos (por falta de voluntad o de inteligencia), en lugar de respetarnos y alentarnos en nuestra tarea nos han combatido con una ferocidad y perseverancia dignas de mejor objetivo. Su arma privilegiada ha sido la distorsión y la manipulación del lenguaje para poder pintarnos justamente como no somos, con los colores más negros y con un perfil de peligrosos enemigos para la paz social. Gracias a este trabajo de manipulación de los hechos, Antorcha es hoy, para muchos mexicanos, un grupo de choque, el brazo armado del PRI, caballo de Troya priista para destruir a las “verdaderas organizaciones de izquierda”, etc.
Con Vicente Fox se inauguró una nueva forma de ataque verbal contra nosotros. Fue el primero en lanzar aquello de que “yo no negocio con organizaciones”, y también el primero en llamar “chantaje”, “presión ilegítima”, a las marchas y plantones de la gente organizada para hacerse escuchar. Fue un verdadero hallazgo que, desde entonces, los medios escritos, la televisión, los noticiarios radiofónicos y los funcionarios y gobernantes de todo pelaje, han empleado a discreción para desacreditar la lucha de las masas contra la marginación y la pobreza. Con el PRI de nuevo en el poder, se siguió haciendo lo mismo, y hoy, la 4ª T lo ha llevado a los límites del refinamiento. Pero el objetivo es el mismo: esconder su odio a la organización popular y a sus formas “plebeyas” de lucha por una vida mejor, empleando palabras que provocan rechazo y condena por parte del público. No se atreven a atacar de frente los derechos constitucionales de organización, petición y protesta pública, y lo hacen a trasmano.
El 19 de febrero, el gobernador de Puebla habló sobre el atropello del IEE contra los antorchistas poblanos y sobre una manifestación de 30 mil de sus afiliados a celebrarse tentativamente el 27 de febrero. Acerca de esto último dijo: “Que la hagan, ellos tienen libertad de tránsito, libertad de expresión… Todo está documentado. No crean ustedes que las amenazas de Aquiles Córdova o de alguien más me preocupan. No, no, no… Se equivocan; que revisen qué han hecho, cuántos taxis piratas tienen, cuántos corralones piratas hay, todo, todo… Cuántos terrenos ilegalmente ocupados tienen”. No se necesita ser Napoleón para desafiar a un ciudadano inerme como yo, cuando se tiene todo el poder del Estado en las manos. Añado que jamás lo he amenazado bajo ninguna forma, a menos que llame “amenaza” a la manifestación anunciada. Como dijo el clásico: “Fútil manifestación de poder que nadie doma: todos somos un gran león cuando el contrario es paloma”.
Pero lo que importa aclarar es que Antorcha no es dueña de ningún taxi pirata, de ningún corralón, de ninguna grúa ni de ningún terreno ilegal. Hay, sí, taxistas, grulleros y gente precarista sin vivienda que militan en Antorcha y cuyos bienes o medios de trabajo no se han podido regularizar, a pesar de sus esfuerzos, porque el gobierno les pone todo tipo de obstáculos. A los dueños de corralones y grúas les niegan el permiso porque los quiere expulsar para colocar en su lugar a gente adicta al gobierno; lo mismo ocurre con los taxistas irregulares. Todos los terrenos están lotificados y en manos de gente que los necesita y que los está pagando o en negociaciones con los dueños para acordar el precio. Las colonias irregulares en la ciudad de Puebla suman cientos, porque de ese modo elude el gobierno dotarlas con los servicios básicos; los taxis “piratas” suman miles, es decir, son miles de familias las que dependen de esa precaria fuente de ingresos. Si el gobierno procede contra ellos, el problema que desencadenará será mayúsculo. Antorcha se ha echado a cuestas la dura tarea de defender a esta gente de la arbitrariedad de los funcionarios, y es esto lo que Barbosa quiere convertir en delito para encarcelar a los dirigentes. La respuesta no se hará esperar, aunque diga el gobernador que lo amenazan.
Un ejemplo del trabajo de la jauría mediática al servicio del gobernador. El prestigioso diario El Sol de Puebla, publicó el día 21 de febrero un artículo titulado “Las minas y los cárteles”, escrito por un reportero de cuyo nombre es mejor no acordarse. En él habla de la industria minera en Puebla y afirma que la seguridad de las minas activas está a cargo de miembros de los cárteles de la droga y no de la fuerza pública. De pronto suelta lo siguiente: “En la Mixteca, sus minas tienen características especiales. Tecomatlán es dominado por Antorcha Campesina, quien se enfrenta en Puebla y en otros estados al CJNG (Cártel Jalisco Nueva Generación, aclaro yo), lo cual le abre espacios a “Los Rojos” de Guerrero, a quienes (sic) hizo mención esta semana el gobernador Luis Miguel Barbosa.” Pero, ni en Tecomatlán ni en ningún municipio próximo, existen minas en explotación. ¿De qué “características especiales” se habla entonces? ¿Y de dónde saca el articulista de marras que Antorcha Campesina está enfrentada al CJNG en Puebla y otros estados? ¿Qué espacios hemos abierto para “Los Rojos”? ¿Dónde están, dónde se ubican?
Al leer esto, uno se ve tentado a pensar que al periodista “ya se le va el avión”, como suele decirse. Pero no. Es claro que aquí hay un mensaje escondido. ¿Se trata de una amenaza de muerte para los líderes antorchistas? ¿Se prepara una masacre en Tecomatlán y se está remojando el terreno para echarle la culpa al CJNG? La perversidad de algunos políticos y de algunos periodistas a sueldo es mucho peor de lo que la opinión pública sana puede imaginar; pero nosotros, los antorchistas, ya no comulgamos con ruedas de molino que se pretenden hacer pasar por hostias. Que quede aquí constancia de que no hay, no ha habido jamás, ninguna relación de nuestro movimiento con algún cártel del narcotráfico. No tenemos ningún interés común con ellos y sus manejos no son un problema nuestro, sino del gobierno de la República. Cualquier asesinato o agresión armada que podamos sufrir será, entonces, necesariamente, consecuencia de nuestra actividad social y política, y sus autores, necesariamente también, serán quienes nos miran como un peligroso competidor por el poder político de la nación. Sus burdas maniobras en contra de nosotros no pasarán.

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